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Carmen Domingo

El gran escaparate de Tokio

Faro de la modernidad japonesa, Tokio es una de las ciudades más dinámicas del planeta, con una densidad de población extremadamente alta, 14.000 personas por kilómetro cuadrado, casi dos veces más que Nueva York. Desde Tokio se lanzan al resto del mundo las modas a un ritmo desenfrenado, ya sea a través de la pantalla gigante de Studio Alta, el nuevo prototipo de modelo urbano situado en el barrio de Shinjuku, o de las callejuelas llenas de electrodomésticos y lo último en electrónica del ciberbarrio de Akihabara, sin olvidar la modernidad que rezuma la reciente edificación de The National Art Center.

Así, esta megalópolis, que cuenta en su área metropolitana con tantas personas como toda España, ha creado también un discurso urbanístico que pone el énfasis en las dificultades que supone la superpoblación, sin perder de vista que es, y seguirá siendo, un ejemplo de vitalidad y dinamismo.

Y es en Ginza, uno de los barrios más chics de Tokio y también uno de los más caros del mundo, donde más claramente se ejemplifica lo anterior. Ginza -ejemplo como pocas zonas de los excesos del lujo y el consumismo asiático- es la zona en la que podemos adquirir -o soñar con que lo hacemos- el complemento que se nos ocurra de cualquiera de nuestros diseñadores favoritos: Vuitton, Hermès, Dior, Gucci...; pero también el último modelo de Sony, el último coche de Nissan o el iPod más reciente de Apple, que no sólo de modernidad en el vestir vive el fashionista. Aunque se encuentra la juguetería más antigua de Tokio, los quimonos más exquisitos, el primer centro comercial que se construyó en toda la ciudad, algunas tiendas dedicadas por completo al popular deporte del golf, o siete department stores que, para tranquilidad del comprador, cierran cada uno un día de la semana diferente.

Lugar de la plata

Y, como si de una casualidad se tratara, la traducción de Ginza es "lugar de la plata". Fue en el lejano siglo XVII cuando recibió su nombre, tras construirse una casa de la moneda en la zona que se convirtió en distrito de comerciantes. A partir de ese momento, y quizá derivado de ese mismo azar, se asentaron en ese distrito de Tokio la mayoría de comerciantes de la región. Fue a finales del siglo XIX, tras la apertura de Japón a Occidente, cuando el barrio vivió un proceso de modernización incomparable y se construyeron un buen número de edificios, en su mayoría dedicados a centros comerciales. Todavía hoy Ginza cuenta con el almacén más antiguo de Japón: el Ginza Wako. Esta construcción de 12 plantas, coronada por un enorme reloj Seiko, fue inaugurada en 1932 y desde entonces se vende en su interior toda clase de artículos de lujo.

No hay duda, el país del sol naciente se ha convertido en el exponente mundial del lujo. No hay más que ver la adoración que sienten sus gentes por las firmas más exclusivas; tanto, que los gigantes de la moda han creado sus insignias en el lugar más exclusivo de Tokio, Ginza. Así, los japoneses decidieron establecer en sus calles verdaderos templos de la moda, para los que buscaron un concepto arquitectónico innovador que reforzara su posición en el mundo del diseño -es la única ciudad del mundo donde encuentras las colecciones completas de las grandes firmas-. La clave es crear un edificio que sea a la vez una tienda espectacular y un emblema corporativo, que rompa con los esquemas establecidos y se reconozca en todo el mundo.

Variaciones luminosas

Gracias a eso, en la actualidad, podemos disfrutar de las construcciones más arriesgadas de algunos de los más importantes arquitectos contemporáneos. Desde la singular tienda de Jun Aoki para Louis Vuitton, con incrustaciones realizadas con el mismo mármol blanco usado en el Taj Mahal; pasando por la fabulosa megastore de Chanel, diseñada por Peter Marino, cuya fachada ha sido construida por una especie de cortina de vidrio que incluye diodos luminosos que se encienden por la noche, o el elegante edificio de Renzo Piano para Hermès, con su fachada de pavés y su interior de luminosidad cristalina o metálica, serigrafiado con delgadas líneas de oro, formando una película que refleja las variaciones luminosas del cielo. También Prada está en Ginza, un edificio futurista de seis plantas, diseñado por los suizos Herzog & De Meuron, revestido de cristal y acero formando rombos, como si fuera una colmena azul durante el día y un templo brillante por la noche. Gucci culminó hace pocos meses su imperio en Japón con una espectacular torre de cristal de ocho plantas, realizada a base de láminas de acero y cristal, creación de James Carpenter; por la noche se ilumina a través de una instalación de luz creada por el artista Shozo Toyohisa.

Louis Vuitton no quiso quedarse atrás y edificó una fachada de hormigón en la que se ven unos cuadraditos que contienen más de 30.000 tubos de luz que ofrecen una iluminación sorprendente durante la noche, mientras que, en su interior, miles de anillas de acero cuelgan del techo formando las distintas dependencias del edificio. Los zapateros de Tod's proyectaron su sede en la capital japonesa y Toyo Ito materializó la idea en el centro neurálgico de Tokio edificando un diamante de seis caras que forma la silueta de árboles entrelazados. Los premiados arquitectos de la casa Dior en Tokio, los nipones Sanaa, realizaron un proyecto blanco impoluto que tiene una primera vestimenta de vidrio y una segunda que se transforma convirtiéndose en un mural con el logo Dior... ¿Quién da más?

Todos estos edificios son una muestra de una tendencia imparable que está impulsando a las grandes firmas de lujo a levantar sus flagship -tiendas insignia-, verdaderos templos arquitectónicos. Así que si alguien dice que Ginza es a Tokio lo que la Quinta Avenida es a Nueva York, o que lo más cool está en París, no te lo creas. Ginza es más, mucho más...

CARMEN DOMINGO 12/05/2007  El País El Viajero

 

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