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Carmen Domingo

Baltasar Porcel o lo mal que sienta que el Tripartit te deje sin cargo

Que el Tripartit pone un circo y le crecen los enanos no es una novedad. Desde que empezó la complicadísima legislatura en la que nos encontramos son muchos los que se creen que tenían que haberlos incluido en esta o aquella consellería, haberles dado este o aquel cargo o esta o aquella Creu de Sant Jordi... Y claro, todos estos que se quejan están tan faltos de imaginación que no se les ocurre más que montar un partido o pedir ayuda al Estado Español... en fin, pataleta de niño pequeño sin ofrecer, la verdad, muchas alternativas.

Junto a estos quejosos del Tripartit están los revisionistas históricos, ya sea sobre la Segunda República o la Guerra Civil. Temas que están de moda y de los que se han inventado hechos, dichos y actuaciones hasta la saciedad. sin embargo, pensaba yo que bastante teníamos con personajes como Pío Moa o Federico Jiménez Losantos y los adláteres que les colean como inventores de falacias o mentiras históricas.

Sale ahora un tercer grupo, el del descontento del Tripartito, que además se hace revisionista: ¡Baltasar Porcel! A quien, si no me equivoco, tras darle el cargo -institucional, por supuesto; durante uno de los gobiernos de Convergencia, claro- de Director del Institut de la Mediterrànea y tras disfrutarlo unos cuantos años, tuvieron a bien decirle que se fuera porque... ¡mira tú qué gracia! había unos gastos de gestión poco justificables. No sé, me parece que gastos en taxis, billetes de avión, comidas, cenas... ¡ah! y no sé si incluyó, también, las traducciones de todas sus obras al sueco, por aquello de que Baltasar Porcel siempre se ha creído que se mereciera el Premio Nobel y así los suecos podían disfrutar de su prosa, paso previo para que te consideren para el galardón. Deméritos literarios a parte, porque por suerte siguen teniendo criterio literario en el Norte de Europa.

Bien, pues ahora le da por ponerse revisionista, y en La Vanguardia de hoy ha escrito: "Ha pasado el 18 de julio y se ha repetido el festival ideológico habitual, haya sido mediático, institucional o compartido, y tan antifranquista como republicano, que ha satisfecho a quienes comulgan con tal ortodoxia y lógicamente a quienes sufrieron en sus carnes las consecuencias del desastre. Pero muchos otros se han sentido despreciados una vez más, aunque no por ser fascistas, como quiere el maniqueísmo izquierdista, sino porque antes que la sublevación militar estalló la revolución social e izquierdosa, cuyos desmanes y asesinatos constituyeron la culminación de una república que había llegado henchida de tantas ilusiones como que transcurrió plagada de caótica ineficacia, todo lo cual fue también incapaz de controlar la Generalitat de Catalunya, lo que decepcionó y dañó a igualmente mucha gente que no participaba de la situación establecida." No sigo por no dar cancha .

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1 comentario

Zenia -

Saludos isleños.

En este mismísimo minuto el mundo se pregunta ¿Dónde está dios?. ¡Y tantas iglesias que lo adoran¡
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