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Carmen Domingo

Sí, vale, Pinochet se ha muerto, ¿y ahora?

Parece que en Chile ese refrán tan español de "muerto el perro se acabó la rabia" no acaba de ser cierto -como tampoco es cierto aquí, dicho sea de paso-. Hoy he estado viendo parte de los funerales oficiados al dictador chileno y no sólo los brazos fascistas en alto ponían los pelos de punta, sino también los abucheos que se iban escuchando contra el gobierno de Bachelet que no debe tenerlas todas consigo.

De hecho, el funeral parecía más bien una manifestación de apoyo a la dictadura -torturas, asesinatos, violaciones de derechos humanos... y se murió en la cama a los 91 años, nada mal- que de duelo de un muerto. Difícil, pero desde mi punto de vista loable, la aparición que ha tenido que hacer la Ministra de Defensa chilena Vivianne Blanlot. Que ha tenido que aparecer rodeada por los comandantes en jefe del Ejército, La Armada, la Aviación y el director de Carabineros. Sorprende que todavía hoy Pinochet  pueda ser enterrado con el uniforme de gala del ejército, con una bandera chilena que tricionó a los 19 días de recibir su nombramiento, y con discursos de curas y militares justificando el golpe de estado. Sorprende pero así son las cosas. 

Y mientras desde España, que oficialmente como era lógico, no hemos enviado a nadie, Manuel Fraga no ha podido resistir la tentación de decir la enésima barrabasada -lo que pesa el pasado-: "Mire usted, Pinochet se ha muerto. Paz a los muertos. Había un régimen de un señor, Allende, que con todos mis respetos murió en medio de todo esto, que había dejado el país en el caos total. Intervino un militar, ya se supone que siempre tiene aspectos violentos. Lo que no hay duda es que todavía tiene unos partidarios Pinochet. Podía haber cometido algunos excesos pero, en principio, dejaba un país mejor de lo que se lo había encontrado". Diga usted que sí, don Manuel, y viva España, por si acaso.

 

En fin...

Y lo peor es que sí, como dice Benedetti, "la muerte le ha ganado la batalla a la dictadura", de hecho, mi padre y yo hemos intentado hacer memoria este mediodía de cuántos dictadores habían recibido una muerte justa -y no se entienda con esto que yo está haciendo apología del asesinato, pero sí de queja a las faltas de juicios-  y sólo se nos ha venido a la memoria la de Mussollini. Los demás en su mayoría de viejos, gozando de privilegios no imaginables, rodeados de sus seres queridos a quienes dejan las espaldas bien cubiertas y sin amago de arrepentimento. Se me ocurre que, como todos ellos creen en dios, la justicia divina se encargará de castigar sus crímenes, el problema -para los que no creemos en este tipo de justicias divinas- es que todos aquellos asesinados, toturados... todos aquellos que sufrieron su yugo, los que más han tenido siempre que perder, esos, ni siquiera tendrán la tranquilidad de un veredicto de culpabilidad por violar derechos humanos.

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2 comentarios

Juan -

Pero a ese no interesa. De echo ni lo nombran ¿Es que es un dictador?

Al rey de marruecos que tampoco ha matado tampoco lo nombran

Antonio -

Aun se está a tiempo de aplicar la acción de la justicia sobre un dictador: Fidel Castro
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