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Carmen Domingo

literatura y cine

Mi querida hija Hildegart

Mi querida hija Hildegart Al final, a partir de hoy en las librerías mi último libro!!

Mi querida hija Hildegart
Una historia que conmocionó a la España de la Segunda República

Con prólogo de Almudena Grandes

El 9 de junio de 1933, un crimen convulsionó a la opinión pública española: Aurora Rodríguez Carballeira asesinó de cuatro tiros a su hija Hildegart mientras ésta dormía. La joven, con tan sólo dieciocho años, era una de las mujeres más destacadas de la recién nacida Segunda República. Había publicado varios libros sobre educación sexual y el papel de la mujer en la sociedad moderna, era periodista y miembro de las Juventudes Socialistas. Una vida y una trayectoria con un enorme potencial, segadas por un acto en apariencia incomprensible.

Detrás de aquella página de sucesos hay una compleja tragedia, cuyos actos y cuya significación se analizan e interpretan aquí, de forma exhaustiva, por vez primera. Tan protagonista de la historia como Hildegart lo es su madre, una mujer que había asumido la maternidad (nunca se supo quién era el padre de la joven) como modo de llevar a cabo su propio programa educativo: crear a un ser perfecto, formar a una «muñeca de carne», según ella misma decía.

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

"Crónicas del asfalto", de Samuel Benchetrit

Agradezco muchos la mayoría de las elecciones de Herral, digo Herralde porque supongo que es él quien da el último Ok a los libros que se publican. El caso es que tiene la gran intuición de ofrecerme siempre autores que desconozco y que por lo general (en el caso de las novelas cortas) a mí me interesan.

Así ha sido con "Cónicas del asfalto", un librito corto, que he leído en el viaje de vuelta de Berlín. Agradezco estos narradores que, igual que Amelie Nothomb -aunque he de confesar que su última novela me ha decepcionado- hacen gala de una economía de lenguaje que agradezco y que no me impide entrar en la historia. Silencios y conversaciones cortas y concisas nos hacen entrar en su infancia de un modo claro, aunque nos dejan con la duda de cuánta realidad hay en esta novelita que- dice Benchetit- es autobiográfica. Y, preparémonos, Crónicas de asfalto" es la primera de cinco novelas a través de las que nos hará su autobiografía. Nada mal si tenemos en cuenta que nació en 1976. 

En este primero "El tiempo de las torres" Benchetrit nos cuenta su infancia en un suburbio francés, nos presenta a sus amigos, nos acerca a sus vecinos inmersos en el extrarradio parisino eliminando muchos de los tópicos que tenemos asociados a un vida como la suya y nos pone en el disparadero de salida hacia lo que será su comienzo profesional.

Yo, desde luego, estoy a la espera del resto de títulos. 

Ángel González

A mí Ángel González me parecía un excelente poeta y, además, lo que es más importante me caía bien. Lo conocí en un curso de El Escorial del que él es el mejor recuerdo: hablar, beber, salir, aguantar hasta las tantas por el solo placer de conversar -el aguantaba, de verdad lo digo, mucho más que los que éramos bastantes años más jóvenes. Luego he ido coincidiendo con él en mis viajes madrileños, en casa de sus amigos que también son los míos.
Os dejo aquí la columna de Almudena Grandes que publicó en El País (21/2/2008), se puede decir más pero no mejor.

ÁNGEL

A Ángel González no le gustaba el tomate. Llévese usted el paisaje, que no me interesa, solía advertir a los camareros cuando andaba alguna ensalada de por medio. Le encantaba la mayonesa, que comía con cualquier pretexto o sólo con pan. También le gustaban los gatos, y aún más los niños, aunque no lo pareciera. Ellos le adoraban, porque les enseñaba canciones y les daba siempre la razón frente a sus padres. Era feliz con una guitarra y unas rimas de José Alfredo Jiménez en los labios, pero a mí no me dejaba cantar, porque lo hago muy mal. Hazme caso, me decía, que es por tu bien. Yo le hacía mayonesa y no cantaba. Le quería.

Era difícil no querer a Ángel. Era imposible no amar la vida a través de su entusiasmo por la vida. Todas las cosas buenas de este mundo donde nos ha dejado huérfanos y a oscuras, tenían que ver con él. La poesía y la risa, la palabra y la música, la alegría, la amistad, el calor, la luz de las mañanas de verano, el circo y el amor. Cuando era joven, Ángel se enamoró de una trapecista y le dedicó un soneto inolvidable, me he quedado sin pulso y sin aliento separado de ti. En su madurez, escribió los versos más hermosos para Susana Rivera, este amor ya sin mí te amará siempre. Hace unos días se fue, se ha ido. Y me he quedado sin pulso y sin aliento, con un amor que sin él le amará siempre.

Ahora tendré que aprender a vivir sin Ángel y no será fácil, porque ha dejado tantas luces encendidas que no sé como voy a apagarlas. Nunca volveré a cantar, pero en mi pobreza guardo el consuelo de su memoria, la certeza de que, más allá de la dura infancia de un hijo de vencidos, todo fue justo en la vida de un poeta leído, querido y admirado como muy pocos. Todo. Incluso el rencor torpe y envidioso de un mezquino cortesano literario que, al parecer, no ha tenido bastante ni siquiera con el premio Cervantes.

Mil soles espléndidos o cómo ser mujer en Afganistán e intentar resistir

Ser mujer no es fácil. En Barcelona, en el 2007 la verdad es que tenemos más de una herramienta que nos premita salir al paso, o luchar por ello, pero ¿qué pasa en países como Afganistán?, pues pasa de todo, claro y fundamentalmente a las mujeres les toca vivir situaciones injustas. Tras leer "Mil soles espléndidos" si algo queda claro es que no es fácil ser mujer en Afganistán con el agravante de que, en las últimas décadas, ha ido variando su espectro político hasta quedarse en una situación especilamente adversa para ellas.

Tras la caída del régimen comunista empezaron a imperar unas leyes tribales que consiguieron que Kabul -entonces una ciudad cosmopolita- acabara por convertirse en foco de inteolerancias integristas: buka, denuncias, lapidaciones públicas... y así hasta ciento. Hay mil soles en Afganistán, porque hay mil mujeres que sufren de distinta manera todos esos cambios y todas esas injusticias y observan atónitas desde el burka una situación a la que, en la mayoría de los casos, no pueden poner freno ni de la que pueden escapar. Y este es el panorama que vamos viendo a lo largo de una novela que acaba por enganchar y hacer que la leamos de un tirón.

Las protagonistas, Laila y Mariam, dos mujeres casadas con el mismo hombre. Una madre de dos hijos, la otra no consiguió nunca quedarse embarazada. Tras superar distintas fases en su relación, el único resquicio que le queda al lector es una amistad que se crea entre ellas que acaban por establecer una unión que mantiene la esperanza en la situación que viven y de la que intentan escapar.

Rosa Regàs y mi estancia en Lanzarote

Este fin de semana he estado en Lanzarote en un Congreso que han organizado -como organizan cada año- en la asociación Mararía. Siempre que voy de "bolos" por provincias acabo encantada. Así son las cosas, y lo cuento casi siempre. Veo parte del país que desconocía, o la veo con otros ojos, conozco a gente distinta con puntos de vista alejados de mi realidad barcelonesa, en fin que suele ser una experiencia interesante.

En esta ocasión, además de ver Lanzarote y sus impresionantes montañas del Timanfaya, de ver la exposición dedicada a Saramago explicada por Pilar de Río -privilegios de conferenciante- he coincidido con Rosa Regàs con quien, hasta ahora, no había coincidido como para hablar un rato largo. Y, aunque a mi alrededor hay más de una mala lengua que me había predispuesto en contra, lo cierto y verdad es que a mí me ha parecido mucho más interesante, amén de símpática, republicana y de izquierdas de lo que pensaba. Total, que ha sido un acierto Lanzarote y conocerla. Así que espero, de momento, leerme los libros que me ha recomendado. Me sumerjo en la literatura afgana. Ya os contaré.

De Lidia Falcón a la falta de rigurosidad de un libro de cine

La verdad es que ha sido esta una semana agitada en lo que al mundo del libro que me rodea se refiere. Agitada, digo, no sólo porque estoy a punto de entrega de la biografía de María Teresa León y ultimando detalles de la biografía de Hildegart Rodríguez, sino también porque he estado en la presentación del último libro de Lidia Falcón -"Al fin estaba sola"-.

Yo a Lidia Falcón sólo la conocía de oídas y de leídas, y cuando me llamaron de la editorial Montesinos a ver si quería participar en la presentación me sorprendió y me pareció la mejor de las maneras de coincidir con ella y conocerla. Y, si he de ser sincera, confesaré no sólo que me sorprendió gratísimamente -a veces una tiene reticencias injustificadas cuando se acerca a alguien tan conocido- sino que además me ha parecido de lo poco coherente que a día de hoy sigue paseándose por las calles de este país nuestro. Quizás por eso, pensé yo, le están dando poca cancha en la prensa, porque tiene muchas cosas muy, muy claras y muy poquitos pelos en la lengua. Y eso, ya se sabe, en este país gusta poco. Poco porque a nadie le gusta que le recuerden qué decía hace treinta años y qué dice ahora, qué nos venden las leyes y qué nos llega de eso en realidad, o dónde estamos y eso qué significa. O sea, volvemos a los inicios, a mayor capacidad, menor repercusión, es un clásico made in spain. Si Lidia Falcón estuviera por los platós celebrando que tenemos un 38% de mujeres en edad laboral trabajando en España, en lugar de preguntarse porqué la media europea se acerca al 75% y nosotros no, lo que dice muy poco de cómo nos encontramos aquí, seguramente la llamarían más. Pero claro...

Y si eso pasa en política, mucho más en el mundo del libro, lo de apostar por los mediocres, digo. Y ahora me explico. Estaba yo ayer por la tarde paseando con una amiga cuando decidimos entrar a una librería a ver si veíamos alguna novedad que nos apeteciera para leer este fin de semana -error en mi caso porque ni os cuento lo que tengo que leer, pero bien está-. Total, que mientras estaba ella en la sección de teatro, me paré yo en la de cine un momento y vi una reciente "Guía del cine español actual". Y claro, picada por la curiosidad y porque tengo amigos trabajando en el Septimo arte, me fui al índice. Y cuál no sería mi sorpresa cuando vi que el "historiador/escribiente en cuestión" -tan magna obra siempre responde a esos ¿calificativos? sean o no reales- no incluía ninguno de los trabajos de Isabel Coixet.

Y dije yo, a ver si va a ser que Isabel ha nacido en Islandia, o vaya usted a saber dónde y yo no me he enterado, que podría ser. Y claro, eso de ir con las amigas a la librería facilita mucho la pregunta respuesta. Y no, Isabel ha nacido en Barcelona. ¿Qué cosas no? Y pensé, a ver si el "pseudohistoriador del cine" resulta que no incluye a directores jóvenes, o de las últimas generaciones, y busqué más nombres. Y no, había otros, más jóvenes incluso que Isabel y con menos trabajos realizados incluidos en el libro. Así las cosas hoy he querido comprobar, por aquello de no abusar de la pregunta respuesta, o por no caer en la pregunta obvia, cuántas películas, todas españolas tenía Isabel Coixet y resulta que -salvo la última Elegy, por la que no ha perdido la nacionalidad- tiene cinco largometrajes más. Nada mal, ¿no? para que no se la incluya.

Y yo que recordaba que la editorial Cátedra era una de mis favoritas en la universidad... Quizás se han jubilado ya todos los editores que había entonces, quizás ahora contratan a autores sin comprobar sus conocimientos, quizás uno se cree que hace un encargo a quien sabe de la materia y luego nadie supervisa, quizás este historiador del cine quiso ser director y por eso no incluye alguna que otra buena película, quizás es sólo que la mediocridad juega malas pasadas, quizás... Quizás lo mejor es no comprar el libro por todas las erratas y omisiones en que pueda haber incurrido Carlos Aguilar. Sí, quizás eso sea lo mejor.

Un cuadro de Franzi Roses

Un cuadro de Franzi Roses ¿Quien dijo que ser amigo de sus amigos no tiene premio? Porque sí lo tiene, o al menos en mi caso. Francesc Miralles me regaló el otro día un cuadro de Franzi Roses -el primer cuadro, cuadro, que me han regalado en mi vida- lo que confirma que mi primera frase es cierta. No digo más, porque no hace falta. El cuadro no tiene título, y está inspirado en otro de Kirchner que se titula "Marcela" que sí lo tiene y que en la pared de mi comedor luce así de bonito. Aunque no sé si la otogrfía hace de verdad justicia al oleo y a las telas con que está pintado.

Barcelona, el plató de Woody Allen - El País 13/10/2007

“Al borde de la asfixia, con la vida entera desfilando ante mis ojos en una sucesión de viñetas melancólicas, me encontré hace unos meses bajo el tsunami de correo basura que cada mañana entra a raudales por el buzón de mi puerta después de los arenques del desayuno”, así arranca Pura Anarquía el último libro de Woody Allen y así debió sentirse en algún momento el director neoyorquino “bajo el tsunami” de fotógrafos, periodistas y fans durante las seis semanas que duró WASP 2007 (Woody Allen Spanish Proyect 2007), el rodaje de su última película en Barcelona.

Y es que a Woody se le quiere, se le admira y se le sigue con interés en España, está claro. No sólo lo atestigua su investidura como doctor honoris causa por la Universitat Pompeu Fabra, sino también el Premio Príncipe de Asturias que recibiera en el 2002, una estatua con su figura en una de las calles de Oviedo… no es casual, por tanto, que estrenara El Sueño de Casandra en Avilés, ni que haya elegido Barcelona –parece ser la ciudad con más porcentajes de espectadores de sus películas en el mundo- como escenario principal de su última película.

En WASP 2007, rodada principalmente en Barcelona, el director muestra una Ciudad Condal que, no nos engañemos, en algunos momentos parece que acabó “creándose” a su medida. ¿Exigencias del guión?... Seguramente no, las exigencias han debido ser muchas y de otro tipo. Aunque, quédese tranquilo el ayuntamiento, con lo que ha trascendido del rodaje, este vídeo clip con argumento de película de la ciudad de Barcelona dará pie la llegada de miles de turistas, deseosos por conocer sus calles. Unas localizaciones cuidadosamente elegidas de los lugares más emblemáticos de la Ciudad Condal, que el director tardó más de un mes en escoger, ofrecen una imagen más que apetecible de la ciudad. Y sino, veamos cómo es, a pesar de sus secretismos y cláusulas de confidencialidad en las que se prohíbe hablar de WASP 2007 a actores y demás trabajadores del film, la Barcelona –entre la realidad y la ficción- de Woody Allen siguiendo un recorrido de forma ordenada.

Ahora sí, ¡silencio!, se rueda.

Escena 1ª Aeropuerto del Prat. Llegan Rebecca Hall y Scarlett Johansson con cara de turistas despistadas –la realidad es que llegaron todos, uno a uno Woody Allen y su familia, Penélope Cruz, Javier Bardem…- pero centrémonos en las dos protagonistas de la película quienes en la primera escena tras comentar “Qué nombre tan bonito. Barcelona” se ponen en marcha. Cogen un taxi que las traslada, de inmediato, al Hotel Arts construido en una de las dos torres que dominan el Port Olímpic y considerado uno de los más in de la ciudad. Allí ha tenido sus habitaciones alguno de los actores del reparto –Scarlett prefirió alquilar una casa en Sitges y Javier Bardem un piso en el Borne- y un apartamento que ocupa una planta entera la familia Allen. No es casual su elección, está cerca del moderno edificio de Jean Nouvel, la Torre Agbar, donde tiene sus oficinas la productora Mediapro, artífice del proyecto Allen en Barcelona. El resto de localizaciones de la película también están cerca, en realidad no distan más de 40 minutos en coche, tiempo máximo que –dicen las malas lenguas- es capaz de resistir Woody Allen en un traslado en coche.

El primer día de rodaje se inició en el Puerto de Barcelona. Nosotros podemos empezar el recorrido en el Moll de la Marina, en el Puerto Olímpico. Desde allí, si nos situamos mirando hacia la ciudad, veremos el Peix d’or, una gigantesca escultura pisciforme de cobre creada por Frank Gehry, si lo hacemos en dirección al mar veremos las playas que se extienden hacia el Río Besòs. Andando, nos desplazamos hacia el Paseo Marítim y la playa de Sant Miquel donde –salvo lluvia o tiempo inclemente, poco propio de Barcelona- se puede dar un agradable paseo para acabar recalando a medio día en el Restaurante Barceloneta, (C/ L'Escar - Moll dels pescadors, 22) situado en el barrio de pescadores del mismo nombre y el lugar elegido por Woody Allen para iniciar el rodaje.

La siguiente parada es el Paseo Colón (coger el bus 64 en paseo Juan de Borbón y son unos veinte minutos), lugar donde la cámara de Allen rodó a la figura del almirante señalando hacia el Mediterráneo –si se llega al caer la tarde, el sol adquiere un tono anaranjado precioso y se puede subir en ascensor para, a 60 metros de altura, admirar Las Ramblas y la zona portuaria de la ciudad; a la derecha, veremos los edificios neoclásicos de Capitanía y el Sector Naval símbolos de la Catalunya anti barroca y medieval-. La siguiente escena se desarrolla muy cerca, en Vía Laietana, lugar donde Woody Allen simuló un correfoc (pasacalles típico de las fiestas tradicionales catalanas donde personas disfrazadas de diablos siguen un recorrido en el que está presente la música y los fuegos artificiales) obligando a cerrar las calles que rodean la iglesia de Santa María del Mar, una de las muestras más importantes del gótico catalán. Al lado de la iglesia, se encuentra la calle Montcada, ejemplo de planificación urbana del siglo XII, en la que hay un buen número de mansiones de los siglos XIV y XV que se conservan intactas. Una de ellas –un total de cinco casonas- alberga el Museo Picasso, donde se acoge una de las mayores muestras del período de formación del genial autor malagueño. Ahí fue donde, no hay que menospreciar la espontaneidad de los barceloneses, un grupo de falsos cantaores cordobeses con banderines americanos y catalanes portaron una pancarta en la que se leía “Bienvenido Mr. Allen”, y de la que no se sabe si entendió la ironía el director neoyorkino.

Tras recorrer la calle atestada de galerías de arte y museos (Museo Barbier de Arte Precolombino, Museo Textil y de Indumentaria) y donde podemos hacer una parada en el patio barroco del Palau Dalmases para tomar un refresco, iremos andando a la céntrica calle comercial Portaferrissa, deteniéndonos en el Palau Moja, un exponente del más puro neoclasicismo. Situado en la confluencia con las emblemáticas Ramblas barcelonesas, es otro de los escenarios escogidos para la película. En esta ocasión la localización se encontraba entre la calle Hospital y la del Carmen. En esta última, por cierto, se encuentra uno de los pocos establecimientos donde, en la Ciudad Condal, arreglan clarinetes TRES X 4 (C/ Carme, 23, Entl) un local que, dicho sea de paso, tiene cierto sabor a Woody Allen. Entre estas dos calles el director creó su propia versión, de floristas y pajareros en un puesto mixto inventándose una Rambla ideal, aquella quizás de hace 150 años con unos turistas sin prisas que se abandonaban a una mañana de sol radiante, más ordenada que la actual y algo alejada del bullicio diario de barceloneses, forasteros, músicos callejeros y mimos que abarrotan la acera junto a los puestos de animales y flores, restaurantes, terrazas y quioscos de uno de los boulevares más emblemáticos de la ciudad. En las mismas Ramblas, entre la barroca iglesia de Betlem y la entrada del Mercat de la Boquería durante el rodaje se cubrió la zona con una lona blanca para filtrar los rayos del sol, y se creó una Rambla libre de la espontaneidad diaria, pero bastante más cinematográfica. La Boquería, que parece ser data del siglo XIII, es un lugar extraordinario para hacerse con cualquier tipo de alimento que se nos ocurra, o bien comer cocina de mercado en alguno de los restaurantes que se encuentran dentro en compañía de los tenderos de los puestos. Para acabar, y antes de cambiar de zona, a pocos metros está el restaurante Els Quatre Gats (C/ Monstsió, 3) donde se encuentra otro de los locales elegidos por el director para la película. Situado en los bajos de un edificio creado por el arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch, fue refugio de artistas desde su inauguración en 1897, en la actualidad mantiene su aspecto original, con reproducciones de los retratos de sus antiguos clientes y algunas de artistas asiduos al local como Picasso, Casas o Rusinyol. Aunque en esta ocasión Allen ha decidido ambientar las paredes de este legendario local con cuadros de pintores contemporáneos, la mayoría catalanes, como Agustí Puig o Rosa Mujal.

También el Modernismo hace su aparición en WASP 2007, ya en pleno ensanche barcelonés. El recorrido puede empezar en la Fundación Antonio Tàpies (C/ Aragón 255), un pionero edificio modernista (1885), diseñado por Lluis Doménech y Montaner, que alberga la colección del artista y encima del cual Tàpies ha colocado una de sus obras más discutidas. Unas calles más arriba se encuentra el primero de los tres edificios de Gaudí incluidos en el rodaje: la Pedrera, oficialmente llamada Casa Milà (C/ Provenza 261). Un ondulante edificio que combina apartamentos y edificios, construido en 1905; y donde podemos visitar uno de los apartamentos decorado al gusto de una familia acomodada de principios de siglo pasado. La Sagrada Familia (Metro Sagrada Familia), a medio construir cien años después de su inicio, fue el proyecto al que Gaudí dedicó la última parte de su vida y lo concibió con capacidad para 13.000 fieles. Y por último el Parque Güell (Metro Vallcarca) situado al norte del barrio de Gracia, con 3 km de calles, caminos, pabellones y pequeñas casetas creadas por el genial arquitecto. En el dragón que custodia la entrada, situado en la escalinata de acceso y que da acceso a la conocida Sala Hipòstila rodaron Javier Bardem y Bojangles Schmidt (nombre en clave que, parece, han usado en las hojas de producción de la actriz Scarlett Johansson).

Y después del rodaje… algo de marcha

El Borne – también llamado el barrio de la Ribera- fue el elegido por los miembros del equipo del rodaje para pasar la mayoría de sus horas de asueto. Un barrio en el que junto a las mejores muestras arquitectónicas de románico, gótico y algo de modernismo, nos encontramos con el escaparate de un estilo de vida moderno y despreocupado de la Barcelona más cosmopolita. Un bazar con tiendas que huelen a incienso, venden soda syrups y moda de jóvenes –y no tan jóvenes- diseñadores, máscaras africanas y fundas japonesas para el móvil, donde, por cierto Javier Bardem se alquiló un apartamento en la calle Tantarantana, en frente de una placita donde más de una vez se tomó el actor unas cervezas para refrescarse. El barrio elegido para cenar o para ir de copas, desde el restaurante mexicano La Coronela (Consulat del Mar, 23), el moderno Santa María (Comerç, 17), el Xiringuito de Escribà (Litoral Mar, 42), situado, igual que el Sal café donde también estuvieron, en la misma playa, alternativo El Salero (C/ Rec 60), donde, confiesan, tras la cena, Scarlett se pidió para beber un olive juice, cóctel de su invención, que consiste en un poquito de martín blanco, un poquito de voldka y el líquido de una lata de olivas rellenas. Excentricidades de las estrellas de Hollywood. También por esas calles fue por donde las actrices fueron de compras, desde cosméticos en Korres (C/ Sombrerers 9) de los que Scarlett se declaró fan absoluta; hasta ropa Vintage en Le Suit (C/ Boters 8); modelos de diseñadores emergentes como Teresa Helbig o Lebor Gabala en E4G (C/Via Augusta 10) y en Suspect (Passatge del Crèdit, 8); chocolates en Xocoa (C/ Princesa 10), en más de una ocasión Rebeca may llegó al rodaje con una caja para compartir con sus compañeros, u originales caramelos en Papa Buble (C/ Ample 28). Mientras, Soon Yi, con la Visa en el bolso, se paseó por el centro comercial La Roca del Vallés dispuesta a encontrar algún saldo de otra temporada de Vesacce, Gucci o Chanel. ¿Boutade? Seguramente, pero ya se sabe donde hay patrón…

DE ANTONIONI A ISABEL COIXET

OTROS MUCHOS directores han escogido las calles de la ciudad para escribir su carta de amor a Barcelona, generando algo menos de revuelo y con unos resultados más que notables. Prepárense, porque ¡esto es Hollywood! Ay, no, perdón, Barcelona. Y como tal la inmortalizó Michelangelo Antonioni en 1975 en El reportero, con unos escenarios que coinciden bastante con los elegidos por el director neoyorquino.

Y Whit Stillman tituló en 1995 su segunda película con un directo Barcelona. Aunque, si lo que nos apetece es combinar buena literatura, cine y estampas de la Ciudad Condal -de su Ciudad Condal-, podemos leer Si te dicen que caí y El embrujo de Shanghai, de Juan Marsé, y buscar luego las versiones cinematográficas de Vicente Aranda y Fernando Trueba, o leer la novela de Eduardo

Mendoza La ciudad de los prodigios (1999) y ver la adaptación de Mario Camus. Aunque si, en un arranque de nostalgia, lo que queremos es recordar aquella Barcelona de antes de los Juegos Olímpicos, lo mejor es recurrir a Demasiado viejo para morir joven (1989), el primer largometraje de la más internacional de nuestas directoras barcelonesas Isabel Coixet.

En el país de la pandereta

Hablo ayer con Francesc, tras escuchar un programa de radio delirante por lo malo, de lo alegremente que gastamos en este país -ya sea España o Cataluña- el dinero del contribuyente. Cómo cualquiera con enchufes es capaz de conseguir su huequecillo en los medios, hacer de su capa un sayo y, aunque no tenga audiencia -se me ocurre ahora los desastrosos resultados de RNE4 la temporada pasada y que todos siguen en su sitio, cobrando y trabajando para que nadie lo escuche- nadie los molesta.
¿Qué pasaría en la empresa privada?, nos preguntamos. Pues seguramente los echarían con un saludo, en el mejor de los casos, y una patada en el culo en el peor. Craso error. Os cuento.
Hace unos días fui al pase que hicieron en Barcelona de las Trece Rosas. La película me interesaba, el guionista es amigo -Ignacio Martínez de Pisón y conocedor de la época- y la historia no puede estar más cerca en temática de mis últimas publicaciones como para controlarlo casi todo al dedillo. Hablando con Ignacio a la salida de la película uno se da cuenta de que un guión escrito por alguien que, como él, lleva años leyendo sobre la guerra civil y la posguerra española, muy difícilmente podía incurrir en errores históricos y el director -Martínez Lázaro- ha sabido escuchar sus sugerencias y dejarse aconsejar. Bastante tenía con dirigir, como para meterse en camisas de once varas. Y así es. Ergo. Aquí no hay ningún error. Empresa privada, decide hacer un proyecto, busca un profesional que conozca el tema, lo contrata y se ponen a ello.
Pero, qué cosas, no parece que esta sea la tónica general. En unos meses va a empezar a rodarse otra película sobre la posguerra española, también ambientada en la cárcel de mujeres ventas, también -como las Trece Rosas- basada en un libro que en algún momento tuvo éxito y -según me dijeron ayer- es el mismo director quien va a hacer el guión y la documentación: "con lo que he leído tengo conocimiento suficiente, si se me escapa algo son cosas puntuales que iré preguntando a unos y otros" -el director dixit. La ignorancia es temeraria. ¿Se creerá que conocer la historia de los años cuarenta es tan simple como hacer una película basada en su historia personal, o en los años que vivió en La Habana? Se lo creerá, me temo.  ¿Los triunfos tempranos crean monstruos? Se me va, no sé lo que crean, pero hichan egos sin duda.
Seguiré dando detalles cuando el tema esté más cerrado, lo prometo.

Madrid bien vale unos días

Regreso ahora de pasar cinco días en Madrid, entre la Biblioteca Nacional, y cenas, comidas y alguna fiesta, más o menos multitudinaria, entre amigos y algún encuentro profesional, o sea, no parar. Lo cierto es que Madrid, a mí por lo menos, esté los días que esté, consigue que se me pase el tiempo siempre como si fueran unas horas. Pero no os voy a hablar de eso, claro, sino de cómo a la vista de los nuevos ministros, me sorprendió que en la fiesta de la Residencia de estudiantes todo el mundo quisiera acercarse a César Antonio Molina, como si fuera ya a empezar a dar subvenciones o a repartir puestos de libre designación esa misma noche. Cómo son los "intelectuales", la mayoría de los cuales sólo eran aspirantes a "autores reconocidos" y, a ciencia cierta, se iban a quedar en eso. Confío que los asesores ministeriales tengan el ojo clínico suficiente para aconsejar debidamente.

Me pregunto, aunque conozco la respuesta, si harían lo mismo si el ministro en lugar de ser del PSOE fuera del PP, y me temo que la actitud sería la misma. Ganas de sorprenderse, claro está, igual que ayer -cenando con una amiga- y viendo en la televisión un programa del corazón en el que se hablaba de la viuda de España, echamos cuentas y vimos que estuvo poco más de un año casada con Paquirri y ha rentabilizado muy bien esos pocos meses. Qué cosas. Un famoso, o aspirante a serlo, le da importancia a las muertes según lo que le rentan e interpreta los meses en años. Y os lo digo esto por experiencia propia, que ayer tuve una reunión cinematográfica de trabajo -quizás es mejor decir de posible o imposible colaboración, de la que hablaré con nombres y apellidos en unos meses- en la que por medio hay también un tema parecido y no doy crédito de hasta dónde puede llegar el afán de protagonismo de los vivos, frente al de los muertos. País, que diría Forges...

ay! que no me centro

Meses de ir y venir. De viajar, de ir a países por los que nunca hubiera pensado que me pasearía, de comprar ropa en la 33st con la 6Av de la colección de Sara Jesika Parker -os lo cuento en otro momento-, de celebrar mi cumpleaños en NY -ahí es na- y no logro centrarme en el blog. No por falta de cosas que comentar: treguas rotas, elecciones de nuevos ministros, Bono que debe entender que dedicarse a la familia es cuestión de meses y retorna a darnos la barrila político-franquistoide -en Toledo deben estar encantados, porque debe ser el perfil, pero en estos lares se nos ponen los pelos de punta sólo con pensar que vovlerá a hablar de la amenaza de la ruptura de España-. Pues eso, que no es por falta de temas, ni de ganas de comentarlos, es más bien de tiempo. De modo que hoy os dejo con un artículo de Juan Goytisolo -aunque Luis se asombre de que lo siga leyendo- y mañana, aunque sea desde Madrid, me pongo de nuevo:

 

TRIBUNA: JUAN GOYTISOLO

Nostálgicos del Trono y del Altar

JUAN GOYTISOLO 09/07/2007

La lectura del reciente Foro de Debate de El Mundo en torno a la figura del cardenal-arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, me llenó de estupor. Tras dar la bienvenida al ilustre prelado, el director del diario madrileño le pidió disculpas por haber podido ofender a la Iglesia con motivo de una entrevista publicada en sus páginas con el escritor Álvaro Pombo, en el que éste zahería su beligerancia antilaica y su anatema contra el matrimonio homosexual. El homenaje de pleitesía a quien mejor encarna posiciones que en otros tiempos eran denominadas ultramontanas y que hoy lo son de integristas tiene al menos el mérito de dejar las cosas claras: para algunos la sociedad española, liberada al fin de siglos de tutela eclesiástica, debería someterse de nuevo a los preceptos y prerrogativas que la actual jerarquía religiosa añora y reclama en su peculiar guerra santa contra el "laicismo radical" y la, en verdad inocua, asignatura de Educación para la Ciudadanía, en la que "Dios no cuenta" y "la dimensión trascendente del ser humano queda reducida a la esfera de lo privado".

¿Disculpas? ¿Cabe excusarse con una institución que jamás lo ha hecho por los crímenes y brutalidades que jalonan su larga y poco piadosa historia? ¿Se ha disculpado la Iglesia por los tormentos y hogueras del Santo Oficio que acabaron con la vida de decenas de millares de españoles, acusados de judaizantes, luteranos, sodomitas, hechiceros y una larga lista de herejías reales o supuestas? ¿Por la condena de quienes se arriesgaron a pensar por su cuenta y a vivir de acuerdo con su naturaleza y creencias? ¿Por su reiterada excomunión de liberales, masones, republicanos, comunistas, etcétera, desde el absolutismo fernandino hasta hace unas cuantas décadas? ¿Por su intervención directa en las guerras civiles del XIX que frenaron la modernización de España y por su vergonzoso apoyo al pronunciamiento militar contra la República, calificada nada menos que de Cruzada en la Carta Colectiva del Episcopado de 1937? ¿Por el exterminio planificado de "los rojos" por ese mismo dictador católico a quien recibían bajo palio en sus tiempos y que acuñaba con su asenso las famosas monedas de "Caudillo de España por la Gracia de Dios"?

El actual e imparable proceso de apertura de la sociedad hispana eriza los cabellos de nuestros santos tonsurados. Sus iglesias se vacían, un creciente número de jóvenes se proclaman agnósticos y, pese a las apariciones carismáticas de los dos últimos Pontífices y la espectacular mercadotecnia a su servicio, la grey se aleja de ellos y no atiende a sus diatribas contra el funesto radicalismo que "niega la libertad religiosa". Podrían dar un ejemplo de humildad y de espíritu evangélico, pero no lo dan. Llenan sus arcas con el dinero del Estado, esto es, del bolsillo del contribuyente, ya sea católico o no, y no obstante de eso sueñan en el retorno a la alianza del Trono y el Altar. Presiden bodas principescas y de celebridades del orden de la hija del ex presidente Aznar en El Escorial, mientras privan de la facultad de decir misa a quienes se inspiran en las enseñanzas de Jesús de Nazaret en la medida en que su ejemplo pone al descubierto el fariseísmo propio y el afán de acumular poder y más poder.

Las leyes adoptadas en la actual legislatura responden a las realidades del cambio social y a las expectativas de la gran mayoría de españoles que les da la espalda. La simplificación de los procedimientos para abortar, la legalización del divorcio, la ley de parejas de hecho y el matrimonio homosexual no son los cuatro jinetes del Apocalipsis que amenazan, según ellos, los fundamentos de la sociedad. Quiebran tan sólo la sujeción de la conciencia de los fieles a los mandamientos de la Iglesia de Roma a través del confesonario y de la imposición de preceptos de imposible cumplimiento, como pueden ser el celibato de los clérigos y la castidad de los jóvenes. ¡No importa que el anatema contra los anticonceptivos condene a millones de africanos a una muerte lenta, víctimas del "monstruo de las dos sílabas", si sus sufrimientos en este bajo mundo le redimen de sus pecados (o de los de sus padres) y facilitan su acceso a la gloria eterna en el Más Allá!

Las tesis de Huntington sobre el choque de civilizaciones no concierne por ahora a nuestros dómines. La Iglesia de Roma no busca la confrontación con el islam: secretamente, lo admira y envidia. ¿Cómo se las arregla para mantener la fe de sus fieles y para congregarlos en sus templos en tanto que los suyos cierran por falta de público y las ovejas de su antiguo rebaño se entregan al hedonismo más descarado? El culpable es el laicismo, ese laicismo que permite vivir a cada cual conforme a su conciencia.

El proselitismo expansivo de las iglesias evangélicas en Iberoamérica, con la consiguiente deserción de una parte de la propia grey, agrava su angustia y dispara todas las alarmas. ¿Por qué las otras creencias se robustecen y la suya amengua? Y, en vez de proceder a un examen de su vida y conducta y a corregir su muy poco cristiana ostentación de riqueza, nuestros obispos vuelven la mirada hacia atrás. A la bendita época de Fernando VII y del generalísimo Franco, a esos centenares de mártires beatificados por Juan Pablo II en Valencia, a quienes el actual arzobispo de la ciudad, Agustín García-Gasco, quiere erigir un templo a imitación del excavado en el Valle de los Caídos. Pues, al tiempo que truenan contra la Ley de Recuperación de la Memoria Histórica de las víctimas de Franco, se aferran al recuerdo de las persecuciones religiosas evocadas machaconamente durante 40 años por los servicios de propaganda del Régimen y cuyo testimonio se perpetuaba (y a veces se perpetúa aún) en las lápidas que ornaban (u ornan) las fachadas de sus templos.

Lo que aprendieron duramente los españoles de derechas o de izquierdas tras 150 años de guerras civiles -acabar de una vez por todas con los hechos, situaciones y doctrinas que las provocaron- choca frontalmente con el programa de Rouco, Cañizares y de los portavoces de la cadena episcopal. Si no hay clima de guerra civil, habrá que inventarlo. España agoniza, vuelven los tiempos en los que será necesario defender los principios que sustentan con peligro de sus personas (y de las de los demás). Tales dislates, repetidos a diario, no responden, para desdicha suya, a realidad alguna. Los españoles nunca han vivido tan bien como hoy, aunque quizá el porcentaje de quienes salvan su alma haya descendido un tanto desde los tiempos felices de Arias-Salgado. La tolerancia y el respeto a la libre conciencia de los ciudadanos no matan a nadie. Son los fanáticos e intolerantes de toda laya quienes manchan sus manos de sangre. Menos de la suya, claro, que de la de los demás.


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Cuatro encuentros desastrosos con celebridades

Así son los famosos, y así cuenta sus encuentros con ellos Francesc Miralles en el Avui:

El humorista norteamericano Fred Allen definió una vez así las celebridades: «Son aquellas personas que se esfuerzan toda la vida por ser conocidas y, cuando finalmente lo consiguen, llevan gafas oscuras para evitar ser reconocidas».
Ahora que otro Allen, Woody, corre por Barcelona y tocará el clarinete en la Casa Fuster, he tenido que pensar en el mundo de los famosos, concretamente en cuatro figuras con las que me topé en extrañas circunstancias.
De adolescente yo estaba enamorado de Suzanne Vega; era un tiempo oscuro en que yo escribía poesía y me creía la monda. Tanto era así, que en una ocasión envié a su dirección postal un poema horroroso: La avenida de mis sueños. Cuando metía la carta en el buzón, me dije: «No contestará».
Pero, sorpresas te da la vida, dos semanas más tarde recibí una postal de Nueva York con un retrato de Suzane y una línea manuscrita. En referencia a mi poema, decía: «Behind the words, it must be feeling» («Más allá de las palabras tiene que haber sentimiento»).
Al leer esto, me sentí herido en mi ego artístico e, indignado, despedacé la postal de Suzane.
Mi segundo encontronazo con la fama fue bastante más insólito. Todavía no había terminado el bachillerato, cuando el afterpunk de la clase ―se llamaba Edu― me pidió que le acompañara a ver los Depeche Mode en el entonces denominado Studio 54.

La sala del PAralelo estaba a reventar de cabellos de punta y vamps con los labios pintados de lila. Cuando finalizó el show, nos acercamos a los camerinos a husmear. Allí nos encontramos ante una puerta donde se apelotonaban más de doscientas chicas que gritaban como locas.
De pronto, se abrió y el segurata anunció: «Pueden pasar tres chicas». Entonces Edu me susurró al oído: «Tírate al suelo y empieza a gatear». Haciendo lo que me decía, repté entre talones de aguja y bambas Converse hasta que sentí un «cloc» detrás de mí.
Levanté la cabeza y, para mi sorpresa, me encontraba dentro del camerino con mi compañero y una chica menuda. Los Depeche Mode nos miraban asombrados.
Finalmente el cantante, David Gahan, sacó cervezas de la nevera y nos invitó a sentarnos con ellos en un sofá. ¡El sueño de todo fan! Pero no habíamos contado con una cruel realidad: ni Edu ni yo hablábamos una palabra de inglés. Por lo tanto, tras vaciar la botella en tres tragos, salimos de allí muy avergonzados.
El tercer encuentro desastroso con famosos fue un hecho tan puntual como doloroso. Tuvo lugar en el antiguo Zeleste de la calle Argenteria, donde Loquillo y los Trogloditas se dedicaron a rescatar temas de sus inicios.
Loquillo cantaba compulsivamente «No tengo dinero para una chupa de cuero" haciendo girar en alto una chaqueta de clavos. De repente, la soltó y voló hasta mi cara, pero con tan mala suerte que un clavo me partió el labio.
El cuarto encuentro tiene como protagonista la canción Eternal Flame, que las Bangels popularizaron a finales de los 80. Recuerdo que escuché esta canción tan romántica (Close your eyes, give me your hand...) por la radio en un momento especialmente triste para mí. Me encontraba dentro de un coche, de madrugada, al lado de una chica de la que estaba enamorado hacía años, pero que me daba calabazas.
Doce años después, cuando trabajaba de editor, una escritora mexicana me pidió el siguiente favor: «Este sábado llega Tom Kelly, un compositor rico y famoso que fue mi pareja, y quiero que me ayudes a montarle una fiesta».
Le pregunté qué discos había hecho y me dijo que se dedicaba a componer para otros artistas, como Madonna.
Finalmente le montamos una fiesta en una casa de El Masnou donde había un piano. Tom Kelly, con camisa progre y barba, al principio despertó curiosidad, pero tras cantar un par de temas suyos ―era curioso escuchar el Like a Virgin por un hombre―, la gente se cansó y fueron a tomar el fresco al patio. Como el final de una película, nos habíamos quedado los dos solos al piano, cuando le pregunté qué otras canciones había hecho. «¡Oh, muchas!», contestó, «Por ejemplo, a las Bangels les compuse Eternal Flame, que me ha dado mucha pasta».
Al oír esto, abrí mucho los ojos y le confesé que aquel tema era muy significativo para mí. Después de contarle la historia del coche, Tom Kelly rió y me dijo: «Pues ahora mismo la cantaré sólo para ti».
Mientras escuchaba los primeros compases de Eternal Flame tuve la impresión de que se había cerrado un círculo.

Elegy: un rodaje en Vancouver

Una tiene suerte, mucha, de que las amigas le dejen colarse en los rodaje. Así son las cosas, y así las he contado en el Marie Claire de este mes.

Isabel Coixet se dispone a realizar un travelling. Grita "¡action!" y, colocada detrás de la cámara, como si fuera una más del equipo en lugar de la directora, la enciende para grabar. Mantiene la misma forma de rodar que en todas sus películas. "Aunque ya levamos unas semanas de rodaje, siguen sorprendiéndose de que sea yo quien esté detrás de la cámara, en lugar de sentarme y mirar a través del monitor cómo queda la secuencia", explica la realizadora catalana. "Mi forma de dirigir, cámara en mano, es lo que más cuesta que entiendan por aquí, acostumbrados a otro tipo de director. Pero es la única manera de que un proyecto que me ha venido dado como éste sea al final tan mío como lo está siendo".

Son las siete de la tarde de un miércoles en el barrio antiguo de Vancouver. Se rueda "Elegy", la última película de Isabel Coixet. La protagonizan Penélope Cruz y Ben Kingsley y está basada en la novela de Philip Roth, "El animal moribundo". La escena transcurre en un callejón de casas bajas, escaleras de incendios en los muros, semáforos que prohíben el paso con una incandescente mano roja, poco tráfico y algún mirón. Es como si Nueva York se hubiera relajado al llegar a Vancouver. El equipo prepara las enormes grúas con las que simularán la lluvia y, cuando todo está a punto, se van a comer algo en una de las tiendas que, a modo de comedor de colonias, con mesas alargadas y bancos, tienen instaladas a un lado de la zona del rodaje. Todo el mundo -directora, productores, cámaras y equipo técnico- se dirige como una flecha a la gran pizarra donde puede verse, escrita con tiza, la lista de los platos del día. Acaba de llegar Ben Kingsley, "Sir Ben" como le gusta que lo llamen para marcar cierta distancia; sin embargo, el gentleman no se resiste el buen rollo que se respira en el equipo y opta por esperar junto a todo el mundo. Mira sus zapatos para confirmar que tienen el brillo adecuado y, de reojo, examina la suela para asegurarse de que no resbalará cuando corra bajo la lluvia en la escena. A su izquierda, su doble -sí, todas las escenas las interpretan antes otros actores para comprobar iluminación, enfoques, encuadres, y evitar el agotamiento de las estrellas- le comenta cómo ha ido el ensayo por la mañana. En esta escena David Kepesh -el maduro profesor que interpreta Ben Kingsley- camina bajo la tormenta mirando a un lado y a otro en busca de una mujer que no aparecerá en ese momento, Consuela (Penélope Cruz), la joven de la que el sexagenario profesor se ha enamorado. En frente, ataviada con gorro e impermeable, Isabel Coixet espera a que desaparezca el último rayo de sol para conseguir la atmósfera perfecta. Son necesarias cinco tomas para lograr el OK de la directora. "No siempre hacen falta tantas; a veces al segundo intento doy por buenos los resultados; si no son muy largas se pueden llegar a rodar dos o tres escenas en un día", explica.
Interior restaurante
Al día siguiente ruedan en uno de los pequeños locales de la zona vieja. El profesor y su amante se darán cita en un restaurante con sabor a confidencia amorosa. Llevan horas disponiendo el escenario (camareros, mesas, comida, extras que entran y salen, grupos y parejas...). Ben Kingsley ha llegado hace un rato y prepara su interpretación. Media hora antes de rodar, aparece Penélope. La acompaña su inseparable Ana, maquilladora, amiga, y "guardaespaldas" ocasional de la estrella. Pe llega radiante, maquillada y vestida de su personaje, luciendo unos preciosos zapatos de Christian Louboutin con un tacón considerable. Comenta la escena con Isabel primero y repasa los últimos matices con Ben. Por supuesto, en algunas revistas ya se ha hablado de un posible romance entre ellos. Tiene gracia. Algún paparazzi ha usado fotos robadas del rodaje para intentar justificar un lío. Obviamente no existe esa clase de química entre la cinematográfica pareja, pero sí de la interpretativa. Pe reconoce que está aprendiendo mucho a su lado y el tandem se "merienda" la pantalla. Mientras ellos hablan, se escucha, a lo lejos, a un joven sevillano gritar: "Penélope, mi abuela me había dicho que los monumentos no andan y te veo y sé que no es cierto". La actriz se gira y sonríe: "Qué arte tiene el chico". Pero la policía de Vancouver que está controlando el rodaje no entiende de piropos sevillanos y se dirige de inmediato hacia él para alejarlo de la zona. Consuela entra en el restaurante irradiando luz -es evidente que Penélope se siente cómoda con su personaje- y se sienta tras besar a David (Ben Kinsley) para disfrutar de una agradable velada. Tras rodar la escena un par de veces, pausa en el rodaje. Penélope se precipita sobre el monitor para ver el resultado de la secuencia. Después, sale a la calle a fumar y espera a que le traigan una sopa caliente que temple sus manos en una madrugada fría. Oigo cómo comenta a la incombustible Ana: "Estoy trabajando muy a gusto con Isabel". Llega Daniela, asistente personal de Pe, que aprovecha el descanso para acercarle a su perro León al set. Penélope se deshace en carantoñas en cuanto lo ve, a pesar de que, le dice Daniela, se acaba de comer entero el tacón de unos zapatos que no ha tenido tiempo ni de estrenar. "¡Ay, cómo eres!", le dice la actriz sin amago de enfado, y lo acaricia sin dejar de sonreír.
En la velada romántica, Ben está irresistible. Seduce a Penélope y convencerá al espectador. Queda claro que ésta no es otra manida historia del viejo cautiva jovencitas. Según Isabel, el filme es el paradigma: "Mientras los personajes masculinos de la película aparecen como indecisos y hasta temerosos en muchos casos, las tres mujeres son muy fuertes, les dan a ellos sopas con hondas". Y eso que, aunque "Elegy" aún se está rodando "ya ha sido malinterpretada", comenta Coixet. El Daily Mirror, al iniciar el proyecto, y hace poco The Guardian tacharon la película de misógina. "¿Te lo puedes creer?", exclama Isabel mientras muestra el fax que acaban de pasarle con uno de los artículos. "Además, ellos mismos se extrañan de que una directora como yo, con las películas que he dirigido, vaya a rodar ahora algo así." Es cierto que Roth ha sido acusado de misoginia antes, pero el retrato que hace de David Kepesh, el protagonista en "El animal moribundo", es el de un hombre básicamente asustado de las mujeres y del amor. "Consuela (Penélope Cruz) es una mujer distinta a todas las que el viejo profesor ha conocido. Y surge el inevitable infierno particular de celos, posesión y miedo al que se enfrenta David, y muchos otros hombres. Ante la pasión, el profesor deviene en un ser básico, con unas reacciones de miedo primarias." Y añade: "Yo, que conozco personalmente a Philip Roth, que hemos leído juntos página a página su novela, no lo veo así. Me he quedado muy sorprendida con los comentarios porque creo que poseo un radar para detectar la misoginia y no ha dado señal de alerta con Roth." Isabel, Penélope y Ben, ya con algo caliente en el estómago, repiten de nuevo la escena tras los retoques necesarios de los dos actores por parte de sus respectivas maquilladoras. Ben aprovecha para pedir algún aceite balsámico para ponerse en las manos porque tiene que coger la cara de Penélope antes de darle un beso y, en un claro gesto de coquetería, quiere que le huelan bien.

Toma 12 -plató- Encuentro amoroso
Toca secuencia de interior y todo el equipo se desplaza a los estudios de rodaje situados a unos kilómetros de Vancouver donde esperan todas las caravanas y está preparado el plató. Esta semana ruedan algunas de las escenas con componente erótico de la película. Los ánimos están algo más alterados de lo normal y el acceso a la zona del rodaje está restringido para la mayoría de miembros del equipo con los que Penélope, muy concentrada en su papel, tendrá muy poco trato estos días. "El sexo es algo que no he tocado hasta ahora, pero las escenas eróticas son importantes en esta película, aunque no son la clave. Existen en función de explicar quiénes son los personajes. Son escenas muy bellas y forman parte de la vida cotidiana de Kepesh y Consuela tanto como ir a la playa o al teatro o a un restaurante", explica Coixet quien aclara: "Elegy será más cercana a 9 Songs de Michael Winterbottom que a Instinto Básico". Al fondo, Penélope, situada entre Ana y Daniela, comenta que desde su papel en Jamón Jamón no se siente demasiado cómoda interpretando escenas de contenido sexual. Isabel llama a todo el mundo para empezar a rodar. Entran seis personas del equipo y unas enormes puertas de madera, que sólo dejan hueco a la imaginación, se cierran empujadas por dos de los chicos del equipo. Nadie entrará ni saldrá hasta que se escuche el OK de Isabel.

El fin de semana, que debería servir de relax, también se aprovecha. El sábado, Isabel y Ben ensayan las escenas de la semana siguiente.
Agotada tras seis días de jornadas maratonianas, Isabel llega al hotel a media noche. El merecido domingo, la directora ha decidido entregarse al shopping. "En el último fin de semana, Deborah Harry (la popular Blondim que también trabaja en Elegy) y yo nos recorrimos casi todas las tiendas y acabé comprándome estos zapatos. Bueno, casi me obligó a hacerlo". Y me enseña unas sandalias de plataforma de Angeli Inquieti que harían las delicias de más de una y que, junto con las gafas de pasta -"aquí en Vancouver hay modelos muy originales"- forman parte de su universo estético.

Amanece este domingo una mañana primaveral que invita al paseo. En la habitación de Isabel se acumulan novelas, revistas, CD's y otros fetiches. "He preparado la música para ambientar las escenas más eróticas". Está claro que si algo no cabe en el universo de Isabel Coixet es dejar un margen para el descanso.
Marie Claire Julio 2007

De Hollywood a Barcelona

De Hollywood a Barcelona

Hacía muchos días que no me ponía a escribir y ahora, así, de pronto, en el aeropuerto de Amsterdam, de retorno de Vancouver -ni yo misma doy crédito de haber hecho este viaje- mientras espero mis horas correspondientes me pongo al blog. Sentada con un café y, en Europa son más modenos que en España, un cigarro, que aquí todos los aeropuertos tienen su area de fumadores como Dios manda.

Que qué hacía yo por Canadá. pues bien sencillo, he estado en el rodaje de Elegy -gracias a las gestiones de Isabel- y me lo he pasado la mar de bien, a la par que me he sorprendido de casi todo, ya que como todos sabéis soy profana en esto del mundo del cine. Pero no puedo seguir hablando del rodaje, que me extendería y mucho, porque tengo que entregar un reportaje para Marie Claire y hasta que ellas no lo hayan publicado yo ni medio comentario... bueno, aunque sí cuelgo una foto de Isabel y yo en el camión de Isabel el día que llegué. Ben, Penélope y los demás... vais a tener que verlos en Marie Claire, no hay otra.

Luego más, que esta conexión no acaba de ser de lo mejorcito y me da miedo que todo se cuelgue.

COSER Y CANTAR. Las mujeres bajo la dictadura franquista

COSER Y CANTAR. Las mujeres bajo la dictadura franquista

La manipulación ideológica de la mujer bajo el franquismo, su exilio exterior e interior, y la represión brutal sufrida por miles de mujeres durante este negro período de nuestra historia.

Terminada la Guerra Civil, el aparato represivo del franquismo no se detuvo ante nada ni nadie en su intención de construir una nueva España que bailara al compás del nuevo régimen fascista. En el caso de las mujeres, la vigilancia y la represión de las que se consideraban rebeldes fue, si cabe, mucho más estricta que para los hombres, y el control al que fueron sometidas superó el ámbito de las cárceles y los campos de concentración, llegando incluso al ámbito de las casas, los comedores y los dormitorios. En poco tiempo, la Sección Femenina, con Pilar Primo de Rivera a la cabeza, en estrecha colaboración con la Iglesia católica, logró relegar a la mujer a las dos únicas funciones que, según ella, podía realizar: ser esposa y madre, pues el talento creador y analítico estaban «reservados por Dios para las inteligencias varoniles», mientras que bastaba con que las mujeres representaran los valores de la «resignación, sumisión, entrega, sacrificio, aceptación y renuncia».

Pero no sólo la mujer vencedora pobló la España de la dictadura de la que se ocupa la primera parte del libro. En una segunda parte se detalla la situación que vivieron miles de mujeres condenadas a las cárceles franquistas —aquellas que no agacharon la cabeza y se pusieron a coser—, hasta acabar, en la tercera parte de este ensayo, por aquellas mujeres que, expulsadas de sus casas y obligadas a atravesar las fronteras de nuestro país, vivieron el exilio. De todas ellas, aquellas que de tanto coser y cantar acabaron por olvidarse de vivir, es de las que habla este libro de Carmen Domingo, en el que por primera vez se trata de forma amplia y extensa la situación que vivió la mujer durante los cuarenta años de dictadura franquista, tiempo pasado que no conviene olvidar.

Colección: Ensayo

PVP.: 20,00 €

Nº de pág.: 432 págs.

Fecha de publicación: 13 de abril de 2007

 

 

 

De Amelie Nothom a Erika Ortiz

Hace unos día que he acabado de leerme la última novela traducida de Amelie Nothomb: Ácido Sulfúrico. Qu e no es la mejor de sus novelas, quizás, pero mantiene un estilo que a mí sigue pareciéndome distinto y diferente. Acopstumbrada a malas novelas y malas copias. Pues bien, la novela -que trata de Telerealidad- empieza diciendo: "Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo". Sí señor. Así son las cosas y así se lo hemos contado. A los programas del corazón de ayer me remito. No hay más: se muere Erika Ortiz y el respeto que pide la familia se convierte en especiales de televisión. ¡Mira tú qué bien!

Que sí, que los ricos también lloran y eso le mola a la gente. Pero, dicho esto, y contada la noticia, francamente no sé qué más se puede / debe contar de ella.

Paciencia, yo seguiré con la Nothomby con el último de Julian Barnes -Arthur & George- que me compré el otro día manteniéndome fiel al criterio de Anagrama que junto con Tusquets es de las pocas editoriales de las que te puedes fiar casi con los ojos cerrados. Será que ellos sí saben hacer de editores y no se les ocurre jugar a ser autores como pasa en otros sellos... No me hagáis caso, es que el otro día me contaron cómo un editor se cree que es mejor que los autores y aún estoy con dolor de cabeza.

 

Escrito el 8 de febrero 

"El corazón helado", la nueva novela de Almudena Grandes

“La transición fue un proceso muy conveniente para los vencedores”

Carmen Domingo - Club Cultura enero 2007

"¡Me ha encantado! ¡Se lee de un tirón!”, así, a bocajarro y sólo eso le he dicho a Almudena Grandes en cuanto la he visto. Podía haberle preguntado cómo estaba, qué tal le había ido por la Feria del Libro de Guadalajara –hace apenas un par de días que ha vuelto de allí-, o incluso empezar saludando. Pero a veces los lectores tenemos la urgencia de decir lo que nos ha parecido una novela y ese era el caso; comentar la lectura de El corazón helado ha podido con formulismos de todo tipo. Se ha reído. “Pasa, pasa y ahora me cuentas. Pero… ¿cuánto has tardado en leerla?”

La pregunta no es casual. Almudena ha escrito casi mil páginas de una novela –o dos, o tres, o cuatro… “no es sólo una, son varias”, apunta- a lo largo y ancho de cuyas páginas transcurre la vida de dos familias –los Carrión y los Fernández-. Mil páginas narradas desde el estricto presente en las que vemos una veintena de personajes nos acompañan a lo largo de casi todo el siglo XX. Un hoy, el del 2005, desde el que nos hablan los nietos de esas dos familias, de vencedores y vencidos, cuyos abuelos nacen como personajes a nuestros ojos lectores durante la Segunda República Española; viven la guerra civil; sufren la posguerra –“de los ganadores y los perdedores”- y se ven involucrados en la transición. Y ahí se instala la ficción y permanece, en el después de una transición, el ahora, que acaba siendo el gran tema de la novela y que se apodera de todo.

“La transición ha sido un fenómeno que fracasó porque no ha sido útil para las generaciones sucesivas. No ha sido capaz de imponerse como una realidad estable en el espíritu de la sociedad española. Por eso la generación de los nietos, que es la primera que no ha tenido miedo, ha sido –hemos- la primera que se ha atrevido a hacer preguntas, no tanto por liquidar cuentas con el pasado, como por liquidar cuentas con el futuro”, asegura. Pero, entonces, ¿en realidad para quién ha servido la transición si todavía existen cuentas que saldar? “Pues para la generación que la hizo”, dice Almudena sin dudarlo. “Todo lo que pasa en el presente, lo que nos pasa, tiene que ver con la transición que hicieron nuestros padres. Que en el fondo fue muy provechosa para los que cortaban el bacalao y lo siguieron cortando, para los vencedores de la guerra y para sus descendientes, la clase poderosa. Pero en general fue un proceso conveniente para una generación entera, que era la generación del miedo y la generación del secreto.” Y esa generación del “secreto” en la novela no tiene un solo perfil ideológico, sino que recurre a un mecanismo poco frecuente y que hace que El corazón helado se distinga de otras narraciones que se sitúan dentro de las novelas en las que se trata la memoria porque incluye la visión de los nietos desde los dos bandos, porque todos heredaron el silencio: “Tanto los que ganaron la guerra como los que la perdieron”, concluye.

Una novela en la que, con el trasfondo obligado de la Guerra y sus consecuencias, vemos la doble evolución de los vencedores y los vencidos. Unos personajes que se pasean por la Segunda República, la Guerra Civil, la posguerra… momentos históricos que acaban por enganchar y no puedes alejarte de ellos. “Empecé a escribir esta novela por una cuestión de necesidad personal de escribir lo que pensaba, de dar mi opinión en un tema como éste. Cuando hace más de cuatro años empecé a leer ensayos históricos y memorias –dice Almudena- lo hice para ambientarme de cara a lo que sería El corazón helado y me enganché. Y ahora, aunque no necesito ya ambientarme, sigo enganchada. Pero no sólo a los momentos históricos clave, sino a aquellos que vivieron personajes que pueden parecer más secundarios. Mientras escribía la novela me aparecieron un montón de historias que no podía incluir en una trama que estaba cerrada desde el principio, pero que tengo ahí, guardadas para escribir sobre ellas: la guerrilla, la represión, la importancia que tuvo para las mujeres su participación en la Segunda República… No se pueden cerrar todas las historias, ni siquiera en una novela como ésta, hay personajes que inevitablemente se pierden y que los haré reaparecer en una serie de novelas cortas.
 
Almudena se enciende un cigarrillo mientras yo –que acabo de apagarlo- pienso en todos esos personajes –reales algunos y ficticios los más- que nos acompañan en El corazón helado: Besteiro, Largo Caballero, Casado y su imperdonable deslealtad y traición para con la República…, pero también Raquel, Álvaro, Angélica, Clara, Julio, Paloma, Teresa… “dirán que doy la versión de la Guerra del Partido Comunista, pero es que hago hincapié en algunas cosas que contradicen la versión oficial del golpe de Casado. O esa especie de miedo que ha habido a hablar mal de los aliados, que fueron los grandes culpables de lo que ocurrió aquí”. Y tiene razón, porque en España, como dice uno de los personajes de la novela, “para vivir aquí hay cosas que es mejor no saber”, y aunque sin duda le harán un juicio literario, porque forma parte de las reglas del juego tras la publicación de una novela, también se lo harán político. “Espero más ecuanimidad del literario y menos subjetividad que al juicio político que se le hará al libro. Aunque estoy acostumbrada a defenderme sola.”

Y esa franqueza desde la que habla hace que te des cuenta de que no es persona de medias tintas y entiendes de inmediato la evolución como narradora que han ido destilando a lo largo de sus novelas. “No escribo igual que antes, naturalmente, ni tampoco me mueven las mismas cosas. He madurado como persona y también como escritora. Madurar como escritor es ir encontrado estructuras, formatos, temas que permitan que tus virtudes brillen y que tus limitaciones no se noten –confiesa-. Ir encontrando vehículos favorables que te permitan decir lo que quieres. Mis cuatro primeras novelas son un ciclo de literatura testimonial que tenía que ver con mi generación y sus conflictos, y ahora he abierto más el diafragma y quiero profundizar en otros temas.” Puestas las cosas sobre la mesa, parece que Almudena puede pasar de ser la escritora de novela erótica que fue con Las edades de Lulú; la escritora femenina de Malena es un nombre de tango, la escritora decimonónica de Los aires difíciles a ser la autora republicana, política, roja… con El corazón helado. ¿Te van a tachar de guerracivilista? “Eso me da igual, si sobreviví a los comentarios tras Las edades de Lulú con 28 años…”

            Sin embargo estando como estamos en época de recuperaciones históricas, y a pesar de su marcado perfil político, Almudena se aleja de la reivindicación panfletaria desde el principio. “No iba a contar lo que había pasado, ni quienes eran los malos, que ya se sabe que los fascistas eran los malos. Me interesaba más cómo se reconstruía sentimentalmente lo que había pasado en las personas. La ideología lo impregna todo, lo significa todo, incluso para gente que dice que no tiene ideología, por eso lo interesante es contar sus sentimientos. Cómo se sienten  y cómo actúan los personajes inmersos en esa vida que les ha tocado vivir.”

Pero junto a lo sentimental hay un tema más literario que es la indecencia que reinaba en este país. “La indecencia absoluta de aquella represión tan feroz que hizo incluso que nos olvidáramos de algo que se le ha acabado hurtando a la memoria colectiva, y es que España fue el único país que se resistió al fascismo”. Casilda nos lo dice desde la novela “Vosotros no podéis entenderlo, nadie lo creería al vernos ahora, pero aquí hicimos algo grande, algo muy grande, de verdad”. Una resistencia heroica contra el fascismo que deja desde el bando franquista un sin número de episodios vergonzosos en nuestra historia reciente. Una historia que supera en muchos casos la ficción. Y esa verdad, para que los lectores no tengan –si fuera el caso- ni un amago de duda, es la misma Almudena la que nos la aclara en los agradecimientos finales donde ya advierte que los episodios más novelescos de la novela, los más incomprensibles, los más inverosímiles, son precisamente los que ocurrieron de verdad, por desgracia en España hubo un tiempo en el que el arte no llega ni a imitar la realidad. “Los hechos más brutales, los más dramáticos, los más singulares… para nuestra desgracia son reales y están ahí  Me daba mucha rabia que pudieran decir que me había inventado hechos que existieron y por eso lo aclaro. ¿Cómo se puede concebir Arucas? Yo estuve allí. ¿Cómo le cabe alguien en la cabeza… que se coja a setenta y tantos hombres se les tire a un pozo, vivos, no se les conceda ni la gracia del tiro en la nuca, y se les deje para que se mueran durante una semana enterrados y poner sólo cal viva encima del primero para que no puedan salir? Es inverosímil por completo.”

Y después de todo eso, ¿España sigue siendo un país de derechas? “No estoy tan segura de que España siga siendo un país de derechas. España es un país de derecha monolítica, y movilizada. Y España es un país de izquierda donde a menudo la izquierda es incomprensible, voluble e irresponsable. Desde la izquierda tenemos una tentación fortísima hacia el desgarro. Y siempre sale el que se enfada y que dice yo también quiero chupar cámara... La izquierda y la derecha se comportan de una forma distinta y probablemente también es herencia de esa época.”

¿Una novela es un vehículo tan bueno como cualquier otro para reflexionar sobre la realidad? “No es menos importante, ni menos certero”, asegura. De hecho, los novelistas del diecinueve que fueron los que empezaron a contar la historia de sus propios países fueron los grandes maestros del pensamiento de los ciudadanos de su época. Hoy no se puede concebir el pensamiento europeo sin las novelas de Galdós, de Flaubert o de Tolstoi. Por eso los hijos de Julio Carrión, cada uno de ellos, son un muestrario de las distintas actitudes de la sociedad española contemporánea. El que le trae sin cuidado el pasado –Julio-; la que no quiere sabe porque no quiere buscarse problemas –Clara-; la que tiene el conflicto de creer una cosa distinta de la que saber –Angélica-, el facha contemporáneo –Rafa- y el que se pregunta y quiere saber –Álvaro-. “No pretendo situarme por encima de la realidad, ni pretendo salir indemne de este reto. Ni de este fango sin mancharme. Pero creo que la conciencia colectiva española no tiene registrado que la Segunda República y la Guerra Civil española fueron grandes momentos históricos y al escribir ya sabía que una novela como esta tenía unos riegos y los asumo. Por eso soy solidaria con el punto de vista de  todos mis personajes; aunque quizás sí que me gustaría que la evolución de Álvaro en la novela haga que muchos de los que piensan que de qué sirve reabrir heridas vean por qué se hacen esas cosas.”

De hecho, el último capítulo de la novela tiene cierto valor universal en todo el tema de la recuperación de la memoria o de lo que significa la memoria, porque  es donde se ve que hay una dinámica generacional muy clara. “Cuando Álvaro dice que su gran error había sido darse cuenta de que su madre no iba a sufrir como él había sufrido eso tiene un cierto valor universal. Era una generación que tenía una sensibilidad muy particular, muy embotada. Unos porque habían perdido la guerra y otros porque probablemente habrían preferido ganarla limpiamente.”

Por eso Álvaro y Raquel –los dos protagonistas- nos dejan ver cómo en este momento la sociedad española en muchos sentidos es mucho más madura, más igualitaria, tiene un nivel de vida mucho más alto y mayor nivel cultural y eso mismo hace que se eliminen todas las tentaciones revolucionarias, aunque la herencia de la dictadura siga pesando mucho. “Es cierto que cuarenta años de dictadura no se pasan alegremente, como si nada, pero no lo es menos que la indecencia que vivimos ahora no se puede ni comparar a la que se vivió en la época de la guerra civil. Aunque se hayan creado unas estructuras de poder que inevitablemente han calado pero que no podemos dejar que se mantengan.”

Y ese resistirse a creer a pies juntillas todo lo que nos contaron. Ese comprobar en primera persona lo que pasó, esa franqueza al hablar de virtudes y  limitaciones propias, parte del éxito de una novelista que –basta con hacer un repaso a las listas de ventas- ha escalado todos los peldaños hasta colocarse en la más vendida, “a fuerza de constancia”. Y eso a pesar de que, “publicar un libro sin premio, en una editorial independiente, conlleva mucho trabajo, pero siento que defraudaría a mis lectores si aceptara alguno y no tengo ninguna intención”. ¿Hubo un tiempo en que los premios daban dinero y prestigio y ahora dan dinero y desprestigio? “Quizás estaría bien hablar en más de un caso de operaciones de marketing, así seríamos mucho más honestos con los lectores. En mi caso me siento una escritora privilegiada, porque tengo unos lectores que me lo consienten todo y que son mi libertad.” Y es cierto, porque ellos serán quienes, a partir de febrero, se acerquen a una librería a comprar El corazón helado y permitan que Almudena retome en unos meses en forma de novelas cortas las historias de todos esos personajes –Paloma, Casilda, Teresa…- a los que sólo hemos visto despuntar.

Llegan días de cine español: Goya no pinta ni fantasmas

Ya volvemos, bueno, mejor, vuelvo, a eso, a ver películas españolas antes de los Goya. Y volvemos, vuelvo, de nuevo a entrar en la "depresión" post visionado. Qué le vamos a hacer.

El otro día fui al estreno de "El camino de los ingleses", basada en una novela de Antonio Soler -Premio Nadal de hace un par de años- y dirigida por Antonio Banderas. Aprovecharon justo para que entrara la peli en la lista de las posibles nominadas con este estreno en diciembre, y lo hará casi de puntillas, en los Goya -alguna nominación caerá por la interpretación, poco más-. Ayer vi "Los Fantasmas de Goya", rodada en inglés, dirigida por Millos Forman, con guión suyo -y de alguien más- y -¡oh sorpresa!-  la vi en castellano. Qué cosas ¿no? Resulta -me enteré ayer mismo- que las ediciones que envían a los miembros de la academia se envían siempre en versión española -honrosas excepciones a parte, porque "La vida secreta de las palabras" pudo enviarse en inglés, después de algún conflictillo, subtitulada-. Casi prefiero no saber a qué obedece esta "sabia" decisión, porque miedo me da conocer los argumentos. Pero bien está. "España y yo somo así señora", que diría Marquina.

A lo que íbamos, a "Los fantasmas de Goya". Leo que Millos Forman en una entrevista ha dicho "filmo lo que quiero", y sí, es más cierto que nada. Lo que quiere, lo que le da la gana, pero también escribe lo que le da la gana en sus guiones, aunque no lo diga. Así, un Goya más preocupado por salvar a una chica que por que su pintura sea la del genio que fue. Luego... la Inquisición, la Revolución francesa, la Corte española, los horrores de la guerra, lo goyesco... pero junto, revuelto, sin orden ni concierto, como acompañamiento a una historia que no se hace creíble en ningún momento y que desordena los acontecimientos y no los hace creíbles. No es creíble, claro está, para los españoles, que me imagino yo que a los americanos -norteamericanos, se entiende- les parecerá de lo más creíble, verosímil y, sobre todo, ESPAÑOLA, muy española. ¡Dios, los tópicos de nuevo!

Y, junto a una historia en la que Goya no es protagonista, aunque pudiera parecerlo, ni su pintura, ni su creación, nos sorprende Millos Forman con otro protgonista el inquisidor Lorenzo Casamares, sádico, ambicioso y... y... ¿homosexual?, no sé, pero el personaje que interpreta Javier Bardem parece en más de una y de dos ocasiones homosexual. ¿Quizás debido a un pésimo autodoblaje? quizás. Un inquisidor que huye -se escapa más bien, después de dejar embarazada a su pareja protagonista Natalie Portman- de su propia inquisición, para volver como librepensador defensor de las ideas de la Revolución Francesa, en un cambio ideológico que no se lo cree nadie.

En fin, una película sobre Goya en la que Goya no pinta nada y además hace de... ¿bufón de la Corte/película?, con un Milos Forman -¿Dónde está el director de "Alguien voló sobre el nido del cuco?- que hace del tópico historia de España = inquisición un peli de lo más prescindible.

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"Dios salve a la reina" y a los autores de autoayuda que hacen refritos

Hacía días que no iba al cine y al final hoy -llamada de una amiga mediante- me he ido a ver una de las películas que más me apetecía: "The Queen". Y tenía ganas de verla tanto por el tema, como por al director y, sobre todo, sobre todo, por la actriz protagonista: Helen Mirren. Pues bien, la película no está mal, aunque si alguien busca alguna crítica a la familia real británica no es la película apropiada. Lo mejor, la actuación de Helle Mirren -que espero de verdad que le den un Oscar- porque sin ella la película caería en picado hacia el olvido cinéfilo. Desde la primera secuencia, en la que la Reina Hellen nos lanza una mirada aguantando un primer plano muy real ya sabes que la película será ella. Luego, los otros actores la verdad es que también son bastante creíbles y los diálogos no parecen obra un excelente guionista, sino, y yo soy tendente a la credulidad, transcripciones directas de la prensa británica a la familia real británica. Hasta tal punto que te crees que el "consorte real" vea la muerte de Diana como algo que hace para darle aún más problemas a la familia; que Isabel II ponga siempre como excusa para no aparecer en público el cuidado de sus nietos, cuando no está con ellos ni cinco minutos, te crees -el colmo de los colmos- que Tony Blair friega los platos en casa y hasta que la Reina Madre bromeara sobre su propia muerte ensayada con antelación.

Te crees cosas, en el cine, con los libros, que a lo mejor no son reales, como te crees que los autores de libros son siempre autores que crean y firman con su nombre y lo normal es que no se te pase por la cabeza que vivan del refrito. Y eso es precisamente lo que se hace en más ocasiones de las que nos imaginamos muchos autores de libros rápidos, o de libros de autoayuda. Acabo de leerme un libro -tan corto como sustancioso, me lo leí ayer por la tarde de un tirón- "L'autoajuda al descobert"  en el que su autor, Frances Miralles, nos cuenta cómo entró y salió del mundo de los libros de autoajuda y cómo se "fabrica" un producto de librería a medida. Parece hasta mentira dicho así, pero en la era del neoliberalismo todo es producto -da igual que sea bueno o malo- y tiene que vender y no es muy frecuente encontrarte un texto en el que te explican cómo funciona este mundo por dento.

¿Lo más curioso del libro? Francesc, confiesa, nunca soñó con ser escritor -al contrario de otros muchos que siempre presumen en las entrevistas de que desde niños escribían y soñaban con ser escritores- y en cambio ahora está en este mundo y no sólo le encanta, sino que lo hace bien -al contrario de muchos que... me muerdo la lengua que luego dicen que hablo de más-. ¿Lo mejor? Me apuesto lo que queráis a que el año que viene una novela que Francesc está escribiendo ahora estará en la lista de ficción de los más vendidos. Se abren apuestas.

 

Los premios del Tren y otros premios

Debe ser que, al ser sábado, me fijo en noticias distintas de las que leería otros días y hoy las dos primeras noticias que he leído se refieren a Premios literarios. La primera es del III Premio Dulce Chacón, que se lo han dado a Ignacio Martínez de Pisón por su obra "Enterrar a los Muertos". El libro lleva casi un año en las librerías y yo me lo leí en su momento y me gustó -aunque no compartí su posición-. A mí, la verdad, me gusta lo que dice, como dice Ignacio las cosas -aunque no siempre coincida en su enfoque, pero eso ya es harina de otro costal y ya lo he hablado con él-. Así que me alegro que un libro de ese estilo siga en boca de unos cuantos,  ahora a esperar a que acabe su próxima novela que la lleva bastante adelantada y es la faceta de Ignacio que a mí me gusta más.

El otro galardón que he leído hoy ha sido el fallo de los Premios Tren 2006. Estos tienen distintas modalidades -cuentos, poesía...-, en este caso la modalidad de cuentos ha recaído en uno de Fernando León de Aranoa. Me ha sorprendido ver a Aranoa figurar en un premio literario y en seguida he caído en la cuenta de que tengo muy mala memoria porque en agosto -no sé cuándo se cierra la posibilidad de envío de originales, pero sí que lo que os cuento fue agosto- uno de los jurados de este año ya me dijo que se lo daban a Fernando León de Aranoa. ¡Qué cosas!, ¿no? Un premiado que sabe de antemano quién será el premio de ese año quizás también de antemano sabía el suyo... imagino, cosas de libros, y de poesía, porque ese fue el premio que le dieron el año pasado. Paciencia, a los que se presenten a premios, digo, que seguro que hay muchos, muchísmos que se dan a la calidad literaria.

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