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Carmen Domingo

Última crónica desde Tokio... ahora sí que sí

Todo pasa y todo llega, como diría la canción setentera en cuestión y es más cierto que na. De hecho, ahora que pienso, y sin venir al caso, todas las canciones con letra que triunfan es porque recurren a los tópicos que es una delicia, ¿no? POr cierto, y hablando de tópicos, nos hemos bajado el trailer de Torrente 3 desde su web (que está peor hecha que si la hubiera creado un becario de primer ciclo) y promete bastante. ¡España es lo que tiene, recurres a los mitos de la España profunda y triunfas!

Bueno, tonterías a parte. Hoy ha sido mi último día -esta siendo, sería lo correcto- en Tokio. Por la mañana nos hemos ido a la estación de Shinagawa a comer unos ramen (tremendos de buenos y por lo visto de los más famosos de la zona, de hecho hemos tenido que hacer cola para poder comer) y luego a coger la Yamanote para ir a Shibuya y, aprovechando que estábamos allí, hemos entrado a unos almacenes que han abierto hoy mismo dentro de la estación. Sí, leéis bien, han abierto dentro, o sea, están pensados sólo para las personas que han pagado su billete de entrada al metro y que, antes o después, aprovechen y acaben comprando algo, como de hecho hemos hecho nosotros: yo unos calcetines para ponerme con mis zapatos de tacón y punta cuadrada rollo setentero que me compré ayer, mi hermano una revista y mi cuñada una libreta, y cada uno de nosotros un zumo. Así son las cosas por aquí.

Como os he dicho estábamos en la estación y nos dirigíamos a shibuya donde, como es de los barrios donde no dejan fumar, han habilitado unas salas (a modo de tienda) donde hay ceniceros y taburetes para que la gente entre a fumar. ¿Se os ocurre algo más moderno y civilizado? Allí vueltas y más vueltas, tiendas y más tiendas, niñas vestidas de gankuro (he hecho fotos!!), y a cenar, en esta ocasión en una izakaya -taberna-, que ya pensaba yo que no iba a probarlas este viaje, y me encantan y a Ferrán Adriá imagino que también.

Y así, tras alguna compra que no pienso confesar porque no debo, tras más de una foto que no todas serán mostradas, porque no procede, de nuevo a casa, parada en la combini (mini super de barrio donde hay de todo, de todo, lo indispensable y no tan indispensable, para una casa y que abren las 24 horas) donde cada uno se ha comprado la bebida de final de día característica: mi cuñada leche de soja con no sé qué, mi hermano un té y yo un café latte y una gelatina de fibra. ¡Lo que son las cosas!

Hoy no martirizo con MAragall, acabo de leer la entrevista en El País y destila corrección política. ¡Para lo que le va a servir!
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2 comentarios

Guillermo -

Siento cierta curiosidad por esas compras inconfesables...
No puedo evitar ser cotilla ;)

Nicolás -

Yo no he visto la peli todavía, pero probablemente iré a verla. Hoy he "colgado" un "post" sobre ello...
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