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Carmen Domingo

El congreso del PP y una vuelta de tuerca de Verdú

Cuando uno de los dos grandes partidos de España (resignémonos, sólo hay dos y resignémonos, también, no debe ser casual ni una invención hispana) hace un Congreso, como ahora el PP, el otro, no le queda otra, tiene que "robar como pueda" minutos al oponente en los medios de comunicación y para ello contraprograma algún acto... digamos masivo, o de expectativa masiva. Y así lo ha hecho el PSOE, aprovechando el Congreso del PP que, dicho sea de paso desde marzo del año pasado ha aumentado en casi 100.000 militantes su nómina (preocupante, preocupante, casi tanto, de hecho, como esos diez millones de votantes que tienen y que parece que se nos olviden a todos). Pues bien, como decía el PSOE, y su estrategia de márketing en ristre ha desplegado todos sus encantos en un par de celebraciones multitudinarias para darse las gracias (sí, es curioso, pero así es) a sí mismos por lo bien que ha llevado lo del anteproyecto de ley para legislar los matrimonios gays. Les va mucho esto a los socialistas de agradecerse una y otra vez lo buenos y lo bien que lo hacen, tampoco es una sorpresa y sino que le pregunten a María Teresa Fernández de la Vega que está encantada consigo misma y con su ¿feminismo? y sus nuevos puntos para favorecer la integración de la mujer en todos los sectores de la sociedad de forma igualitaria. Lo entendemos distinto, el feminismo, digo, está claro, pero voy a darle un voto de confianza, que no se diga, y veremos si ayudan al reconocimiento como igual de la mujer. En ese caso, incluso soy capaz de darle la razón.

De hecho parece mentira que en el 2004 todavía tengamos que estar con estas estupideces, legislándolas digo. ¿Cuándo no hará falta que legislemos la igualda de derechos entre los que ya son iguales?

Mientras, el que sí que está sorprendido es Ruiz Gallardón, él que creía que ahora sí que le había llegado su momento, ahora va y resulta que Mariano no ha tenido a bien incluirlo en la nueva "comitiva" de PP de pro que ha dado hoy en el Congreso. Me temo que él, que había pedido autocrítica en el PP, tendrá que hacerla consigo mismo si lo que pretende es, como parece, llegar un día a ser el presidente del PP y quizás de España. ¿Cómo se le ocurrirá a Alberto Ruiz Gallardón, a estas alturas de la película, pedir autocrítica cuando José Mari sigue diciendo que lo que dijo e hizo está bien dicho y bien hecho? En fin...

Yo, sin embargo, me tranquilizo tras el cierre de hoy del congreso pepero y de sus puntos básicos. Piden el sí para la Constitución europea. Aunque, ahora... ¿a quién acusarán de hacer pinza los del PSOE si son ellos los que coinciden en todo salvo en una Europa con valores cristianos? Me temo que la campaña va a ser de los más aburrida.

Por cierto, casi se me olvidaba, el "amigo" Vicente Verdú retoma el tema de los rumanos en El País de hoy sábado, dice que no lo hemos entendido (los catalanes, puntualiza), que le han llegado críticas de su artículo de la semana pasada. Empieza acusándonos de ¿idiotas?, él nos llama malos lectores: "Decía Unamuno que el lector lee, por lo común, aquello que espera leer y no percibe claramente lo que no encaja en sus casillas del bien y el mal. Es decir: el que no quiere entender no entiende." Yo casi que me atrevería a puntualizar, que quizás él no es tan buen escritor como se piensa, y no sabe decir con palabras lo que piensa. Les pasa a muchos señor Verdú, sólo hay que dedicarle tiempo a la escritura y leer mucho, mejor si además lo entiende, claro.

Aclara, para quitarse la espinita, que es valenciano de nacimiento, familia y, casi, "profesión" y que habla no sólo en la intimidad la lengua de Ausiàs Marc. Dicho esto mantiene que la reforma de convergencia ha perjudicado más que beneficiar. Ahora, en fin, la que puntualiza soy yo, porque una cosa es que el artículo del sábado pasado me pareciera una soberana estupidez (no sé si el señor Verdú está traducido a alguna de las lenguas de la península que no sea el castellano, pero espero que no) y otra muy distinta que la política de convergencia me parezca una buena política lingüística y sque esté de acuerdo con la "imposición fascistoide", como dice usted, del nacionalismo, entiendo sólo el catalán. En fin... si de leer y entender se trata, me temo que al señor Verdú le quedan unas cuantas horas de estudio y, sobre todo, de limpieza centralista fascistoide de la cabeza.
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