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Carmen Domingo

política

Cuando la Iglesia Católica dice de verdad lo que piensa se destapa

Llevamos días, semanas sería más exacto, escuchando, viendo y leyendo las reacciones que han tenido algunos musulmanes tras las dichosas viñetas danensas. Llevamos muchos días viéndolas, claro está, porque sigue conveniendo que veamos a los musulmanes como "bárbaros, agresivos y atrasados". Estas cosas convienen políticamente, y eso lo saben perfectamente nuestros dirigentes y por eso se dedican a insitir en el tema.

Otra cosa es, claro, que veamos lo energúmenos que somos en Occidente, salvo cuando no hay más remedio, y hay que sacar la filmación de los soldados británicos haciendo de las suyas con adolescentes iraquíes. Lo que Blair califica de hechos aislados en sus soldados -aislados, creo, porque sólo nos muestran imágenes de vez en cuando- se convierte en hechos generalizados si tenemos que hablar de quemas de banderas o similares en caso de los musulmanes -si miramos las imágenes con detemimento incluso en las manifestaciones hay poca gente, aunque cogidas de cerca siempre parece que el público es más del que en realidad es, simple truco de cámara-. Los medios de comunicación y los políticos deciden qué tenemos que ver, y con qué interpretación, eso no es nuevo.

Por eso mismo, por el sesgo de lo que interesa, contadas son las noticias que nos llegan de lo que la iglesia católica, la de verdad, la que dirige a millones de personas tras sus encíclicas y proclamas, piensa. De esa que mantiene sólo a los hombres en los puestos de poder, que prohibe las fórmulas de contraecpción en países del tercer mundo con un índice de VIH de casi el 40%, que traslada de país al obispo pederasta o que acusa a la mujer de provocar el maltrato. Hoy se ha colado una, interesará colarla, pero al menos ahora ya sabemos que el pasado domingo en la hoja parroquial Aleluya, que edita el Arzobispado de Valencia, por el catedrático de Teología jubilado Gonzalo Gironés se leía:"Nadie ha confesado qué hicieron las víctimas, que más de una vez provocan con su lengua". Las de malos tratos, claro, o sea qué es lo que hacen antes de que las apaleen o las maten. Sigamos leyendo.

Es un extracto del artículo sobre el maltrato a las mujeres, y a continuación este sacerdote valenciano abre un paréntesis explicativo en su texto, distribuido en las parroquias: "El varón, generalmente, no pierde los estribos por dominio, sino por debilidad: no aguanta más y reacciona descargando su fuerza, que aplasta a la provocadora". ¡Cómo no lo habíamos pensado antes! somos las mujeres las que provocamos que no peguen, claro, igual que llevar minifalda provoca la violación y así hasta ciento.

Para que no me diga nadie que corto y pego a mi antojo el texto, y como no es demasiado largo, ahí va, para que lo veamos clarito, el razonamiento del arzobispo Agustín García-Gasco:

"Se quejaba una mujer en un periódico de la agresión que sufre la mitad de los humanos, o sea las mujeres, por parte de la otra mitad. Prueba de ello son las 63 mujeres muertas a manos de sus parejas en España en el año 2005. Sin negar que ello sea verdad, conviene hacer dos precisiones. Primera: nadie ha confesado qué hicieron las víctimas, que más de una vez provocan con su lengua. (El varón, generalmente, no pierde los estribos por dominio, sino por debilidad: no aguanta más y reacciona descargando su fuerza que aplasta a la provocadora). Queda además una 2ª observación: ¿No han tenido en cuenta que hubo en España, durante el mismo periodo, 85.000 abortos reconocidos? Por cada mujer muerta a manos de un hombre hubo 1.350 niños asesinados por voluntad de sus madres. Es peor".

Eso, abortamos, luego somos asesinas; nos asesinan, luego somos provocadoras. ¡2006!

Vencedores y vencidos

Mira tú qué bien. Hoy estaba yo dispuesta a escribir una sesión fotográfica a la que asistí ayer con la top model Erin Wasson -guapísima- y que se prolonga un par de días más -deprisa y corriendo, eso sí, porque me voy al rodaje- y voy a tener que aplazar a dentro de unos días las anécdotas del rodaje, porque me parece a mí que el defensor del pueblo Enrique Mújica, en su línea, ha decidido hacer público que sólo es defensor de unos cuantos españoles. Mira tú qué bien.

Mújica, que ni es ni será santo de mi devoción, hizo ayer -leo en El Mundo- unas declaraciones en las que dice "Exigimos la rendición incondicional de ETA, con vencedores y vencidos". Eso, ahora que parece que las negociaciones avanzan como debieran, vamos a ponernos estupendos y a ver si conseguimos enfadar al que queremos y exijamos a los "vencidos", que eso viste mucho. Paciencia. Confío que los negociadores sean más inteligentes que él y que no hagan mucho caso a estas declaraciones. Claro qué, ¿cómo van a creerse los familiares que piden la reagrupación de los presos que el defenso del pueblo lo es de todo el mundo si leen este tipo de declaraciones? Se me escapa, la verdad.

A lo mejor, no sé, al haber sufrido en su familia el señor Mújica el asesinato de su hermano a manos de la banda armada no es el más indicado para mirar con objetividad toda la negociación y deberían haber recurrido a otra persona. No sé. Yo soy de las que piensa que la simplicaciones emocionales en este terreno no son muy recomendables, lo he dicho mil veces, y que conviene busca interlocutores, siempre, que no estén implicados. Siempre es todo más sencillo y se evitan las visceralidades. Sino me creéis, mirad otro de los comentarios: "el único diálogo que cabe con la banda es de la escoba con la basura. Si estamos en la fase de su final, acabemos con ellos aplicando intrumentos tan importantes como la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista". Lo dicho, a lo mejor el señor Mújica debería opinar esto con la familia y los amigos pero no ahcerlo público como defensor del pueblo. A mí me molesta tener un defensor rencoroso. Os lo digo de antemano.

Y claro, de dialogar, que es la única solución, ni hablar: "Si tú te planteas el diálogo, van a ir más lejos. En la mentalidad totalitaria la palabra diálogo es una cesión y, sobre ello, establecen pasos más allá". Bueno, no sigo, porque como no haya diálogo estamos perdidos.

Un artículo de CHomsky en www.rebelion.org

 "El terrorista en el espejo", Noam Chomsky

Terror” es un término que provoca con razón emociones fuertes y preocupación profunda. La preocupación primordial debería llevar, naturalmente, a adoptar medidas que mitigaran la amenaza, que ha sido grave ya en el pasado y que lo va a ser incluso aún más en el futuro. Para proceder seriamente, hemos de establecer algunas directrices. Aquí van algunas, muy sencillas:

  1. Los hechos importan, aunque no nos gusten.

  2. Los principios morales elementales importan, incluso si tienen consecuencias que preferiríamos no enfrentar.

  3. Que haya una relativa claridad importa. No tendría sentido buscar una definición absolutamente precisa de “terror”, o de cualquier otro concepto, fuera de las ciencias experimentales y de las matemáticas y, a menudo, incluso ahí. Pero deberíamos buscar claridad suficiente para al menos distinguir la noción terror de otras dos nociones que bordean preocupantemente sus límites: agresión y legítima resistencia.

Si aceptamos estas directrices, hay caminos muy constructivos para abordar los problemas del terrorismo, que son muy graves. Se afirma habitualmente que algunas de las políticas actuales no ofrecen soluciones. Revisen los archivos y creo que encontrarán que hay una alternativa exacta ante esa acusación: “Presentan soluciones, pero no me gustan”.

Supongan, pues, que aceptamos esas sencillas directrices. Volvamos a la “Guerra contra el Terror”. Una vez que los hechos importan, importa el hecho de que George W. Bush no declaró la Guerra el 11-S, sino que fue la administración Reagan, hace veinte años, quien lo hizo.

Llegaron al poder afirmando que su política exterior enfrentaría lo que el Presidente denominó como “diabólico azote del terrorismo”, una plaga extendía por “depravados adversarios de la misma civilización” en un “retorno a la barbarie en la edad moderna” (Secretario de Estado George Shultz). La campaña se conformó adoptando la forma particularmente virulenta de plaga: el terrorismo internacional dirigido desde el estado. El foco principal fue América Central y Oriente Próximo, pero alcanzó el sur de Africa, el Sureste Asiático y donde uno ose mirar.

Un segundo hecho es que la guerra se declaró y se llevó a cabo más o menos por la misma gente que estaba dirigiendo la guerra, otra vez declarada, contra el terrorismo. El componente civil de esa Guerra contra el Terror tiene al frente a John Negroponte, designado el pasado año para supervisar todas las operaciones de contraterrorismo. Como Embajador que fue en Honduras, estuvo a cargo de la mayor operación de la primera Guerra contra el Terror, la guerra de la contra hacia Nicaragua, promovida y lanzada sobre todo desde bases estadounidenses en Honduras. Volveremos a examinar sus tareas. El componente militar de la Guerra de nuevo declarada estaba dirigido por Donald Rumsfeld. Durante la primera fase de la Guerra contra el Terror, Rumsfeld fue el enviado especial de Reagan en Oriente Próximo. Allí, su principal cometido fue establecer estrechas relaciones con Sadam Husein para que EEUU pudiera proporcionarle ayuda a gran escala, incluidos medios para desarrollar armas de destrucción masiva, prosiguiendo mucho después con las bestiales atrocidades contra los kurdos y el fin de la guerra con Irán. El objetivo oficial, en absoluto disimulado, era la responsabilidad que Washington asumió para ayudar a los exportadores estadounidenses y el “notablemente unánime punto de vista” de Washington y sus aliados británicos y arabo-saudíes de que “cualquiera que fueran los pecados del dirigente iraquí, ofreció a Occidente y a la región una mejor esperanza para la estabilidad de su país que la que podían ofrecer aquellos que sufrieron su represión” – afirmó Alan Cowell, el corresponsal en Oriente Próximo del New York Times, describiendo el criterio de Washington acerca de que George Bush I autorizó a Sadam para aplastar, en 1991, la rebelión chií que probablemente habría derrocado al tirano.

Sadam está siendo finalmente procesado por sus delitos. El primer proceso, ahora en curso, es por los delitos cometidos en 1982. 1982 fue un año importante en las relaciones entre EEUU e Iraq. Fue ese mismo año cuando Reagan sacó a Iraq de la lista de estados que apoyaban el terrorismo a fin de que la ayuda pudiera fluir hasta su amigo en Bagdad. Rumsfeld visitó entonces la capital para confirmar los acuerdos. Si juzgamos por los informes y comentarios, aunque se considere de mala educación mencionar cualquiera de estos hechos, permítanme sugerir que algunos otros personajes más deberían estar sentados junto a Sadam en el banquillo de la justicia. Al sacar a Sadam de la lista de estados que apoyaban al terrorismo, se produjo un vacío. Ese vacío se llenó de forma inmediata con Cuba, quizá en reconocimiento del hecho de que las guerras terroristas de EEUU contra Cuba desde 1961 habían llegado a su cenit, incluidos algunos sucesos que deberían aparecer justo ahora en primera página en algunas sociedades que valoraban su libertad, a lo cual volveré en breve. De nuevo, todo eso nos está diciendo algo sobre las actitudes reales de las elites frente a la plaga de la edad moderna.

Una vez que se prosiguió la primera Guerra contra el Terror por aquellos que ahora han declarado de nuevo la guerra, o sus inmediatos mentores, lo lógico es que cualquiera que se interese seriamente por la actual Guerra contra el Terror preguntara de una vez cómo se desarrolló la de los años ochenta. Sin embargo, la cuestión está virtualmente prohibida. Lo cual se puede entender tan pronto como investiguemos los hechos: la primera Guerra contra el Terror se convirtió rápidamente en una guerra terrorista brutal y asesina por todos los rincones del mundo adonde llegó, dejando sociedades tan traumatizadas que quizá no se puedan recuperar nunca. Huelga decir que lo que sucedió no es que sea oscuro sino que es inaceptable doctrinalmente, por tanto se trata de evitar que pueda ser examinado. Desenterrar los archivos es un ejercicio esclarecedor, con enormes implicaciones de cara al futuro.

Esos son varios de los hechos fundamentales y son los que sin duda importan. Volvamos a la segunda de las directrices: los principios morales básicos. El más básico de todos es una obviedad auténtica: las personas decentes se aplican a ellas mismas las mismas normas que aplicarían a los demás, o más estrictas aún. La adhesión a este principio de universalidad tendría muchas consecuencias útiles. Para empezar, se salvarían muchos árboles. Si se cumpliera ese principio, se reduciría radicalmente la información publicada y los comentarios acerca de asuntos políticos y sociales. Eliminaría virtualmente la disciplina puesta de moda hace poco sobre la teoría de la Guerra Justa. Y haría casi borrón y cuenta nueva con respecto a la Guerra contra el Terror. La razón es la misma en todos los casos: se rechaza el principio de universalidad, en la mayor parte de los casos de forma tácita, aunque en otros explícitamente. Esas son afirmaciones demoledoras. Las he expuesto crudamente a propósito para invitarles a desafiarlas y espero que lo hagan. Creo que encontrarán que aunque las afirmaciones están un tanto en números rojos, sin embargo están incómodamente cercanas a la certeza y, de hecho, profusamente documentadas. Prueben suerte Vds. mismos y verán.

En algunas ocasiones, al menos de palabra, se defiende la más elemental de las perogrulladas morales. El Tribunal de Nuremberg es un ejemplo de importancia crucial para los tiempos actuales. Al sentenciar a muerte a los criminales de guerra nazis, el juez Robert Jackson, el Jefe de los Fiscales de EEUU, habló de forma elocuente y memorable acerca del principio de universalidad. “Si consideramos como delitos determinados actos que violan los tratados”, dijo, “son delitos ya sea EEUU o Alemania quien los cometa, y no podemos establecer una norma de conducta criminal contra otros que no estemos dispuestos a invocar contra nosotros… No debemos olvidar que los antecedentes sobre los que juzgamos a estos acusados son los antecedentes sobre los que la historia nos juzgará a nosotros mañana. Presentar ante estos acusados un cáliz envenenado supone ponerlo también en nuestros propios labios”.

Esta es una clara y honorable afirmación del principio de universalidad. Pero el mismo juicio de Nuremberg violó de forma decisiva este principio. El Tribunal tenía que definir “crimen de guerra” y “crímenes contra la humanidad”. Se manipularon cuidadosamente estas definiciones para que los delitos fueran considerados criminales sólo si no eran los aliados los que los cometían. Se excluyó el bombardeo de urbes con concentraciones de civiles, porque los aliados habían llevado a cabo bombardeos de forma aún más bárbara que los nazis. Y los criminales de guerra nazis, como el Almirante Doenitz, pudieron alegar con éxito que sus homólogos británicos y estadounidenses habían desarrollado las mismas acciones. El razonamiento fue perfilado por Telford Taylor, un distinguido abogado internacionalista que fue el jefe de los fiscales de Jackson para Crímenes de Guerra. Explicó que “castigar al enemigo –especialmente al enemigo derrotado- por conductas en las cuales la nación que las impone se ha visto involucrada, sería tan extremadamente injusto que desacreditaría las mismas leyes”. Eso es correcto, pero la misma definición operativa de “crimen” también desacredita a las propias leyes. Tribunales posteriores se han visto desacreditados por el mismo defecto legal, pero la auto-exoneración de los poderosos del derecho internacional y de los principios morales elementales va más allá del ejemplo anterior y alcanza justo a todos los aspectos de las dos fases de la Guerra contra el Terror.

Volvamos al tercer tema de fondo: definir qué es “terror” y diferenciarlo de agresión y resistencia legítima. He estado escribiendo sobre el terror durante 25 años, incluso desde que la administración Reagan declaró su Guerra contra el Terror. He estado utilizando definiciones que parecen ser adecuadas por partida doble: en primer lugar, tienen sentido; y en segundo, son las definiciones oficiales de esas formas de hacer la guerra. Tomando una de esas definiciones oficiales, terrorismo es “el uso calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para conseguir objetivos que son de naturaleza política, religiosa o ideológica… mediante la intimidación, la coacción o inculcando temor”, típicamente sobre objetivos civiles. La definición del gobierno británico es parecida: “Terrorismo es el uso, o amenaza, o acción, de violencia, que causa daños o perturba, y que se planea para influir en gobiernos o intimidar a pueblos con el propósito de hacer progresar una causa política, religiosa o ideológica”. Estas definiciones parecen ser bastante claras y en su uso normal resultan cercanas. También parece que hay acuerdo general en que son adecuadas cuando se trata del terrorismo de los enemigos.

Pero, inmediatamente, aflora un problema. Estas definiciones producen una consecuencia completamente inaceptable [para algunos]: llevan a deducir que EEUU es un estado terrorista importante, y lo fue de modo espectacular durante la guerra Reaganita contra el terror. Cojamos, simplemente, el caso más claro: la guerra de terrorismo de estado dirigida por Reagan contra Nicaragua fue condenada por el Tribunal Internacional, con apoyo de dos resoluciones del Consejo de Seguridad (vetadas por EEUU, con el Reino Unido absteniéndose educadamente). Otro caso completamente claro es el de Cuba, donde los antecedentes son hasta ahora voluminosos, sin que quepa polémica alguna. Y hay una larga lista que supera con creces ambas situaciones.

Sin embargo, podemos preguntarnos si esos crímenes, como el del ataque de estado contra Nicaragua, son realmente terrorismo o si elevan el listón hasta el crimen mucho más grave de agresión. El concepto de agresión fue definido con mucha claridad por el Juez Jackson en Nurenberg en términos que fueron reiterados básicamente en una autorizada resolución de la Asamblea General. Un “agresor”, propuso Jackson al Tribunal, es un estado que es el primero en cometer acciones tales como “invasión de sus fuerzas armadas, con o sin declaración previa de guerra, del territorio de otro Estado”, o “Prestación de apoyo a bandas armadas formadas en el territorio de otro Estado; o denegación de apoyo, a pesar de la solicitud del Estado invadido; o negarse a adoptar en su propio territorio todas las medidas que estén en su mano para privar a esas bandas de cualquier ayuda o protección”. La primera provisión se aplica sin ambigüedades a la invasión anglo-estadounidense de Iraq. La segunda, de forma clara, se aplicaría a la guerra de EEUU contra Nicaragua. Sin embargo, podríamos conceder el beneficio de la duda a los actuales detentadores del poder en Washington y a sus mentores, considerándoles sólo culpables del crimen menor de terrorismo internacional, pero a escala inmensa y sin precedentes.

Puede recordarse también que en Nuremberg se definió la agresión como “el supremo crimen internacional, diferenciándose de otros crímenes de guerra sólo en que contiene en sí mismo el mal absoluto acumulado – por ejemplo, todo el espanto y daño que ha inundado la torturada tierra de Iraq a partir de la invasión anglo-estadounidense; y también en Nicaragua, si la acusación no se reduce al terrorismo internacional. Y asimismo en Líbano y, hasta llegar a la actualidad, tantas y tantas otras víctimas que son olvidadas con total facilidad con la excusa de que se trató de una acción equivocada. El 13 de enero pasado, un avión de combate controlado a distancia atacó un pueblo en Pakistán, asesinando a docenas de civiles, familias enteras que tan sólo vivían cerca de una sospechada guarida de Al Qaida. Esas acciones rutinarias atraen poca atención, un legado del envenenamiento cultural moral llevado a cabo durante siglos de bestialidad imperial.

El Tribunal Internacional no asumió la acusación de agresión en el caso de Nicaragua. Las razones son instructivas y de enorme relevancia contemporánea. El caso de Nicaragua fue presentado por el profesor de Derecho de la distinguida Universidad de Harvard Abram Chayes, anterior consejero legal en el Departamento de Estado. El Tribunal rechazó gran parte de su caso sobre la base de que al aceptar la jurisdicción creada por el Tribunal Internacional de 1946, EEUU había introducido una reserva por la que quedaban excluidos de procesamiento en virtud de tratados multilaterales, incluida la Carta de NNUU. El Tribunal, por tanto, tuvo que restringir sus deliberaciones al derecho internacional consuetudinario y a un tratado bilateral Nicaragua-EEUU, a fin de que las acusaciones más graves quedaran excluidas. Incluso con una esfera tan reducida de actuación, el Tribunal acusó a Washington de “uso ilícito de fuerza” –hablando en román paladino, de terrorismo internacional- y ordenó poner fin a los crímenes y el pago de importantes compensaciones. Los Reaganitas reaccionaron mediante una escalada de la guerra, aprobando también ataques de sus fuerzas terroristas contra “objetivos fáciles”, blancos constituidos por civiles indefensos. La guerra terrorista dejó el país arruinado, con un número de muertes de 2,25 millones, más del total de la suma de todas las víctimas de guerra de la historia de EEUU. Una vez que el destrozado país cayó de nuevo bajo control estadounidense, la situación de miseria se deterioró aún más. Ahora es el segundo país más pobre de Latinoamérica después de Haití – y de forma accidental, también el segundo después de Haití en la intensidad de la intervención estadounidense durante el pasado siglo. La forma habitual de lamentar estas tragedias es decir que Haití y Nicaragua aparecen “arrasadas por tormentas que ellas mismas han creado”. Citando al Boston Globe, en el extremo liberal del periodismo estadounidense. Guatemala figura en el tercer lugar tanto por la miseria como por las intervenciones, más tormentas fabricadas asimismo por su culpa…

Para el canon occidental, nada de esto existe. Todo está excluido no sólo de los comentarios e historia en general, sino también, elocuentemente, de la inmensa literatura sobre la Guerra contra el Terror declarada de nuevo en 2001, aunque apenas pueda ser puesta en duda su importancia.

Estas consideraciones están relacionadas con la frontera entre terror y agresión. ¿Qué ocurre con la frontera entre terror y resistencia? Una de las cuestiones que se plantean es la legitimidad de las acciones para conseguir “el derecho a la autodeterminación, libertad e independencia derivadas de la Carta de las Naciones Unidas de los pueblos privados a la fuerza de ese derecho…, particularmente de los pueblos bajo regímenes coloniales y racistas y ocupación extranjera…” ¿Caen esas acciones bajo el concepto de terror o de resistencia? Las palabras citadas provienen de la denuncia más enérgica del crimen de terrorismo efectuada en la Asamblea General de UN, en diciembre de 1987, asumida bajo presiones Reaganitas. Por eso es, obviamente, una resolución importante, incluso más aún por la casi unanimidad del apoyo prestado. La resolución fue aprobada, por 153 votos afirmativos frente a 2 negativos (sólo Honduras se abstuvo). Afirmaba que “nada en la presente resolución podrá perjudicar en forma alguna el derecho a la autodeterminación, libertad e independencia”, como se señalaba en las palabras citadas. Los dos países que votaron en contra de la resolución explicaron sus razones en la sesión de Naciones Unidas. Se basaban precisamente en el párrafo citado. Entendían que la frase “regímenes racistas y coloniales” se refería a su aliado, el apartheid sudafricano, que entonces consumaba sus masacres por los países vecinos y continuaban con la brutal represión dentro del suyo. Evidentemente, EEUU e Israel no podían aceptar la resistencia ante el régimen del apartheid, especialmente cuando estaba dirigido por el ANC de Nelson Mandela, uno de los “grupos más notoriamente terroristas” del mundo, como Washington lo definió en aquella época. Admitir legitimidad a la resistencia contra “la ocupación extranjera” era también inaceptable. Se entendía que la frase se refería a la ocupación militar israelí apoyada por EEUU, que entonces cumplía veinte años. Evidentemente, la resistencia a esa ocupación no podía ser nunca consentida, aunque en la época de la resolución apenas existiera: a pesar de las extendidas torturas, la degradación, la brutalidad, el robo de la tierra y los recursos y otras concomitancias familiares para la ocupación militar, los palestinos bajo ocupación seguían siendo todavía “Samidin”: aquellos que resisten silenciosamente.

No hay vetos a nivel técnico en la Asamblea General. En el mundo real, un voto negativo de EEUU es un veto, de hecho es un doble veto: la resolución no se cumple, por lo que resulta vetada como denuncia y como antecedente histórico. Debería añadirse que esa pauta de votación es muy común en una amplia gama de cuestiones tanto en la Asamblea General como en el Consejo de Seguridad. Incluso desde mediados de la década de la década de los sesenta, cuando el mundo se escapó de control, EEUU se mantuvo, con diferencia, a la cabeza de los países que utilizaban los vetos en el Consejo de Seguridad, Gran Bretaña fue el segundo, sin ningún otro país que se les aproximara. Tiene también algún interés señalar que una mayoría del pueblo estadounidense es partidaria de abandonar del derecho al veto y de seguir la voluntad de la mayoría incluso si Washington lo desaprueba, hechos virtualmente desconocidos en EEUU, y supongo que también en otros lugares. Eso sugiere otra forma conservadora de abordar algunos de los problemas mundiales: prestar atención a la opinión pública.

Hasta el momento actual, el terrorismo dirigido o apoyado por los estados más poderosos no ha parado, eligiendo con frecuencia medios escandalosos. Estos hechos ofrecen una útil sugerencia acerca de cómo mitigar la plaga propagada por “los depravados adversarios de la civilización misma” en “una vuelta a la barbarie en tiempos modernos”: Acabar con la participación y con el apoyo al terrorismo. Eso contribuiría ciertamente a las objeciones proclamadas. Pero esa sugerencia también está fuera de agenda por las razones de siempre. Cuando se la invoca en alguna ocasión, la reacción que se produce nos lleva a reflexionar: una pataleta alegando que quienes hacen esta propuesta, que realmente es más bien conservadora, culpan de todo a EEUU.

Incluso saneando cuidadosamente la discusión, los dilemas surgen constantemente. Muy recientemente afloró uno cuando Luis Posada Carriles entró de forma ilegal en EEUU. Aunque le apliquemos la definición operativa restringida de “terror”, es de forma clara uno de los más tristemente célebres terroristas internacionales desde los años de la década de los sesenta hasta la actualidad. Venezuela pidió que fuera extraditado para que se enfrentara a la acusación de haber hecho estallar una bomba en un avión de CUBANA en Venezuela en el que murieron 73 personas. Tras escapar increíblemente Posada de una prisión venezolana, el liberal Boston Globe informó, “Había sido contratado por operativos secretos estadounidenses para dirigir la operación de reabastecimiento desde El Salvador para la contra nicaragüense” – es decir, que había jugado un papel destacado en atrocidades terroristas que son incomparablemente peores que hacer estallar el avión de CUBANA. De ahí el dilema. Citando a la prensa: “Si fuese extraditado y se le sometiera a juicio, se estaría enviando una señal preocupante a los agentes secretos extranjeros de que no pueden contar con la protección incondicional del gobierno estadounidense, y se expondría a la CIA a revelaciones públicas vergonzosas sobre anteriores actuaciones”. Evidentemente, es un problema con difícil solución.

Afortunadamente, el dilema de Posada fue resuelto por los tribunales, que rechazaron la solicitud de extradición, violando así el tratado de extradición firmado entre EEUU y Venezuela. Un día después, el director del FBI, Robert Mueller, urgió a Europa a acelerar las demandas estadounidenses de extradición que habían solicitado: “Siempre intentamos ver cómo podemos agilizar los procesos de extradición”, dijo. “Pensamos que se lo debemos a las víctimas del terrorismo, para que vean que la justicia se cumple de forma eficiente y efectiva”. Poco después, en la Cumbre Ibero-Americana, los dirigentes de España y los países latinoamericanos “apoyaron los esfuerzos de Venezuela para que EEUU extraditara [a Posadas] para someterlo a juicio” por el caso del avión de CUBANA, y condenaron de nuevo el “bloqueo” estadounidense de Cuba, endosando las casi unánimes resoluciones regulares de Naciones Unidas, la más reciente votada por 179 votos a favor y 4 en contra (EEUU, Israel, las Islas Marshall, Palau). Tras fuertes protestas de la Embajada de EEUU, la Cumbre retiró la petición de extradición pero se negó a ceder en la demanda de que aquel país ponga fin a la guerra económica [contra Cuba]. Posada es libre por tanto de reunirse en Miami con su colega Orlando Bosch. Éste está implicado en docenas de crímenes terroristas, incluida la voladura del avión de CUBANA, muchos de ellos en suelo estadounidense. El FBI y el Departamento de Justicia querían deportarle por amenaza a la seguridad nacional, pero Bush puso mucho empeño en garantizarle un perdón presidencial.

Hay muchos ejemplos de ese tipo. Deberíamos tenerlos presentes cuando leemos el pronunciamiento apasionado de Bush II de que “EEUU no distingue entre quienes cometen actos de terror y quienes los apoyan, porque son igualmente culpables de asesinato”, y “el mundo civilizado debe llamar a capítulo a esos países”. Esto fue lo que se proclamó con grandes aplausos en el National Endowment for Democracy unos cuantos días después de que se rechazara la petición de extradición de Venezuela. Los comentarios de Bush plantean otro dilema. Ya que EEUU es parte del mundo civilizado, debería enviar a la fuerza aérea a bombardear Washington; o declararse a si mismo fuera del mundo civilizado. La lógica es impecable, pero afortunadamente, la lógica ha sido despachada hacia el fondo del agujero de la memoria, al igual que las perogrulladas morales.

La doctrina de Bush de que “quienes albergan a terroristas son tan culpables como los mismos terrorismos” fue promulgada cuando los talibanes pidieron evidencias antes de entregar a las personas sospechosas, según EEUU, de terrorismo – no había evidencias creíbles, como el FBI concedió muchos meses después. Esa doctrina es tomada muy en serio. Graham Allison, especialista en relaciones internacionales de Harvard, escribe que “se ha convertido de hecho en una norma de relaciones internacionales”, revocando “la soberanía de los estados que proporcionan santuario a los terroristas”. Pero sólo en el caso de algunos estados, gracias al rechazo del principio de universalidad.

Uno podría haber pensado que también se podría haber planteado un dilema cuando John Negroponte fue nombrado para el puesto de jefe del contraterrorismo. Como Embajador en Honduras durante los años ochenta, estuvo al frente de la mayor estación de la CIA del mundo, no porque Honduras desempeñara un gran papel de Honduras en los asuntos mundiales, sino porque Honduras era la base principal de EEUU en la guerra terrorista internacional por la que Washington fue condenado por el Tribunal Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad (por ausencia de veto). Conocido en Honduras como “el Procónsul”, Negroponte tenía la misión de asegurar que las operaciones terroristas internacionales, que alcanzaron niveles notables de brutalidad, funcionaran eficientemente. Sus responsabilidades en el control de la guerra sobre el escenario sufrieron un vuelco al prohibirse la financiación oficial en 1983, y tuvo que cumplir las órdenes de la Casa Blanca de sobornar y presionar a los antiguos generales hondureños para que aumentaran sus apoyos a la guerra terrorista utilizando fondos procedentes de otras fuentes, más tarde llegaron fondos transferidos ilegalmente de la venta de armas de EEUU a Irán. El más vicioso de los asesinos y torturadores hondureños fue el General Alvarez Martínez, jefe de las fuerzas armadas hondureñas en aquella época, quien había informado a EEUU de que “tenía la intención de utilizar el método argentino para eliminar a los sospechosos de subversión”. Negroponte negó siempre los espantosos crímenes de estado cometidos en Honduras asegurando que la ayuda militar continuaría fluyendo para el terrorismo internacional. Conociendo todos los hechos de Alvarez, la administración Reagan le concedió la medalla del Mérito de la Legión por “apoyar el éxito de los procesos democráticos en Honduras”. La unidad de elite responsable de los peores crímenes en Honduras era el Batallón 3-16, organizado y preparado por Washington y sus asociados neo-nazis argentinos. Los oficiales militares hondureños a cargo del Batallón figuraban en la nómina de la CIA. Cuando el gobierno de Honduras trató finalmente de abordar esos crímenes y llevar a los responsables de los mismos a la justicia, la administración Reagan-Bush rechazó permitir que Negroponte testificara, como requirieron los tribunales.

No hubo virtualmente reacción alguna ante el nombramiento de un importante terrorista internacional para el puesto más importante del contraterrorismo mundial. Ni tampoco frente al hecho de que, justo al mismo tiempo, a la heroína de la lucha popular que derrocó el atroz régimen de Somoza en Nicaragua, Dora María Téllez, se le negara un visado por terrorista para ir a enseñar en el Harvard Divinity School. Su crimen era haber ayudado a derrocar a un tirano y asesino de masas apoyado por EEUU. Orwell no habría sabido si llorar o reír. Hasta el momento, me he estado ajustando a la clase de tópicos que podrían abordarse en una discusión sobre la Guerra contra el Terror que no ha sido deformada por las leyes de hierro de la doctrina. Y eso apenas llega a arañar la superficie. Pero permítanme ahora asumir la hipocresía y cinismo reinantes en Occidente y mantener la definición operativa de “terror”. Es idéntica a las definiciones oficiales, pero con la misma excepción de Nuremberg: el terror inadmisible es tu terror; el nuestro está exento.

Sin duda, incluso con esta limitación, el terror es un problema importante. Y mitigar o acabar con esa amenaza debería ser una prioridad absoluta. Lamentablemente, no lo es. Todo eso es demasiado fácil de demostrar y, probablemente, las consecuencias van a ser muy graves.

La invasión de Iraq es quizás el ejemplo más aplastante de la escasa prioridad concedida por los dirigentes anglo-estadounidenses a la amenaza del terror. Los planificadores de Washington habían advertido, incluso a través de sus propias agencias de inteligencia, que era probable que la invasión aumentara el riesgo del terrorismo. Y así fue, como sus propias agencias de inteligencia lo confirman. El Consejo Nacional de Inteligencia informó hace un año que “Iraq y otros posibles conflictos en el futuro podrían proporcionar reclutamiento, campos de entrenamiento, habilidades técnicas y capacidad para una nueva clase de terroristas que se han ‘profesionalizado’ y para quienes la violencia política se convierte en un fin en sí misma”, extendiéndose por todas partes para defender las tierras musulmanas de los ataques de “invasores infieles” mediante una red globalizada de “difusos grupos islámicos extremistas”, con Iraq reemplazando ahora los campos de entrenamiento afganos para esa red más extensa; todo como resultado de la invasión. Un examen gubernamental de alto nivel de la “guerra contra el terror” dos años después de la invasión ‘se centró en cómo afrontar el aumento de una nueva generación de terroristas entrenados en Iraq en los dos últimos años. Altos funcionarios gubernamentales están concentrando su atención cada vez más para poder anticipar lo que uno llamó “el desangramiento” de cientos o miles de yihadistas entrenados en Iraq regresando a sus países de origen a través de Oriente Próximo y Europa Occidental. “Es un elemento nuevo de una ecuación nueva”, dijo un antiguo funcionario de la administración Bush. “Si no sabes quiénes están en Iraq, ¿cómo vas a localizarles en Estambul o en Londres? (Washington Post).

El pasado mayo, la CIA informó que “Iraq se ha convertido en un imán para los militantes islámicos de forma parecida a como lo fue el Afganistán ocupado por los soviéticos de hace dos décadas y Bosnia en la década de 1990”, según afirmaron los funcionarios estadounidenses en el New York Times. La CIA concluyó que “Iraq puede probar ser un campo de entrenamiento de extremistas islámicos más efectivo aún de lo que fue Afganistán en los primeros tiempos de Al Qaeda, porque está sirviendo como auténtico laboratorio mundial para el combate urbano”. Poco después de las bombas de Londres en julio pasado, Chatham House publicó un estudio que concluía diciendo que “no hay duda de que la invasión de Iraq ha ‘servido para impulsar la red de Al Qaida en cuanto a propaganda, reclutamiento y aumento de financiación’, mientras que ha proporcionado un área ideal de entrenamiento a los terroristas”; y que “el Reino Unido estará sometido a riesgos especiales por ser el aliado más cercano de EEUU” y va “a horcajadas” de la política estadounidense en Iraq y Afganistán. Hay extensas evidencias que muestran que –como ya se vaticinó- la invasión ha aumentado el riesgo de terrorismo y proliferación nuclear. Desde luego, ninguna de esas evidencias muestra que los planificadores prefirieran estas consecuencias, pero sí deja ver que no les preocupaban gran cosa en comparación con prioridades más importantes y poco claras, sólo a aquellos que prefieren lo que los investigadores en derechos humanos denominan en algunas ocasiones “ignorancia deliberada”.

Una vez más encontramos, y muy fácil fácilmente, una vía para reducir la amenaza del terrorismo: no actuar de forma que –previsiblemente- se aumente la amenaza. Aunque se previno un aumento del terror y de la proliferación, la invasión lo consiguió incluso por vías imprevisibles. Se dice a menudo que no se encontraron armas de proliferación masiva en Iraq tras una búsqueda exhaustiva. Sin embargo, eso no es muy exacto. Había depósitos de esas armas en Iraq: fundamentalmente las producidas en la década de los ochenta gracias a la ayuda proporcionada por EEUU e Inglaterra, entre otros. Esos lugares habían sido revisados por los inspectores de Naciones Unidas, quienes desmantelaron el armamento. Pero los inspectores fueron despedidos por los invasores y los lugares quedaron sin vigilancia. No obstante, los inspectores continuaron desarrollando su trabajo con imágenes vía satélite. Descubrieron un sofisticado saqueo masivo de estas instalaciones en unos 100 lugares, incluido el equipamiento para producir misiles a propulsión sólidos y líquidos, bio-toxinas y otras sustancias utilizables para elaborar armas químicas y biológicas, un equipo de alta precisión capaz de construir elementos para elaborar armas químicas y nucleares y misiles. Un periodista jordano fue informado por funcionarios encargados de vigilar la frontera jordano-iraquí que una vez que las fuerzas anglo-estadounidenses se hicieron con el país, se detectaron materiales radioactivos en uno de cada ocho camiones que cruzaban hacia Jordania con destino desconocido.

Las ironías son casi inexpresables. La justificación oficial para la invasión anglo-estadounidense fue impedir el uso de unas armas de destrucción masiva que no existían. La invasión proporcionó medios para desarrollar armas de destrucción masiva a los terroristas que se movilizaron por culpa de EEUU y sus aliados, a saber, mediante el equipamiento que ellos habían proporcionado a Saddam, despreocupándose de los terribles crímenes que evocaron después a fin de conseguir apoyos para la invasión. Es como si Irán estuviera ahora creando armas nucleares utilizando los materiales que para la fusión nuclear proporcionó EEUU al Irán del Shah – lo que podría efectivamente estar sucediendo. Los programas para recuperar y obtener esos materiales tuvieron un éxito considerable en los noventa, pero al igual que la guerra contra el terror, esos programas cayeron víctimas de las prioridades de la administración Bush mientras ellos dedicaban su energía y recursos a invadir Iraq.

En otros lugares de Oriente Próximo también se consideraba el terror como algo secundario frente a la necesidad de asegurar que la región está controlada. Otro ejemplo es la imposición de Bush de nuevas sanciones a Siria en mayo de 2004, poniendo en práctica el Acta de Responsabilidad de Siria aprobada por el Congreso unos cuantos meses antes. Siria está en la lista oficial de estados que patrocinan el terrorismo, a pesar de que Washington ha reconocido que Siria no ha estado implicada en actos terroristas desde hace muchos años y que ha cooperado en gran medida a la hora de proporcionar datos importantes de inteligencia a Washington sobre Al Qaida y otros grupos islamistas radicales. La gravedad de la preocupación de Washington acerca de los vínculos de Siria con el terrorismo se reveló cuando el Presidente Clinton ofreció sacar a Siria de la lista de patrocinadores del terrorismo si se mostraba de acuerdo con las condiciones de paz de EEUU e Israel en la zona. Cuando Siria insistió en recuperar su territorio ocupado, siguió en la lista. La puesta en práctica del Acta de Responsabilidad de Siria privó a EEUU de una fuente importante de información sobre el terrorismo islamista radical para tratar de lograr el objetivo mas importante de establecer en Siria un régimen que aceptara las demandas israelo-estadounidenses.

Volviendo a otro ámbito, el Departamento del Tesoro tiene una oficina (OFAF, Oficina de Control de Activos Extranjeros) que tiene asignada la tarea de investigar las transferencias financieras sospechosas, un elemento central de la “guerra contra el terror”. En abril de 2004, la OFAC informó al Congreso que de sus 120 empleados, cuatro fueron asignados para seguir la pista de las finanzas de Osama bin Laden y Sadam Husein, mientras que casi dos docenas se ocupaban de reforzar el embargo contra Cuba. De 1999 a 2003, hubo 93 investigaciones sobre terrorismo con fondos por valor de 9000 dólares y 11.000 investigaciones sobre Cuba con 8 millones de dólares en fondos. Las conclusiones recibieron un trato de silencio en los medios estadounidenses, así como en otras partes, que yo sepa.

¿Por qué debería el Departamento del Tesoro dedicar más energía a estrangular a Cuba que a la “guerra contra el terror”? Las razones fundamentales aparecían explicadas en documentos internos de los años Kennedy-Johnson. Los planificadores del Departamento de Estado advirtieron que la “existencia misma” del régimen de Castro es un “desafío triunfante” a las políticas estadounidenses que se remonta a 150 años atrás, a la Doctrina Monroe; no a los rusos, sino el intolerable desafío al dueño del hemisferio, igual que ocurrió con el caso de Irán con el desafío exitoso en 1979, o el rechazo por Siria de las demandas de Clinton. Supimos por documentos internos que se consideraba totalmente legítimo castigar a la población. “El pueblo cubano es responsable de su régimen”, decidió el Departamento de Estado de Eisenhower, por lo que EEUU tiene el derecho de hacerles sufrir mediante el estrangulamiento económico, llegando posteriormente al terrorismo directo de Kennedy. Eisenhower y Kennedy estuvieron de acuerdo en que el embargo apresuraría la salida de Fidel Castro como consecuencia del “malestar creciente entre los hambrientos cubanos”. El pensamiento fundamental fue resumido por el funcionario del Departamento de Estado Lester Mallory: Castro sería eliminado “mediante el desencanto y el desafecto debido a la insatisfacción y a la dureza económicas, por eso deberían emprenderse con prontitud todos los medios posibles a fin de debilitar la vida económica de Cuba para llevar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. Cuando Cuba estaba en situación desesperada tras el colapso de la Unión Soviética, Washington intensificó el castigo al pueblo cubano, a iniciativa de los liberales demócratas. El autor de las medidas de 1992 para intensificar el bloqueo declaraba que “mi objetivo es causar estragos en Cuba” (Representante Robert Torricelli). Todo este estado de cosas ha proseguido hasta el momento actual.

A la administración Kennedy le preocupaba mucho de que la amenaza del desarrollo consolidado de Cuba pudiera ser un modelo para otros. Pero aparte de estas preocupaciones normales, el desafío con éxito es en sí mismo intolerable, y combatirlo alcanza un puesto mucho más alto, como prioridad, que el de luchar contra el terror. Estos son sólo unos ejemplos más de principios bien establecidos, racionales a nivel interno, muy claros para las víctimas, pero apenas perceptibles en el mundo intelectual de los representantes.

Si reducir la amenaza del terrorismo fuera una prioridad fundamental para Washington o Londres, como así debería ser, habría vías para poder actuar – además de la inadecuada idea de retirar la participación. El primer peldaño sería, sencillamente, intentar entender sus raíces. Con respecto al terrorismo islámico, hay un amplio consenso entre las agencias de inteligencia y los investigadores. Identifican dos categorías: los yihadistas, que se consideran ellos mismos como vanguardia, y su auditorio, que puede rechazar el terrorismo pero que, sin embargo, considera justa su causa. Una seria campaña contraterrorista empezaría por tanto considerando los agravios y, allí donde sea conveniente, los debería someter a tratamiento, que es lo que tendría que hacerse con o sin la amenaza del terrorismo. Hay amplio consenso entre los especialistas de que el terrorismo al estilo de Al Qaeda “es actualmente menos un producto del fundamentalismo islámico que un sencillo objetivo estratégico: forzar a los EEUU y a sus aliados estratégicos occidentales a retirar sus fuerzas de combate de la Península Arábiga y de otros países musulmanes” (Robert Pape, quien ha hecho la investigación más importante sobre los suicidas-bomba). Serios analistas han señalado que las palabras y los hechos de bin Laden están muy correlacionados. Los yihadistas organizados por la administración Reagan y sus aliados pusieron fin a su terrorismo con sede afgana en el interior de Rusia una vez que los rusos se retiraron de Afganistán, aunque lo prosiguieron desde la musulmana Chechenia ocupada, escenario de horripilantes crímenes rusos que nos hacen retroceder al siglo XIX. Osama se volvió en 1991 contra EEUU porque los consideró ocupantes de la tierra sagrada árabe; lo que fue admitido más tarde por el Pentágono como razón para cambiar de sitio las bases estadounidenses de Arabia Saudí a Iraq. Además, estaban enojados con aquel país por rechazar unirse al ataque contra Saddam.

En la más amplia investigación académica del fenómeno de la yihad, Fawaz Gerges llega a la conclusión que, tras el 11-S, “la respuesta dominante en el mundo musulmán hacia Al Qaeda fue muy hostil”, especialmente entre los yihadistas, que lo miraban como un ala extremista peligrosa. En lugar de valorar esa oposición ante Al Qaeda que se ofreció a Washington, “la vía más efectiva de acabar con algo” encontrando “medios inteligentes para alimentar y apoyar las fuerzas internas que se oponían a ideologías militantes como la red de bin Laden”, expone, la administración Bush hizo exactamente lo que bin Laden esperaba que hiciera: recurrir a la violencia, particularmente con la invasión de Iraq. La medersa de Al-Azhar, en Egipto, la institución más antigua de enseñanza religiosa superior del mundo islámico, emitió una fatwa, que consiguió grandes apoyos, aconsejando a “todos musulmanes del mundo emprender la yihad contra las fuerzas invasoras estadounidenses” en una guerra que Bush había declarado contra el Islam. Una personalidad religiosa de Al-Azhar, que había sido “uno de los primeros académicos musulmanes en condenar a Al Qaeda, y era a menudo acusado por clérigos ultraconservadores como reformador pro-occidental, decidió que los esfuerzos para detener la invasión estadounidense [de Iraq] son un ‘deber islámico obligatorio’”. Investigaciones realizadas por la inteligencia saudí e israelí, apoyadas por institutos de estudios estratégicos, concluyen que los combatientes extranjeros en Iraq, que suponen el 5-10% de la insurgencia, se habían movilizado a causa de la invasión y no tenían antecedentes previos de asociación con grupos terroristas. Son impresionantes los logros de los planificadores de la administración Bush inspirando el radicalismo islámico y el terrorismo y uniéndose a Osama en la creación de un “choque de civilizaciones”.

Michael Scheuer, el antiguo analista de la CIA responsable de seguir el rastro de Osama bin Laden desde 1996, escribe que “bin Laden ha sido muy preciso al expresarle a EEUU las razones por las que ha emprendido la guerra contra nosotros. Ninguna de esas razones tiene nada que ver con nuestras libertades y democracia, sino todo que ver con las políticas y acciones de EEUU en el mundo musulmán”. La preocupación de Osama “es cambiar de manera drástica las políticas occidentales y estadounidenses en el mundo musulmán”, Scheuer escribe: “Es un guerrero práctico, no un terrorista apocalíptico en busca del Armageddon”. Como Osama repite constantemente, “Al Qaeda no apoya a la resistencia islámica que trata de conquistar nuevas tierras”. Al preferir consolar ilusiones, Washington ignora “el poder ideológico, la letalidad y el potencial de crecimiento de la amenaza personificada por Osama bin Laden, así como el ímpetu que a esa amenaza le ha dado la invasión y la ocupación, encabezada por EEUU, del Iraq musulmán, [que es] la guinda en el pastel para Al Qaeda”. “Las fuerzas y políticas estadounidenses están logrando que se complete la radicalización del mundo islámico, algo que Osama bin Laden ha estado tratando de hacer con considerable pero incompleto éxito desde los primeros años de la década de 1990. Como resultado, [Scheuer añade], es justo concluir que los Estados Unidos de América siguen siendo el único aliado insustituible de bin Laden”.

Los agravios son muy reales. Un panel consultivo del Pentágono concluía hace un año que “los musulmanes ‘no odian nuestra libertad’, sino que más bien odian nuestras políticas”, añadiendo que “cuando la diplomacia estadounidense habla de llevar la democracia a las sociedades islámicas, es visto nada más que como una hipocresía egoísta”. Las conclusiones se retrotraen a hace muchos años. En 1958, el Presidente Eisenhower se sentía desconcertado por “la campaña de odio contra nosotros” en el mundo árabe, “no por parte de los gobiernos sino de los pueblos”, que están “del lado de Nasser”, apoyando el nacionalismo laico independiente. Las razones de la “campaña de odio” fueron subrayadas por el Consejo Nacional de Seguridad: “A los ojos de la mayoría de los árabes, EEUU parecen oponerse a la consecución de los objetivos del nacionalismo árabe. Creen que EEUU está buscando proteger sus intereses petrolíferos en Oriente Próximo mediante el apoyo al statu quo y oponiéndose al progreso político y económico”. Además, esa percepción es compresible: “nuestros intereses económicos y culturales en la zona han llevado de forma antinatural a que EEUU estreche relaciones con elementos del mundo árabe cuyos intereses fundamentales descansan en el mantenimiento de relaciones con Occidente y del statu quo en sus países”, impidiendo la democracia y el desarrollo.

El Wall Street Journal halló más de lo mismo cuando investigó las opiniones de “acaudalados musulmanes” inmediatamente después del 11-S: banqueros, profesionales, empresarios, se sentía comprometidos con los “valores occidentales” oficiales y estaban empotrados en el proyecto de globalización neoliberal. Estaban también consternados por el apoyo de Washington a estados autoritarios duros y por las barreras levantadas contra el desarrollo y la democracia al “apoyar a regímenes opresores”. Sin embargo, tenían nuevos agravios más allá de los apuntados por el Consejo Nacional de Seguridad en 1958: el régimen de sanciones de Washington contra Iraq y el apoyo a la ocupación militar israelí y la absorción de los territorios. No se investigó a las inmensas cantidades de gente pobre y sufriente, pero es probable que sus sentimientos fueran más intensos, asociados con un amargo resentimiento hacia las elites accidentalizadas y hacia los gobernantes brutales y corruptos respaldados por el poder occidental que están asegurando que la enorme riqueza de la región fluya hacia occidente, además de enriquecerse ellos mismos. La invasión de Iraq más que anticipar sólo intensificó aún más esos sentimientos.

Hay caminos para abordar de forma constructiva la amenaza del terror, aunque no aquellos que prefiere el “aliado indispensable de bin Laden”, o aquellos que tratan de no ver el mundo real mediante sorprendentes poses heroicas acerca del fascismo islámico, o que simplemente declaran que no se pueden hacer propuestas cuando hay propuestas válidas que no les gustan. Las vías constructivas tienen que empezar con una mirada honesta frente al espejo, algo que es necesario siempre, aunque no sea tarea fácil.

Texto original en inglés: www.counterpunch.org/chomsky01242006.html

De críticas a catalanes y viñetas con Mahoma

A veces parece que no pasa el tiempo, ni para mí, ni -lo que es peor- para la historia y que las historias se repiten hasta la saciedad. No es que me quiera poner pedante con esta entrada, pero es que, insito, no pasa el tiempo para la garrulez.

Ayer estaba yo leyendo un artículo publicado en El Correo Gallego el 14 de febrero de 1914, ¡casi nada!, que se titulaba: "Un caso de catalanofobia" y lo firma "Un catalán", un cura catalán, para ser más exactos, y además autor de teatro que se quejaba del trato recibido por la prensa de aquella zona a su obra por el hecho de... ser catalán. Bien. O no.

Poco después leo que Jiménez Losantos ha criticado que le den los Goya a Isabel Coixet. Para ser más concretos se pregunta que qué galardones son estos que premian a una película dirigida  rodada en inglés por una catalana -no sé si por mujer, por catalana o por qué, la verdad-. Luego dirán que los de derechas son más cultos, tienen más estudios pero... a las pruebas me remito.

Y, por rematar con las "animaladas" ideológicas. Resulta que, en enero del 2006, repito, ENERO del 2006 van y se quejan los musulmanes de unas viñetas publicadas en Dinamarca hace cuatro meses, sí CUATRO meses. ¿No suena esto a "vamos a entretener a los países musulmanes con algo" y de paso a justificar, si se ponen tontos, que los "democraticemos"? O, más bien, ¿no suena esto a "como Europa no tienen ningún problema con los países árabes, vamos a provocar un conflicto?, porque sino a mí que me expliquen cómo han tardado cuatro meses en enfadarse -con razón, pero tardía- y no lo hicieron el día después de la publicación. ¿No parece que detrás esté la mano del "amigo" americano?

Inmigrantes y parejas de hecho... ¿responsables de los malos tratos?

Intento tranquilizarme porque sí, porque no conduce a nada perder la calma, ni cambia nada, pero es muy dificil con los tiempos que corren. Ahora resulta que Amando de Miguel -que dicen que es sociólogo- nos explica en un artículo que sólo por el hecho de que en los próximos años crecerá el número de parejas de hecho «se puede sospechar el aumento de los casos de violencia doméstica contra las mujeres». Diga usted que sí "señor" "sociólogo". Y dígalo usted bien alto porque le dejan en la Fundación FAES, presidida por el ex presidente del Gobierno José María Aznar, que es donde publican estas cosas y otras peores.

¿Recordáis a Amando de Miguel? yo al principio he tenido que hacer un esfuerzo para quitarle la pátina rancia que destila y recordar quién era, pero luego, ¡claro!, he recordado la anécdota "inolvidable" que tuvo con la directora general de la Mujer de la Comunidad de Madrid, cuando le preguntó si tenía clítoris, cuando ella estaba dando una conferencia sobre violencia de género. Y ante la negativa de contestar, él siguió diciendo: Creo que mis preguntas son lo suficientemente fáciles para responder sí o no.¿Sabe usted hacer una regla de tres?" ¡Otra gran intervención de "don" Amando! Y de ahí en adelante, al comité de sabios de la televisión española, ¡otro gran acierto! Ahora sólo queda esperar a ver qué más se le ocurre.

A lo que iba, al artículo. El título del articulillo de marras: "La violencia de género y otras iniquidades", en él no se queda en apuntar sus ideas, las explica detalladamente. La culpa del aumento de la violencia de género es del aumento de emigrantes y de las parejas de hecho. YEl sociólogo justifica su afirmación no en el hecho de que los extranjeros sean más propensos a la violencia, sino que todo depende de su condición de marginados.  no sólo eso, añade que la "discriminación positiva" potencia el ascenso social y político de mujeres incompetentes. 

 

No siempre voy a ser yo la agorera

Con todas estas sanjurjadas", catalanes, militares, estatuto, unidades de España y demás, he llegado a creerme que exagero, que veo lobos-militares, donde hay delfines y que debería tranquilizarme. A mí me pasa mucho, si queréis que os sea sincera. Y en esas estaba cuando hoy, que he estado toda la mañana con mi padre (a ratos hablando, otros leyendo -yo Banana Yoshimoto, él El País; otros hablando por el móvil...) va y me recomienda un artículo de un historiador que él sabe que no es santo de mi devoción: JOAN B. CULLA I CLARÀ. Pero a recomendación paterna, lectura posterior, no hay otra, en eso sí, que soy muy obediente. Y, para que veáis que no soy yo, sino que somos varios os copio el artículo íntegro. ¡La falta que hace conocer la historia!, me repito, pero es cierto:

Aquella vez, la discusión del Estatuto había comenzado el 6 de mayo de 1932 en unas Cortes donde la oposición al proyecto de ley se mostró virulenta, sin ahorrar maniobras obstruccionistas ni alardes demagógicos. Mientras, en la prensa y en la calle, los lúgubres presagios sobre la desintegración de España alternaban con las apelaciones al boicoteo anticatalán; elementos ultras agredían en Madrid a un parlamentario de Esquerra, y los más peligrosos enemigos de la democracia republicana se sentían espoleados por tal atmósfera. Aquel 5 de julio, Manuel Azaña -presidente del Gobierno y ministro de la Guerra- anotaba en su diario: "En la desaforada campaña que se hace contra el Estatuto hallan (los oficiales golpistas) apoyo, estímulo y ambiente para sus fines... La posición que han tomado algunos políticos es, consciente o inconscientemente, inductora de rebelión, porque los militares desafectos, que no se atrevían a chistar invocando tan sólo sus intereses de clase o sus propias opiniones políticas, se animan pensando y viendo que hay otros personajes de su mismo parecer, de cuyas declaraciones y propagandas pueden sacar algunos principios justificativos de una acción violenta".

En efecto, la madrugada del 10 de agosto siguiente un grupo de oficiales -activos o en la reserva- seguidos de escasa tropa y flanqueados por militantes de la extrema derecha monárquica intentaron sin éxito, en Madrid, asaltar el Ministerio de la Guerra y el palacio de Comunicaciones, con el balance de una decena de muertos. Poco después, en Sevilla, el general José Sanjurjo Sacanell -a la sazón director general de Carabineros- sublevaba a la guarnición local, se instalaba en la Capitanía General hispalense y hacía público desde allí un bando que ponía en primer lugar, entre las justificaciones de su alzamiento, la defensa de la integridad de España, amenazada por el proyecto estatutario. Tras el fiasco de Madrid, los facciosos quedaron aislados en Sevilla y se desbandaron a las 24 horas, pero la sanjurjada constituyó un primer aviso sobre las intenciones de la derecha española y fue para ésta un fracaso lleno de provechosas enseñanzas, a aplicar en julio de 1936.

Es curioso cómo, a veces, la historia se complace en las coincidencias: un momento político-legislativo no idéntico, pero muy semejante al de 1932; una campaña mediática y partidista gemela a la de entonces en su histeria, en su mendacidad, en su cainismo; una parecida movilización antiestatutaria de fuerzas vivas, de poderes fácticos, de intereses crecidos al calor de una determinada concepción de España; la Capitanía General de Sevilla como marco, y en ella, otro general que, espoleado por la verborrea irresponsable de ciertos políticos y de muchos opinadores, siente y expresa el reflejo pretoriano: la idea de que los militares son los depositarios y los guardianes por excelencia del patriotismo, de que están ungidos para interpretar mejor que nadie -mejor incluso que los representantes del sufragio popular- cuáles son en cada momento el bien y el interés de España.

No, el general José Mena Aguado no se subleva, claro que no -por algo estamos en 2006, y en la OTAN, y en la Unión Europea...-, sólo proclama la "inquietante preocupación" de los uniformados ante aspectos vertebrales del Estatuto en proyecto (Cataluña nación, el deber de conocer la lengua catalana, la descentralización de la justicia...) y asocia amenazadoramente tales objeciones con una eventual intervención castrense al abrigo del artículo 8º de la Constitución. Acto seguido, diversas asociaciones de militares declaran compartir su inquietud, alguna incluso le considera una víctima de las represalias del separatismo, y medio centenar de compañeros de promoción -entre ellos, seis generales- se solidarizan con él en carta a La Razón del pasado martes. ¿Qué pasa, que el Tribunal Constitucional se ha mudado a los cuartos de banderas y ahora, en lugar de sentencias, dicta arengas preventivas?

Por lo demás, el cuartelazo virtual encabezado por Mena Aguado invita a ciertas reflexiones retrospectivas. Si ahora, en 2006, no ha sido posible sustraer el debate sobre el nuevo Estatuto y su encaje constitucional a un ostensible ruido de sables, ¿se imaginan cómo debieron de discurrir las cosas en 1978-79? Si los militares de hoy, que hablan inglés y están homologados internacionalmente, no han podido resistirse a la tentación de la amenaza golpista, ¿alguien cree que las Fuerzas Armadas de los años setenta -que eran las de Franco- permanecieron quietas, mudas y neutrales, sin ejercer presión ni coacción alguna, sin condicionar en nada las fórmulas constitucionales y estatutarias de nuestra mitificada transición?

En agosto de 1932 aquello que Azaña, con su característico desdén, había calificado como "una grotesca militarada sin importancia" "tuvo por consecuencia [cito ahora a Manuel Tuñón de Lara] un sobresalto de conciencia en la izquierda", de modo que "el Estatuto de Cataluña fue aprobado a paso de carga". En efecto, bajo el impacto de la sanjurjada, la mayor parte de los antiestatutistas desde posiciones liberales o meramente democráticas comprendieron que estaban haciéndole el caldo gordo a la ultraderecha, que los enemigos del Estatuto lo eran de la República, y desarmaron su hostilidad, haciendo posible la aprobación, el 9 de septiembre, de la autonomía catalana. ¿Suscitarán el gesto de Mena Aguado y sus secuelas una reacción parecida? ¿Entenderán por fin tantos presuntos progresistas el fondo antidemocrático de la campaña -de la campaña, no de las críticas razonadas- contra el Estatuto? ¿O seguirán en su defensa de la España única, piramidal y nacional-estatalista, aunque sea encaramados a la grupa del caballo de Pavía?

http://www.elpais.es/articulo/elpepiautcat/20060113elpcat_6/Tes/sanjurjada/virtual

Churras o merinas; catalán o sevillanas

Yo no sé, ya me perdonaréis, cuáles son las funciones exactas de Francisco José Hernando, Presidente del Supremo y Consejo General del Poder Judicial. Ni tampoco sé -bueno eso sí, y creo que no- si tener carrera nos hace menos analfabetos. Lo que sí sé es que no es malo no saber, lo malo es no querer aprenderlo. Eso es así, lo diga Agamenón o su porquero -frase que, dicho sea de paso, me fascina y nunca tengo oportunidd de colocar-.

Dicho esto, paso a explicar el porqué empiezo con lo anterior que sino no se entenderá nada. Hoy, por si el Estatut no nos daba juego suficiente o -y si me abono a las teorías de la conspiración-, para que no sea sólo el peligro del nacionalismo catalán y sea también el vasco, ha tenido que salir el señor F.J. Hernando emplazando al Gobierno y al Ministerio Fiscal a actuar contra la ilegalizada Batasuna si convoca una asamblea como la prevista para el 21 de enero en Barakaldo (Vizcaya). ¡No se nos fuera a olvidar el peligro vasco!

Y dicho esto, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid -otra gran frase- Hernando ha hecho alusión al Estatuto de Cataluña y ha reiterado su oposición a que se imponga el conocimiento del catalán como requisisto a los jueces que ejerzan en dicha comunidad. ¿No he dicho ya que tener carrera no garantiza analfabetismo? Porque, claro, pobres jueces, que son "movibles, en el sentido de que hoy están en Cataluña, y mañana están en Navarra o en Vascongadas. Si estuviera ejerciendo en Cataluña aprendería catalán, pero como un enriquecimiento personal, como me gustaría cuando voy a Andalucía saber bailar sevillanas", ha dicho como para rematar con una gracia propia, qué queréis que os diga, del paleto del barrio. Y, por rematarlo, "No creo que se deba imponer a nadie el conocimiento de una lengua que luego no tiene una proyección positiva en otros aspectos de la vida". Sin palabras me deja el letrado.

Seguiremos para no dar más cancha de la necesaria. Hace ya unos días, desde que el "señor" Mena tuvo a bien decir lo que pensaba  sin que nadie se lo preguntara -¿he dicho ya que justo en su profesión lo que se premia es, justamente, obedecer sin pensar?-, pero todo el mundo sigue diciendo y opinando al respecto. Hoy, bueno ayer, ha hablado por vez primera ZP "Nunca antes como ahora ha estado tan unida España". En fin, los guionistas  de la Moncloa es lo que tienen, que ven mucha película de majors. Y como saben que las declaraciones de ZP se repiten en los medios hasta la saciedad, claro buscan grandes frases. Poco más ha dado hoy de sí el gobierno

Y por si teníamos poco el ABC y La Razón, nunca tan contentos como ahora porque pueden dar rienda suelta a sus colaboradores -Ussia mediante, faltaría más-, y pueden reproducir -más contentos que nunca- la carta que han mandado los compañeros de Mena apoyándolo y diciéndole que no está solo en sus opiniones, que "son un fiel reflejo de la opinión, la inquietud y el sentir de muchos de los mandos y subordinados de las unidades a sus órdenes. Una opinión y un sentir que, sin duda, el Gobierno ya tenía que conocer perfectamente a través de otros cauces oficiales y, muy especialmente, de los Servicios de Inteligencia o Información del Ministerio de Defensa". ¿No había quedado claro aquello de que militar y opinión estaba reñido? ¿No va a tener Bono que meter en cintura a unos cuantos más? Será que no, claro, que... debería ser que sí.

Bono castiga y Destino premia

Las declaraciones sobre la posibilidad de que el Ejército intervenga según le plazca han puesto nervioso a todo el mundo menos, claro, a la cúpula del PP que siguiendo su línea de carácter democrático ayer reaccionó a las palabras del general Mena diciendo que veía “inevitables” declaraciones de ese tipo". ¿Por qué? Os preguntaréis, pues bien sencillo, como “reflejo de la situación que estamos viviendo” por la reforma del Estatut. ¡Son tan cansinos que no pueden serlo más! Paso de página.

En cambio, desde el PSOE, como parecía lógico, se lo han tomado algo más en serio y el ministro de Defensa, José Bono, ha ordenado el arresto domiciliario durante ocho días del teniente general José Mena por faltar al deber de guardar neutralidad política. Bueno…

Además, Bono propondrá en el próximo Consejo de Ministros la destitución del militar como jefe de la Fuerza Terrestre. Vale… Vale…

Aunque, no estaría de más que el ministro Bono se entere –porque los servicios secretos deberían funcionar, ya que no lo han hecho para evitar declaraciones como las de ayer- si hay generales, tenientes, coroneles o lo que sea que tengan opiniones de ese estilo en el seno de las Fuerzas Armadas. Por lo que puede pasar, más que nada, o aunque sólo sea por aquello de más prevenir…

Mientras, en Barcelona, la vida seguía ayer por la noche y se fallaba el Premio Nadal –en principio el más literario de los premios de la editorial Planeta. El ganador: Eduardo Lago. De quien si os dijera alguna cosa mentiría porque no lo conocía y habrá que esperar. La finalista: Marta Sanz. De quien sí que os puedo decir más cosas porque la conozco, me presentó en una conferencia-presentación en el Ateneo de Madrid y he leído el libro que tiene publicado con Destino “Animales domésticos”, que me gustó mucho. ¿Novela alegre? Pues no. ¿Novela esperanzadora? Pues tampoco, aunque con un poco de esfuerzo... En realidad más bien realismo social de izquierdas del duro, pero a mí me gustó. Y, claro, espero con muchas ganas empezar a leer la novela premiada: “Susana y los viejos”, que promete línea similar.

Qué tendrá Sevilla que los generales se envalentonan

Qué tendrá Sevilla que los generales se envalentonan

Me envía hoy un amigo –Pere- una viñeta que corre por internet. Como veis a buen entendedor “aclaraciones” innecesarias. Cuando la he visto me he reído, pero he pensado que es muy sintomático que sigan haciendo todavía chistes de este estilo, yo que pensaba -¡ilusa!- que el tema se diluía.

Un rato después, y como si estuviera leyendo un diario procedente del túnel del tiempo –no recordaré comienzos el 18 de julio del 36 porque me daría para un primer capítulo de libro sólo la conquista del poder por los franquistas en Sevilla- leo en El País: “Un general alerta de las consecuencias de aprobar la actual propuesta de Estatut”. Y como soy de las que necesita que le aclaren según qué afirmaciones, corro a leer la noticia completa y es –lo siento- peor de lo que pensaba. Y claro... yo seguía metida en el túnel del tiempo, discurso… militar… desde Sevilla… ¡Y yo que acabo de leer una biografía de Queipo de Llano y sus funestas alocuciones desde la radio sevillana!

Es todo bien simple, el teniente general jefe de la Fuerza Terrestre José Mena Aguado, hoy, cabreado seguro porque no le deben haber traído nada los reyes, en el discurso de la Pascua Militar ha ¿alertado? desde Sevilla "de las graves consecuencias que tanto para las Fuerzas Armadas como institución como para las personas que las integran podría conllevar la aprobación del Estatuto de Cataluña en los términos que está planteado". ¡Diga usted que sí, ante todo respeto a las decisiones del parlamento catalán! No, si ahora resulta que como la iglesia ha decidido que puede intervenir en el terreno político y nadie les dice nada, los militares no quieren ser menos y también van a opinar. Bueno, estos a amenazar.

Pues bien, el “patriota” militar dice en el discurso que: “La preocupación por la unidad de España se ha desatado con la presentación del proyecto del Estatuto de Cataluña”. ¡A vueltas con la unidad de España!

Desconozco el por qué el señor Mena ha decidido hablar del estatut cuando, a buen seguro, dentro del ejército tienen mil y un problemas. El caso es que debía tener el día patriótico y monolingüe -¿no podría explicarl la señora Calvo a los españoles de zonas monolingües que conocer más de una lengua es pluralidad cultural, no discriminación?- y ha seguido: "el hecho de que en una autonomía sea exigible el conocimiento de su lengua particular es una aspiración desmesurada que obligaría en las Fuerzas Armadas a regular los destinos a esa autonomía de la misma forma que actualmente se regulan los destinos en el extranjero". A mí me sorprender que, puestos a pedir, no pida también que no se nos alfabetice, cuanto menos sepamos mejor se nos controla. Aunque, si os soy sincera, lo que más me sorprende es que el señor Bono no cese de inmediato a semejante personaje.

Parece que a medio discurso el “señor” militar se ha dado cuenta de que se le notaba demasiado y ha querido modificar un poco: "afortunadamente, la Constitución marca una serie de limites infranqueables para cualquier estatuto de autonomía", de ahí que haya lanzado un "mensaje de tranquilidad". No sé yo si alegatos como éste tranquilizan mucho, aunque se suavicen a posterior. Porque, claro, una no se fía y lee hasta la última palabra: "si esos límites fuesen sobrepasados, lo cual en estos momentos afortunadamente parece impensable, sería de aplicación el artículo octavo de la Constitución: las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejercito de Tierra, la Armada y el Ejercito del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad, y el ordenamiento constitucional". ¡Qué les está pasando!, menos mal que no pueden tomar decisiones sin que las autorice el presidente de gobierno –en teoría- que es quien controla los movimientos finales, sino da como para preocuparse. ¡Menudo regalo de reyes nos han hecho!

Evo Morales o la mala educación del PP

Los miércoles tengo sección en la radio, todos los miércoles. Y todos, sin excepción, escucho el final de la tertulia que acaba poco antes de que haga yo la primera de mis dos intervenciones en antena. Y todos, también sin excepción, acabo sorprendiéndome de algunas de las afirmaciones de los tertulianos que –por si no os lo imaginabais- son “progres”, y, además, periodistas.

Hoy, más de lo mismo. Las dos frases con las que he empezado a escuchar hoy la tertulia eran algo tipo: “Hay que tener cuidado con la izquierda populista latinoamericana”, una, y la otra: “son peligrosos Chavez, Lula y Morales”. Imagino que no ha incluido a Castro porque no le ha llegado la “inteligencia” para tanto en el comentario. Y el caso es que Evo Morales es el presidente ELECTO. Repito, por si no se ha entendido, ELECTO de Bolivia y que como tal hay que respetarlo. No me vengan ahora con que el nacional socialismo también era electo, porque no entraré en comparativas históricas aburridas por estériles pero que soy capaz de argumentar hasta la saciedad.

Y yo, esta mañana como ahora, es que no doy crédito de la "tolerancia" de los progresistas que, dicho sea de paso es una palabra que no soporto. Y claro, he intervenido al final de la tertulia, con justo el argumento contrario. Me disculpa que ni soy periodista, ni progre. Es un gran aquel. Y, tras sorprenderme de lo que molesta que salgan resultados electorales que no gustan. Recordáis aquello de "todo por el pueblo, pero sin el pueblo...", pues era de Montesquieu, fue en el siglo XVIII y ya se vio que era autoritarismo, así que a otra cosa. A las democracias latinoamericanas y a su intentar sobrevivir. No se es mejor por tener carreras y másters, se es diferente.

Yo, me he remitido la frase que le ha dicho Evo Morales a Chavez "Ha llegado un tiempo nuevo, el tiempo de los pueblos latinoamericanos". Con la esperanza puesta en que el tiempo nuevo nos llegue a todos. ¿No pueden dejar que empiece a trabajar y, como ha dicho, ver a dónde conduce ese sumarse a la "lucha antiimperialista" de Venezuela, Cuba y ahora también Bolivia. ¡Pues sí señor! Que para hacer lo contrario ya tenemos el régimen imperialista de EEUU y a esos nadie les dice nada, ni siquiera si van matando con la constitución norteamericana bajo el brazo.

Y mientras, los del PP, que son tan demócratas como el “amigo americano” no han querido reunirse con Evo Morales. Que a ellos lo de que sea electo un “indio", como que no les debe molar. Mira tú que se les ve el plumero. Menos mal que aquí, ZP se ha portado, lo ha recibido y ha prometido perdonar la deuda. Adelantamos, algo adelantamos en este 2006.

A por los papeles... de Salamanca, se entiende

Este año, lo advierto desde ya, llega cargadito, cargadito de catalanes, catalanadas, catalanets... o, para ser más exactos, y lo que es peor, anticatalanes; de estos que venden la mar de bien en las televisiones nacionales, de los de me opongo a lo catalán por catalán, en fin... Y es que desde el Estatut no nos dejan descansar ni medio minuto, hasta Javier Cercas -charnego ilustre donde los haya, como la mayoría de los que vivimos por estos lares, dicho sea de paso- ha tenido que escribir una página en El País diciendo que aquí no pasa nada, que no se inventen cosas desde fuera. En fin.

Total, sumidos en la resaca estatutaria, oportunidad que surge, ahí están ellos, a la que salta o a la que se inventan. Así que claro, como había que empezar por algún sitio, el Alcalde de Salamanca, que dicho sea de paso debe tener problemas de comprensión escrita y oral (a mí me dieron clase de las dos asignaturas en el colegio, claro que... era en Barcelona, ergo catalán, a ver si va a tener que ver también), ha empezado manifestándose delante del archivo esta mañana para que no les quiten "los papeles de España". ¡Dios, en qué contradicciones entran!, no habíamos quedado que Catalunya era España y que eran los catalanes los que no lo tenían tan claro? A ver si van a ser ellos los que no lo tienen tan claro. Porque... si esto es España, ¿qué más da dónde estén? Y, lo peor, o lo más evidente, si los papeles fueron sacados de Catalunya durante la guerra civil y la dictadura, ¿no va siendo hora ya de que retornen a sus propietarios?

Bueno, a lo que iba. Abren hoy las noticias con "Se manifiestan unos 400 -en algunas televisiones han dicho que 2000, pero muchos me parecen para una ciudad de provincias- frente al archivo de Salamanca al grito de "Vencerán, pero no convencerán". Es cansino seguir con el tema, porque además aquí se mezcla todo: fascistas, franquistas, guerra civil... Empezaré eliminando algún tema por no extenderme. Ya he dicho que para ayudar a superar las dificultades de comprensión de señor Julián Lanzarote, el Alcalde, no puedo hacer nada -ni quiero, que cada pueblo tiene lo que se merece- y, además, Carmen Calvo ha tenido a bien decirle que no estaría de más que se leyera la legislación y que entendiera que no puede oponerse a las decisiones del Ministerio de Cultura. Igual que desde Madrid no se decidía nada acerca del Archivo Municipal de su provincia, desde Salamanca no tenían nada que decir sobre los fondos del Archivo Ministerial. Calvo dixit, a otro tema.

"Vencerán pero no convencerán". La frase que encabezaba la manifestación. Vaya por delante que los herederos de Unamuno se han opuesto al uso de dicha frase. Que claro, no pueden, pero al menos lo han hecho constar. Aquí es donde voy a detenerme. He oído en los medios, que ya sé que es genérico pero era más de uno, que han justificado los salmantinos su uso, porque era la frase que Unamuno utilizó contra los franquistas y porque lo que ZP está haciendo con España es lo mismo que en los años treinta: "Separando España". ¡Cuánta falta hacen buenas clases de historia! Claro que... malo que les falten conocimientos a los manifestantes, malo que el alcalde salmantino no entienda lo que lee, malo que el PP tergiverse la historia... ¡pero que también desde los medios de comunicación nos den una versión errónea de la historia y que, además, quieran ponernos nerviosos de nuevo con temas de confrontaciones civiles, la verdad es que ya me parece demasiado.

En fin, paciencia. Pero es que, lo que son las casualidades, hace un par de días que he enviado justo el texto donde se enmarca la dichosa frasecita. Os lo pongo: "Callar, a veces, significa mentir -dijo Miguel de Unamuno frente a una caterva de falangistas y fascistas que se hallaban en el paraninfo de la Universidad de Salamanca para celebrar el 12 de octubre de1 36- porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia." Y siguió diciendo "Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión." Poco después Millán Astral, nervioso y cabreado, dijo aquello de "Muera la inteligencia". Para seguir Unamuno con la no menos conocida réplica de "Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir, necesitáis algo que os falta: razón y derecho de la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España." Unamuno salió, mira tú, del brazo de CARMEN POLO del paraninfo de la Universidad de Salamanca. Nada mal para estar en contra ¿no? y Millán Astray siguió ejerciendo sus... "Labores patrióticas".

No entraré ahora en la actitud de Miguel de Unamuno ante el golpe de Estado de Francisco Franco, pero no fue de los intelectuales que se opusieron, ni de los que participaron en el conflicto, ni tampoco peleó en el frente, ni participó en el Batallón del Talento, ni entró en la cárcel, ni fue represaliado... porque sino no hubiera estado en el paraninfo, ni hubiera salido del brazo de doña Carmen, ni nada de nada. Sólo entraré en que la historia ya está escrita, basta con que la conozcamos y que no se haga demagogia. Y, puestos a darle la vuelta, es la frase que utilizó un profesor de Universidad que salió del brazo de la primera dama del régimen franquista. Pues eso, amigos manifestantes “Muera la inteligencia”, que os pega más.

"Trece entre mil" o yo debería ser cajera del Mercadona

Lo digo hoy, que al ser el día de los Inocentes siempre le puedo dar la vuelta y decir donde dije digo digo Diego, pero lo digo. A lo mejor si yo fuera cajera del Mercadona o me hubiera quedado trabajando en la sección de menaje de Galerías Preciados no me cabrearían documentales como "Trece entre mil" y me hubiera preocupado de cazar un marido, tener un niño o dos, ser una más de las que cumplen lo que toca por edad, sexo y condición, tener la vida solucionada a los treinta, ir a ver la última de Disney o Torrente y, claro, acabaría por decir una de las frases que más odio: "Yo es que de política paso"; en lugar de perder el tiempo con documentales y libros. A lo mejor sí, o no, no sé. Porque la verdad es que Galerías fue el revulsivo para ver de dónde tenía que huir y lo que justificaba las horas de lectura y clases para acabar... ¿así? Supongo. En cualquier caso así son las cosas y así se las he contado. Distintas vidas, diferentes realidades, imagino.

Y todo esto porque ayer fui al Mercadona y una de las cajeras le decía eso, percisamente, al cliente que estaba antes que yo en la cola: "yo es que de política paso, no me interesa", -que trabajando en Mercadona ya es pasar de tu propia vida, pero bueno- y yo, en cambio, en la cabeza "Trece entre mil" y pensando en el follón que supuso la película-documental de Medem, "La pelota vasca". Si no recuerdo mal Julio Medem intentó reflejar la realidad del País Vasco y para ello convocó a todas las tendencias políticas que -en aquel entonces como ahora- había y algunas -los de Basta ya y su tolerancia, por ejemplo- le dijeron que naranjas de la China, que no participaban del documental. Con todo y con eso a mí me pareció que reflejaba una realidad, o varias, según se mire, y que acercaba al espectador partes de la situación política vasca -a favor o en contra- que hasta entonces no habíamos visto u oído. Bien está.

Cuando vi "Trece entre mil" y al acabar, lo primero que pensé fue: Mira tú, que juego siguen dando los vascos, ya volvemos a reivindicar sólo una parte del conflicto y -como si el espectador fuera idiota- los productores, realizadores y demás -salvo el director- aparecen sólo con las siglas. ¿Olvido inconsciente? Me temo que no. Que planee el fantasma de la amenza etarra, del nacionalismo, por si se nos ha olvidado. En fin, en fin... seguimos condicionando a los españoles, luego existimos. Fuera la palabra nación del Estatut, que molesta, fuera todo lo que no sea... ¿español?

Total, un doculmental, en el que hablan trece de las familias víctimas de los atentados de ETA -que podían haber puesto más, ¡eh!-, desde alguno de los de los años setenta, hasta los más recientes, los de Hipercor o la casa cuartel de Vic; algunos muy bien elegidos, víctimas inocentes que estaban en el lugar menos apropiado en el momento menos oportuno. Que no digo yo que no se tenga que hacer, no; vaya por delante que no se me ocurre pensar que nadie se merezca morir en un atentado, que cuando planteas dudas en este tema siempre te acaban diciendo si estás a favor del terrorismo. No es eso. Que no digo yo que los nacionalismos sean santo de mi devoción, que no, que son más bien cutres. Pero que los dejen, ¿no? Es que siempre acabamos de hacer documentales sobre el mismo tipo de muertos, sobre el mismo tipo de ideas, sobre los mismos personajes y claro, así no hay manera de que normalicemos nada, ni que respetemos nada, ¡como son unos asesinos! Claro que, si no recuerdo mal, diría que en la época de los primeros atentados de ETA también el gobierno estaba matando españoles en la cárcel, ¿no? Y, si me apuras, algunos de los muertos de la lista final -que salen los nombres de todos los asesinados por ETA- también habían hecho de las suyas, ¿era un santo Melitón Manzanas? ¿Era un angelito Carrero Blanco? El ojo por ojo es lo peor, estamos de acuerdo -aquí también difiero de la cajera del Mercadona de mi barrio-, pero intentar un mínimo de objetividad y buscar cierta distancia no estaría mal.

A lo mejor resulta que la familia real española es laica

A lo mejor resulta que la familia real española es laica Digo que a lo mejor resulta que la monarquía es laica y no le prestan atención a los temas sacros, porque sino no me explico el descuido de la fotografía oficial en la que felicitan las fiestas a los españoles que ellos -su gabinete de prensa, claro- creen que se lo merecen. Que no son todos, ¡faltaría más!

Yo tengo la mala costumbre de felicitar el año nuevo -los ateos somos de lo peorcito, qué queréis que os diga- y presto poca atención por lo general a las felicitaciones navideñas porque no van conmigo, y menos si cabe a las "demostraciones de afecto" de la familia real para con los españolitos de pro. Sin embargo, este año, ni queriendo he podido resistirme a quedarme con los ojos abiertos frente al foto montaje que ha enviado la familia real.

Vayamos por parte. ¿Qué no entiendo de la fotografía?, muchas cosas: ¿Por qué los Reyes felicitan las fiestas rodeados de todos sus nietos? A pesar de que no obtendré respuesta, sigo preguntanto, ¿por qué los nietos del Rey no están todos el día señalado? ¿Alguno de vosotros se ha escapado de fiestas familiares de todo tipo cuando erais pequeños? ¡Imposible!, ¿no?, pues eso.

Sigo. ¿Por qué en los Premios Príncipe de Asturias -pongo por caso- el Rey logra que el Príncipe y las Infantas acudan como clavos año tras año y no lo logra con los niños? ¿No es más fácil organizar a los niños que, al fin y al cabo, deben tener niñeras y preceptores alrededor que los pueden llevar y traer sin que ni sus propios padres se enteren de su desaparición unas horas? Si todo ha sido falta de tiempo... ¿no será que los responsables de protocolo de la Casa Real no tiene claro que las Navidades caen siempre en la misma fecha y podrían tenerlo previsto incluso un par de meses antes?

La última de las preguntas que me hago es la peor, creo, porque ¿a ver si va a resultar que en la casa Real -"con lo amables, simpáticos, normales y cercanos que son"- piensan que los españoles somos tan estúpidos que nos cuela cualquier cosa? Si fuera esto no quiero ni pensar la de goles que nos pueden haber metido, ¿no?

Un par más de actualidad política y ya entro con los Goya

Para que no digan que no hago caso de lo que me dicen me pongo y escribo. Ayer, en Planeta, Mario me decía que llevaba unos días sin escribir que a ver cuándo me ponía de nuevo y a ello voy, ya veis.

Como este país nuestro da de si -hasta para que no sepamos exactamente a qué me refiero cuando digo país- la verdad es que creo que ni va a hacer falta que retome noticias de hace algunos días y bastará con que me incorpore a la actualidad con las de esta misma semana. Empecemos con Boadella, que el militante del CDS cada vez me pone más nerviosa, pero para no dar cancha innecesaria, casi que sólo os doy el titular de la entrevista que han publicado en Periodista Digital, para veáis de qué pie calza el colega: "En Catalunya la situación es cercana al prefascismo". Lo dice y se queda tan ancho, lo dice desde Madrid, claro, al abrigo de una subvención de Esperancita y después de haber despotricado de lo lindo contra los... ¿catalanes? O sea no sólo desde la distancia sino también desde la ignorancia, al menos en lo que a denominación de fascismo se refiere. ¿No?

Mientras, en la COPE, donde resulta que no les ha gustado el resultado de Bolivia, al contrario que a mí, claro, han llamado a Evo Morales haciéndose pasar por Zapatero. ¡Eso sí que es un grupo de profesionales y lo demás son tonterías! Luego que vayan llorando al Parlamento Europeo y digan que los catalanes no respetamos la libertad de expresión. Les deseo, estamos en tiempos navideños y hay que ser buena, que provoquen un conflicto diplomático; como premio, se entiende.

Mientras, y para abrir boca porque Evo Morales necesita un blog para él solo, sorprende cómo se reflejan las informaciones en la prensa española acerca de lo que va a hacer con Repsol. El ABC le dedica la portada de hoy: “investigará Repsol en profundidad, pero no la va a intervenir” y luego el diario informa de una llamada a Zapatero que la Moncloa desmiente. El País, va un paso más adelante: "Morales sospecha que algunos contratos son nulos e ilegales". En El Mundo: "los de Repsol serán socios, pero no los dueños".

Yo, que sigo con los buenos deseos no dejo de pensar que ojalá nacionalice todo lo que ha prometido; en realidad, aunque sólo lo haga con la mitad sospecho que el país empezará a funcionar mucho mejor, y los países de su alrededor (EEUU mediante) empezarán a ponerse nerviosos. Lo dicho, parece que la izquierda latinoamericana lo tiene más claro que la nuestra.

Bueno, mañana entro con Ken Loach, ¡ay!, perdón, con León de Aranoa... a ver si me voy a confundir yo también.

En Alcampo recomiendan no comprar productos catalanes

En Alcampo recomiendan no comprar productos catalanes

Llevo días desaparecida porque nunca acabaré, si me pongo a escribir en el blog, un libro que tengo que entregar el 15 de enero, así son las cosas. Además, miles de textos se meten por en medio, así que decidí que ni me leía las noticias de política nacional, ni entraba a ponerme nerviosa con lo que escuchara casi de casualidad, ni vería telediarios hasta no tener acabado el libro. ¡Nobleza obliga! y una se debe a lo que se debe.

Pero siempre hay algún escape, algún hueco que no se controla y por el que se te cuela la información. El otro día, casi sin darme cuenta, Pepe Bono y Moratinos llevándose la contraria y luego -convenientemente recriminados por el aparato del partido- se daban una abrazo que intentaban parecer casual. Al día siguiente, María Teresa Fernández de la Vega, como única respuesta a Zaplana en el congreso, lanza un suspiro -¿se os ocurre mejor forma de contestar como vice ministra?- y pasa la palabra; poco después los del tripartit reafirman el pacto del Tinell, lo que le vale al PP para recordar que Carod Rovira había dicho que tenía "acojonados" a los del Psoe (y puede ser que sea medio verdad) y claro, avalancha de artículos antiestatutarios que me negué a leer para no perder el orden éste que me he impuesto.

Pero hoy, por fin, el agujero sin cubrir lo ha rellenado mi hermano, que me manda una publicidad de Alcampo que me deja sin palabras. ¿Habrán hecho la misma en Catalunya? ¿Tendremos que decirles, para que no se pongan nerviosos, algo tipo... no hace falta que compréis productos catalanes que ya los hemos comprado todos aquí para celebrar la victoria del Barça? O, para ser algo más sensatos. Si las estadísticas dicen que sólo de consume fuera un 4% menos del producto catalán, qué tal si les decimos que no nos molesta. Al fin y al cabo... ladran luego cabalgamos.

"La constitución puede ser modificada"

"La constitución puede ser modificada", dice Marín ahora mismo en la televisión desde el Congreso de los Diputados en el día de la constitución. Me tranquiliza, a mí Marín me parece un tipo inteligente, demasiado serio quizás, pero inteligente y rigurosos. Sigue hablando, sólo quedan cinco diputados de la primera legislatura de aquella constitución,  más de 13 millones de españoles han nacido desde entonces, y yo lo escucho y pienso que eso es bueno. A ver si con más nacimientos y menos diputados de entonces podemos plantear más reformas, pero debo ser la única que escucha, porque me sorprende como de fondo hay un murmullo insistente, un murmullo nos reflejan las imágenes que nos ofrete TVE -la nuestra, la de todos, la de Pepe Navarro, ¡ya ve usted!-. Es como si los señores diputados no hubieran ido a la escuela -¿no les habrán dicho a ellos, como a nosotros, que mientras hay alguien hablando los demás tienen que escuchar?- Llamazares hablando con Rajoy, un par de ministros intercambiando comentarios... sólo escucha ZP, bien está que se entere de la frase que encabeza este párrafo.

Ahora, dos frases de final: "Si las leyes tienen que ser las imaginadas por cada uno de nosotros no habría leyes posibles. Si los estatutos tuvieran que ser los imaginados por cada uno de nostros no habría estatutos posibles". No entraré, lo dice de final y como para que los que no escuchan presten atención a sus últimas palabras. Igual la utopía del cambio que cada uno de nosostros quiere no es posible, pero... ¿y acercarnos?

Temor a Cataluña, una artículo de Gibson

Leo en www.rebelion.org una artículo de Ian Gibson que ha publicado en El Periódico (www.elperiodico.es) y que os adjunto:

A ­mí, si he de decir la verdad, nunca me ha gustado el artículo 2 de la Constitución de 1978, con su dogma de “la indisoluble unidad de la Nación española” (el subrayado es mío, obviamente). Tampoco la primera cláusula del artículo 8, donde, entre las misiones de las Fuerzas Armadas, se consigna la de defender la “integridad territorial” de España.

El mensaje subyacente era, y sigue siendo, el de siempre: la unidad nacional española es sagrada –en la Magna Carta no se podía utilizar este adjetivo, por supuesto, tratándose del establecimiento de un Estado aconfesional, pero se da por sobreentendido– y cualquier conato independentista por parte de díscolos vascos, catalanes o gallegos constituye, en consecuencia, un atentado contra la voluntad divina. Exagero un poco, ya lo sé, pero me parece difícil encontrar una diferencia radical entre “la indisoluble unidad de la Nación española”, en la formulación constitucional que está hoy vigente, y las definiciones franquistas-joseantonianas de las esencias nacionales, con la obligada nostalgia imperialista (hacia Dios, si no había otra posibilidad).

Tanta obsesión secular con la unidad territorial sugiere que, en el fondo, se trata de una imposición artificial mantenida por la fuerza. Richard Ford, cuyo Manual para viajeros en España y lectores en casa (1845) es uno de los libros más agudos jamás escritos sobre este país por un extranjero –tal vez sobre cualquier país por un extranjero-, insistió mucho sobre ello. Por todos lados, pese a la tan cacareada unidad nacional, el inglés creía observar una tendencia innata hacia la disolución de la misma. España, en realidad, era a su juicio esencialmente unamalgamating –renuente a amalgamarse– , y apuntó con satisfacción un refrán oído en Jaén y que, en su estimación, le daba la razón: “Baeza quiere pares y no quiere Linares”.

A Richard Ford no le gustó Cataluña, que le recordaba la Inglaterra industrial. Había llegado a la península en busca de la España profunda, con sus reminiscencias árabes, sus bandidos, sus corridas, y sus guitarras. El catalán le pareció feo y no estaba dispuesto a adquirir ni sus rudimentos, él que era un considerable lingüista. Si no me equivoco, vio, apuntó, preguntó, indagó... y volvió cuanto antes al Sur.

Reflexioné mucho sobre Richard Ford durante el debate sobre el Estatut: sobre su incapacidad, fruto de arraigados prejuicios, para reaccionar inteligentemente ante el fet diferencial de Cataluña.

El debate ha puesto al aire las raíces del problema que supone Cataluña para el Partido Popular, tal vez el único partido político del mundo que vota en contra de absolutamente todo. No lo pueden decir, pero a mí me parece evidente que, en el fondo, más que odiar a Cataluña -algo que nunca admitirán- la temen. Y la temen porque saben que tiene capacidad para organizarse sola. ¿Y Portugal? No he oído ni leído a nadie, ni al facha más redomado, poner nunca en tela de juicio su derecho a ser Portugal. Y eso que Portugal, ¡si no recuerdo mal!, formaba parte un día de España.

Los dogmas existen, entre otras razones, para aplastar la heterodoxia. Cataluña es la heterodoxia de España, más que el País Vasco, más que Galicia. Y hace muy bien. El meollo del asunto está, naturalmente, en el idioma. Permítanme una pequeña comparación. Los británicos les quitaron a los irlandeses su idioma -y sus costumbres nativas- a punta de bayoneta y a cañonazo limpio. Aquello se pareció mucho a lo que se hizo en la España de los llamados Reyes Católicos con los “moriscos”. Bien es verdad que el celta subyacente ha conformado en inglés que se habla en Irlanda, con lo cual tenemos Ulises y otras cumbres de la literatura mundial, pero el hecho sigue siendo que el país quedó huérfano de su principal seña de identidad, que es la lengua materna. Esto no se olvida, no se olvidará nunca. Se trató de hacer lo mismo con el catalán. Las circunstancias no eran las mismas, pero el desprecio hacia otra cultura, hacia otra manera de ser, sí. ¿Se imaginan ustedes lo que habría pasado si, en una coyuntura histórica diferente, Cataluña, dueña de los destinos patrios, hubiera impuesto, o procurado imponer, su idioma al resto del territorio? ¿La que se habría armado?

Me impresionaron la magnanimidad, el buen hacer y el seny de los catalanes participantes en el debate de presentación y defensa del Estatut en el Congreso de los Diputados (soberbia y sabia lección la de Durán Lleida).

No noté en ninguno de ellos odio y resentimiento ni rencor. Pude constatar con satisfacción su pleno reconocimiento de la contribución de los inmigrantes de otras regiones españolas al fortalecimiento de Cataluña. Y celebrar, como no, su tremenda voluntad de construir una Cataluña más libre, por el momento dentro del Estado actual, Estado que muchos esperan -yo también- que vaya evolucionando hacia una configuración plenamente federal.

¿Apocalypse now? ¿Mañana? Si Cataluña consiguiera ser mañana un Estado “independiente” dentro de la nueva estructura de Europa, convirtiéndose en el Portugal del litoral este de la península, ¿sería el fin del mundo? No lo creo. Tampoco el fin de España.

Pero no teman los dueños inmemoriales (por la gracia de Dios) de la finca nacional. La gran mayoría de los catalanes no plantea así la cuestión. En el fondo, sólo pide, me parece, que ustedes asuman, de verdad, que Cataluña es, legítimamente una “altra cosa”. ¿Tanto trabajo les cuesta?

¡Rajoy escribe con faltas de ortografía! debe ser del Real Madrid

Yo, qué queréis que os diga, que en la carta que le ha enviado Rajoy al Presidente del gobierno a propósito de la Ley de Educación, pero con intenciones conciliadoras propias del partido mayoritario de la oposición, haya faltas de ortografía me pone a bien con el PP. ¡Claro! ellos lo que quieren es que todos los escolares acaben escribiendo y pensando como ellos, o sea con errores, ahora sí tiene sentido. En fin en fin... que acabarán echando a algún becario que tengan en la sede en lugar de plantearse si no será que alguna vez Mariano (marianico, que lo llamarían en sus tiempos mozos) deberá afanarse en aprender a escribir cartas.

 Y el caso es que estos del PP son capaces de darle vueltas hasta a lo que no las tiene. Son capaces (lo escucho ahora de un historiador de los derechas retrógrados que aún corren por nuestras factultades) de argumentar que las estatuas de Franco hay que mantenerlas porque forman parte de nuestra historia; son capaces (Fraga y sus entrevistas) de pedir que se mantenga el pacto de la transición porque la derecha no ha reclamado su memoria histórica; son capaces (Zaplana) de pedirle cuentas al PSC por los millones que le ha perdonado La Caixa, mientras aseguran que los que les ha perdonado CaixaGalicia al PP gallego no tienen la misma relevancia... en fin, que son capaces de argumentar lo que no tiene argumento.

Por eso yo, ayer, que soy futbolera sólo cuando el partido se lo merece, mientras veía al Barça golear al Real Madrid casi sin sudar la camiseta no podía evitar pensar: ¡Dios! este es el argumento justo para que el PP, ahora sí, pida que se pare el Estatut, estos no aguantan una segunda goleada con méritos ni de coña y como aquí resulta que no tenemos árbitros...

Se me agolpan los temas

Uno tras otro, hasta tal punto, ya lo veis, que ni siquiera me he puesto a escribir de buena mañana, que es lo suyo y me siento ahora frente al ordenador. Se me agolpan, digo, porque esto del treinta aniversario de la entronización (no hay palabra más horrenda en el diccionario) del Juan Carlos está trayendo más cola (asociada) de la que imaginaba.

Me llama Magda Bandera (www.magdabandera.com) de buena mañana para que ponga la televisión porque está hablando Pío Moa. La pongo porque es amiga, pero no me arriesgo a tomarme mi café con leche reglamentario del desayunos para que no se me corte la digestión. Acierto. ¿Este hombre no dice más que barbaridades? Apago la televisión.

Al hilo de lo mismo. Leo en la red que han echado a un columnista de el diario 20 Minutos porque ha puesto a parir a Losantos. ¡No me extraña, pienso! (que lo pongan a parir), pero leo el texto y confirmo que se la ha ido. Aunque... Más barbaridades dicen los dos juntos, más muertos se inventan, más tensión social provocan los dos anteriores y nadie les dice nada, es más, ni los llaman al orden.

Sigo. Fraga concede una entrevista a Il Corriere de la Sera y dice lindezas del tipo "franco será reconocido en la historia por la labor que realizó en España desde 1936 hasta 1975". Y acto seguido se queja de que el gobierno socialista de ahora esté queriendo recuperar la memoria histórica. "La derecha -dice- no se ha dedicado a levantar resquemores." Lo vuelvo a leer por si me equivoco. No. He leído bien. "Hasta Felipe González fue capaz de respetar el pacto de la transición". No sigo leyendo, porque he empezado después de comer y no he tenido la prudencia de hacerlo antes de meterme algo en el estómago y noto que se me revuelven las tripas.

Intento cambiar de aires. Veo que en Melilla, hace unos días, retiraron una estatua de Franco, me alegro. Pero, ¡hoy! resulta que la han vuelto a poner en su sitio, que el alcalde la había retirado solo para hacer obras en los alrededores. En el PP no se plantea la retirada de estatuas del caudillo.

¿Sabéis qué os digo? que aunque sea Garzón, el juez de las portadas de los diarios, el encargado de mover todo lo de memoria histórica, estoy deseando que decidan derribar el Valle de los Caídos, porque ya está bien.

¿Qué une a Torrente y Mercedes Milà?

La verdad, no tenía muy claro si escribir o no hoy un post, porque el tema (no podía ser de otra manera) iba a ser el reportaje que ayer por la noche emitió Tele 5 presentado por Mercedes Milà sobre la existencia de fascistas en España. No lo sabía porque -como dice Jaime- en estos casos la mejor forma de quitarles importancia a fascistas y antidemócratas es no hablar de ellos, pero cuanto más pienso en lo que vi ayer más miedo me da y entonces no puedo dejarlo a un lado porque me ha preocupado y mucho. Se me ponen los pelos de punta pensando en esa mujer que cantaba el "Cara al sol", en esos jóvenes que ondeaban la bandera en el sitio en el que estaba la estatua de Franco que retiraron en Madrid, esos universitarios que abucheaban a Santiago Carrillo en su intervención en la universidad, o en esos ancianos que todavía eran capaces de decir que con Franco se vivía mejor.  El caso es que ayer en el reportaje se escucharon frases tan ¿escalofriantes? ¿Tristes? ¿Deprimentes? ¿Preocupantes? ¿Alarmantes? como "ZP es perfecto, porque está creando un caldo de cultivo parecido al que tuvimos en España en el 36". O "el uso de la fuerza está justificado cuando se quiere evitar que una sociedad se dirija por los derroteros democráticos en los que se mueve la nuestra" o "Soy de Girona, soy español y estoy aquí -en una manifestación de Falange- para demostrar que todavía existen fascistas en España y que estamos dispuestos a eliminar toda la chusma -emigrantes e izquierdosos- que tenemos en este país".

Os juro que no soy de carácter derrotista, pero que si hay algo que explica la cantidad de espectadores que tiene Torrente son estos grupos neofascistas. La verdad. Que se sienten identificados con emblemas y actitudes. Si yo fuera Santiago Segura valoraría si el dinero compensa. A mí no me compensaría está claro.

Una, a priori, no entiende cómo un personaje como Torrente cala tan hondo, aunque seamos un país de cutres y de mediocres, y confía que la mayoría de espectadores vaya a verlo como catarsis de la España que fue y que no volverá, pero en realidad muchos de los espectadores de Torrente van a ver la España que conocen y añoran, la España de la bandera anticonstitucional y los bustos de Franco, la España que no tolera la entrada de emigrantes y que cree que ser demócrata es una desgracia que se debe corregir. Os aseguro que si el nombre y la bandera de España se menciona en estos contextos y se ensalza de esta manera, lo que me extraña es que no haya más gente que decida no sólo no mencionarla, sino además no sentirse vinculada a ella ni a nada de lo que simbolice. Los símbolos lo son en tanto significan algo y dejan de serlo -o se manifiesta uno en contra- cuando el referente es contrario a lo que uno piensa. No sé yo si este tipo de grupos, en realidad, no estarán consiguiendo que uno se plantee que no siente nada por una bandera que defienden personajes como los que vi ayer.

¿Preocupación por vascos? ¿Catalanes? ¿Por el estatut? Yo, la verdad, me preocuparía mucho más por los militantes de falange y alrededores que, estos sí, se atreven cada vez que pueden a apostar por el uso de la fuerza caso de no coincidir con ellos. "No utilizamos la violencia porque no tenemos al ejército de nuestra parte, no porque no le haga falta a este país", no sé qué más puedo decir salvo que espero que estos miles de afiliados acaben por entender que la violencia no es la forma de solucionar las cosas aunque, me temo, llevan demasiados años acumulando odio y tiene poca capacidad de razonamiento, funcionan por consignas.