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Carmen Domingo

Madrid bien vale unos días

Regreso ahora de pasar cinco días en Madrid, entre la Biblioteca Nacional, y cenas, comidas y alguna fiesta, más o menos multitudinaria, entre amigos y algún encuentro profesional, o sea, no parar. Lo cierto es que Madrid, a mí por lo menos, esté los días que esté, consigue que se me pase el tiempo siempre como si fueran unas horas. Pero no os voy a hablar de eso, claro, sino de cómo a la vista de los nuevos ministros, me sorprendió que en la fiesta de la Residencia de estudiantes todo el mundo quisiera acercarse a César Antonio Molina, como si fuera ya a empezar a dar subvenciones o a repartir puestos de libre designación esa misma noche. Cómo son los "intelectuales", la mayoría de los cuales sólo eran aspirantes a "autores reconocidos" y, a ciencia cierta, se iban a quedar en eso. Confío que los asesores ministeriales tengan el ojo clínico suficiente para aconsejar debidamente.

Me pregunto, aunque conozco la respuesta, si harían lo mismo si el ministro en lugar de ser del PSOE fuera del PP, y me temo que la actitud sería la misma. Ganas de sorprenderse, claro está, igual que ayer -cenando con una amiga- y viendo en la televisión un programa del corazón en el que se hablaba de la viuda de España, echamos cuentas y vimos que estuvo poco más de un año casada con Paquirri y ha rentabilizado muy bien esos pocos meses. Qué cosas. Un famoso, o aspirante a serlo, le da importancia a las muertes según lo que le rentan e interpreta los meses en años. Y os lo digo esto por experiencia propia, que ayer tuve una reunión cinematográfica de trabajo -quizás es mejor decir de posible o imposible colaboración, de la que hablaré con nombres y apellidos en unos meses- en la que por medio hay también un tema parecido y no doy crédito de hasta dónde puede llegar el afán de protagonismo de los vivos, frente al de los muertos. País, que diría Forges...

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ay! que no me centro

Meses de ir y venir. De viajar, de ir a países por los que nunca hubiera pensado que me pasearía, de comprar ropa en la 33st con la 6Av de la colección de Sara Jesika Parker -os lo cuento en otro momento-, de celebrar mi cumpleaños en NY -ahí es na- y no logro centrarme en el blog. No por falta de cosas que comentar: treguas rotas, elecciones de nuevos ministros, Bono que debe entender que dedicarse a la familia es cuestión de meses y retorna a darnos la barrila político-franquistoide -en Toledo deben estar encantados, porque debe ser el perfil, pero en estos lares se nos ponen los pelos de punta sólo con pensar que vovlerá a hablar de la amenaza de la ruptura de España-. Pues eso, que no es por falta de temas, ni de ganas de comentarlos, es más bien de tiempo. De modo que hoy os dejo con un artículo de Juan Goytisolo -aunque Luis se asombre de que lo siga leyendo- y mañana, aunque sea desde Madrid, me pongo de nuevo:

 

TRIBUNA: JUAN GOYTISOLO

Nostálgicos del Trono y del Altar

JUAN GOYTISOLO 09/07/2007

La lectura del reciente Foro de Debate de El Mundo en torno a la figura del cardenal-arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, me llenó de estupor. Tras dar la bienvenida al ilustre prelado, el director del diario madrileño le pidió disculpas por haber podido ofender a la Iglesia con motivo de una entrevista publicada en sus páginas con el escritor Álvaro Pombo, en el que éste zahería su beligerancia antilaica y su anatema contra el matrimonio homosexual. El homenaje de pleitesía a quien mejor encarna posiciones que en otros tiempos eran denominadas ultramontanas y que hoy lo son de integristas tiene al menos el mérito de dejar las cosas claras: para algunos la sociedad española, liberada al fin de siglos de tutela eclesiástica, debería someterse de nuevo a los preceptos y prerrogativas que la actual jerarquía religiosa añora y reclama en su peculiar guerra santa contra el "laicismo radical" y la, en verdad inocua, asignatura de Educación para la Ciudadanía, en la que "Dios no cuenta" y "la dimensión trascendente del ser humano queda reducida a la esfera de lo privado".

¿Disculpas? ¿Cabe excusarse con una institución que jamás lo ha hecho por los crímenes y brutalidades que jalonan su larga y poco piadosa historia? ¿Se ha disculpado la Iglesia por los tormentos y hogueras del Santo Oficio que acabaron con la vida de decenas de millares de españoles, acusados de judaizantes, luteranos, sodomitas, hechiceros y una larga lista de herejías reales o supuestas? ¿Por la condena de quienes se arriesgaron a pensar por su cuenta y a vivir de acuerdo con su naturaleza y creencias? ¿Por su reiterada excomunión de liberales, masones, republicanos, comunistas, etcétera, desde el absolutismo fernandino hasta hace unas cuantas décadas? ¿Por su intervención directa en las guerras civiles del XIX que frenaron la modernización de España y por su vergonzoso apoyo al pronunciamiento militar contra la República, calificada nada menos que de Cruzada en la Carta Colectiva del Episcopado de 1937? ¿Por el exterminio planificado de "los rojos" por ese mismo dictador católico a quien recibían bajo palio en sus tiempos y que acuñaba con su asenso las famosas monedas de "Caudillo de España por la Gracia de Dios"?

El actual e imparable proceso de apertura de la sociedad hispana eriza los cabellos de nuestros santos tonsurados. Sus iglesias se vacían, un creciente número de jóvenes se proclaman agnósticos y, pese a las apariciones carismáticas de los dos últimos Pontífices y la espectacular mercadotecnia a su servicio, la grey se aleja de ellos y no atiende a sus diatribas contra el funesto radicalismo que "niega la libertad religiosa". Podrían dar un ejemplo de humildad y de espíritu evangélico, pero no lo dan. Llenan sus arcas con el dinero del Estado, esto es, del bolsillo del contribuyente, ya sea católico o no, y no obstante de eso sueñan en el retorno a la alianza del Trono y el Altar. Presiden bodas principescas y de celebridades del orden de la hija del ex presidente Aznar en El Escorial, mientras privan de la facultad de decir misa a quienes se inspiran en las enseñanzas de Jesús de Nazaret en la medida en que su ejemplo pone al descubierto el fariseísmo propio y el afán de acumular poder y más poder.

Las leyes adoptadas en la actual legislatura responden a las realidades del cambio social y a las expectativas de la gran mayoría de españoles que les da la espalda. La simplificación de los procedimientos para abortar, la legalización del divorcio, la ley de parejas de hecho y el matrimonio homosexual no son los cuatro jinetes del Apocalipsis que amenazan, según ellos, los fundamentos de la sociedad. Quiebran tan sólo la sujeción de la conciencia de los fieles a los mandamientos de la Iglesia de Roma a través del confesonario y de la imposición de preceptos de imposible cumplimiento, como pueden ser el celibato de los clérigos y la castidad de los jóvenes. ¡No importa que el anatema contra los anticonceptivos condene a millones de africanos a una muerte lenta, víctimas del "monstruo de las dos sílabas", si sus sufrimientos en este bajo mundo le redimen de sus pecados (o de los de sus padres) y facilitan su acceso a la gloria eterna en el Más Allá!

Las tesis de Huntington sobre el choque de civilizaciones no concierne por ahora a nuestros dómines. La Iglesia de Roma no busca la confrontación con el islam: secretamente, lo admira y envidia. ¿Cómo se las arregla para mantener la fe de sus fieles y para congregarlos en sus templos en tanto que los suyos cierran por falta de público y las ovejas de su antiguo rebaño se entregan al hedonismo más descarado? El culpable es el laicismo, ese laicismo que permite vivir a cada cual conforme a su conciencia.

El proselitismo expansivo de las iglesias evangélicas en Iberoamérica, con la consiguiente deserción de una parte de la propia grey, agrava su angustia y dispara todas las alarmas. ¿Por qué las otras creencias se robustecen y la suya amengua? Y, en vez de proceder a un examen de su vida y conducta y a corregir su muy poco cristiana ostentación de riqueza, nuestros obispos vuelven la mirada hacia atrás. A la bendita época de Fernando VII y del generalísimo Franco, a esos centenares de mártires beatificados por Juan Pablo II en Valencia, a quienes el actual arzobispo de la ciudad, Agustín García-Gasco, quiere erigir un templo a imitación del excavado en el Valle de los Caídos. Pues, al tiempo que truenan contra la Ley de Recuperación de la Memoria Histórica de las víctimas de Franco, se aferran al recuerdo de las persecuciones religiosas evocadas machaconamente durante 40 años por los servicios de propaganda del Régimen y cuyo testimonio se perpetuaba (y a veces se perpetúa aún) en las lápidas que ornaban (u ornan) las fachadas de sus templos.

Lo que aprendieron duramente los españoles de derechas o de izquierdas tras 150 años de guerras civiles -acabar de una vez por todas con los hechos, situaciones y doctrinas que las provocaron- choca frontalmente con el programa de Rouco, Cañizares y de los portavoces de la cadena episcopal. Si no hay clima de guerra civil, habrá que inventarlo. España agoniza, vuelven los tiempos en los que será necesario defender los principios que sustentan con peligro de sus personas (y de las de los demás). Tales dislates, repetidos a diario, no responden, para desdicha suya, a realidad alguna. Los españoles nunca han vivido tan bien como hoy, aunque quizá el porcentaje de quienes salvan su alma haya descendido un tanto desde los tiempos felices de Arias-Salgado. La tolerancia y el respeto a la libre conciencia de los ciudadanos no matan a nadie. Son los fanáticos e intolerantes de toda laya quienes manchan sus manos de sangre. Menos de la suya, claro, que de la de los demás.


Cuatro encuentros desastrosos con celebridades

Así son los famosos, y así cuenta sus encuentros con ellos Francesc Miralles en el Avui:

El humorista norteamericano Fred Allen definió una vez así las celebridades: «Son aquellas personas que se esfuerzan toda la vida por ser conocidas y, cuando finalmente lo consiguen, llevan gafas oscuras para evitar ser reconocidas».
Ahora que otro Allen, Woody, corre por Barcelona y tocará el clarinete en la Casa Fuster, he tenido que pensar en el mundo de los famosos, concretamente en cuatro figuras con las que me topé en extrañas circunstancias.
De adolescente yo estaba enamorado de Suzanne Vega; era un tiempo oscuro en que yo escribía poesía y me creía la monda. Tanto era así, que en una ocasión envié a su dirección postal un poema horroroso: La avenida de mis sueños. Cuando metía la carta en el buzón, me dije: «No contestará».
Pero, sorpresas te da la vida, dos semanas más tarde recibí una postal de Nueva York con un retrato de Suzane y una línea manuscrita. En referencia a mi poema, decía: «Behind the words, it must be feeling» («Más allá de las palabras tiene que haber sentimiento»).
Al leer esto, me sentí herido en mi ego artístico e, indignado, despedacé la postal de Suzane.
Mi segundo encontronazo con la fama fue bastante más insólito. Todavía no había terminado el bachillerato, cuando el afterpunk de la clase ―se llamaba Edu― me pidió que le acompañara a ver los Depeche Mode en el entonces denominado Studio 54.

La sala del PAralelo estaba a reventar de cabellos de punta y vamps con los labios pintados de lila. Cuando finalizó el show, nos acercamos a los camerinos a husmear. Allí nos encontramos ante una puerta donde se apelotonaban más de doscientas chicas que gritaban como locas.
De pronto, se abrió y el segurata anunció: «Pueden pasar tres chicas». Entonces Edu me susurró al oído: «Tírate al suelo y empieza a gatear». Haciendo lo que me decía, repté entre talones de aguja y bambas Converse hasta que sentí un «cloc» detrás de mí.
Levanté la cabeza y, para mi sorpresa, me encontraba dentro del camerino con mi compañero y una chica menuda. Los Depeche Mode nos miraban asombrados.
Finalmente el cantante, David Gahan, sacó cervezas de la nevera y nos invitó a sentarnos con ellos en un sofá. ¡El sueño de todo fan! Pero no habíamos contado con una cruel realidad: ni Edu ni yo hablábamos una palabra de inglés. Por lo tanto, tras vaciar la botella en tres tragos, salimos de allí muy avergonzados.
El tercer encuentro desastroso con famosos fue un hecho tan puntual como doloroso. Tuvo lugar en el antiguo Zeleste de la calle Argenteria, donde Loquillo y los Trogloditas se dedicaron a rescatar temas de sus inicios.
Loquillo cantaba compulsivamente «No tengo dinero para una chupa de cuero" haciendo girar en alto una chaqueta de clavos. De repente, la soltó y voló hasta mi cara, pero con tan mala suerte que un clavo me partió el labio.
El cuarto encuentro tiene como protagonista la canción Eternal Flame, que las Bangels popularizaron a finales de los 80. Recuerdo que escuché esta canción tan romántica (Close your eyes, give me your hand...) por la radio en un momento especialmente triste para mí. Me encontraba dentro de un coche, de madrugada, al lado de una chica de la que estaba enamorado hacía años, pero que me daba calabazas.
Doce años después, cuando trabajaba de editor, una escritora mexicana me pidió el siguiente favor: «Este sábado llega Tom Kelly, un compositor rico y famoso que fue mi pareja, y quiero que me ayudes a montarle una fiesta».
Le pregunté qué discos había hecho y me dijo que se dedicaba a componer para otros artistas, como Madonna.
Finalmente le montamos una fiesta en una casa de El Masnou donde había un piano. Tom Kelly, con camisa progre y barba, al principio despertó curiosidad, pero tras cantar un par de temas suyos ―era curioso escuchar el Like a Virgin por un hombre―, la gente se cansó y fueron a tomar el fresco al patio. Como el final de una película, nos habíamos quedado los dos solos al piano, cuando le pregunté qué otras canciones había hecho. «¡Oh, muchas!», contestó, «Por ejemplo, a las Bangels les compuse Eternal Flame, que me ha dado mucha pasta».
Al oír esto, abrí mucho los ojos y le confesé que aquel tema era muy significativo para mí. Después de contarle la historia del coche, Tom Kelly rió y me dijo: «Pues ahora mismo la cantaré sólo para ti».
Mientras escuchaba los primeros compases de Eternal Flame tuve la impresión de que se había cerrado un círculo.

Elegy: un rodaje en Vancouver

Una tiene suerte, mucha, de que las amigas le dejen colarse en los rodaje. Así son las cosas, y así las he contado en el Marie Claire de este mes.

Isabel Coixet se dispone a realizar un travelling. Grita "¡action!" y, colocada detrás de la cámara, como si fuera una más del equipo en lugar de la directora, la enciende para grabar. Mantiene la misma forma de rodar que en todas sus películas. "Aunque ya levamos unas semanas de rodaje, siguen sorprendiéndose de que sea yo quien esté detrás de la cámara, en lugar de sentarme y mirar a través del monitor cómo queda la secuencia", explica la realizadora catalana. "Mi forma de dirigir, cámara en mano, es lo que más cuesta que entiendan por aquí, acostumbrados a otro tipo de director. Pero es la única manera de que un proyecto que me ha venido dado como éste sea al final tan mío como lo está siendo".

Son las siete de la tarde de un miércoles en el barrio antiguo de Vancouver. Se rueda "Elegy", la última película de Isabel Coixet. La protagonizan Penélope Cruz y Ben Kingsley y está basada en la novela de Philip Roth, "El animal moribundo". La escena transcurre en un callejón de casas bajas, escaleras de incendios en los muros, semáforos que prohíben el paso con una incandescente mano roja, poco tráfico y algún mirón. Es como si Nueva York se hubiera relajado al llegar a Vancouver. El equipo prepara las enormes grúas con las que simularán la lluvia y, cuando todo está a punto, se van a comer algo en una de las tiendas que, a modo de comedor de colonias, con mesas alargadas y bancos, tienen instaladas a un lado de la zona del rodaje. Todo el mundo -directora, productores, cámaras y equipo técnico- se dirige como una flecha a la gran pizarra donde puede verse, escrita con tiza, la lista de los platos del día. Acaba de llegar Ben Kingsley, "Sir Ben" como le gusta que lo llamen para marcar cierta distancia; sin embargo, el gentleman no se resiste el buen rollo que se respira en el equipo y opta por esperar junto a todo el mundo. Mira sus zapatos para confirmar que tienen el brillo adecuado y, de reojo, examina la suela para asegurarse de que no resbalará cuando corra bajo la lluvia en la escena. A su izquierda, su doble -sí, todas las escenas las interpretan antes otros actores para comprobar iluminación, enfoques, encuadres, y evitar el agotamiento de las estrellas- le comenta cómo ha ido el ensayo por la mañana. En esta escena David Kepesh -el maduro profesor que interpreta Ben Kingsley- camina bajo la tormenta mirando a un lado y a otro en busca de una mujer que no aparecerá en ese momento, Consuela (Penélope Cruz), la joven de la que el sexagenario profesor se ha enamorado. En frente, ataviada con gorro e impermeable, Isabel Coixet espera a que desaparezca el último rayo de sol para conseguir la atmósfera perfecta. Son necesarias cinco tomas para lograr el OK de la directora. "No siempre hacen falta tantas; a veces al segundo intento doy por buenos los resultados; si no son muy largas se pueden llegar a rodar dos o tres escenas en un día", explica.
Interior restaurante
Al día siguiente ruedan en uno de los pequeños locales de la zona vieja. El profesor y su amante se darán cita en un restaurante con sabor a confidencia amorosa. Llevan horas disponiendo el escenario (camareros, mesas, comida, extras que entran y salen, grupos y parejas...). Ben Kingsley ha llegado hace un rato y prepara su interpretación. Media hora antes de rodar, aparece Penélope. La acompaña su inseparable Ana, maquilladora, amiga, y "guardaespaldas" ocasional de la estrella. Pe llega radiante, maquillada y vestida de su personaje, luciendo unos preciosos zapatos de Christian Louboutin con un tacón considerable. Comenta la escena con Isabel primero y repasa los últimos matices con Ben. Por supuesto, en algunas revistas ya se ha hablado de un posible romance entre ellos. Tiene gracia. Algún paparazzi ha usado fotos robadas del rodaje para intentar justificar un lío. Obviamente no existe esa clase de química entre la cinematográfica pareja, pero sí de la interpretativa. Pe reconoce que está aprendiendo mucho a su lado y el tandem se "merienda" la pantalla. Mientras ellos hablan, se escucha, a lo lejos, a un joven sevillano gritar: "Penélope, mi abuela me había dicho que los monumentos no andan y te veo y sé que no es cierto". La actriz se gira y sonríe: "Qué arte tiene el chico". Pero la policía de Vancouver que está controlando el rodaje no entiende de piropos sevillanos y se dirige de inmediato hacia él para alejarlo de la zona. Consuela entra en el restaurante irradiando luz -es evidente que Penélope se siente cómoda con su personaje- y se sienta tras besar a David (Ben Kinsley) para disfrutar de una agradable velada. Tras rodar la escena un par de veces, pausa en el rodaje. Penélope se precipita sobre el monitor para ver el resultado de la secuencia. Después, sale a la calle a fumar y espera a que le traigan una sopa caliente que temple sus manos en una madrugada fría. Oigo cómo comenta a la incombustible Ana: "Estoy trabajando muy a gusto con Isabel". Llega Daniela, asistente personal de Pe, que aprovecha el descanso para acercarle a su perro León al set. Penélope se deshace en carantoñas en cuanto lo ve, a pesar de que, le dice Daniela, se acaba de comer entero el tacón de unos zapatos que no ha tenido tiempo ni de estrenar. "¡Ay, cómo eres!", le dice la actriz sin amago de enfado, y lo acaricia sin dejar de sonreír.
En la velada romántica, Ben está irresistible. Seduce a Penélope y convencerá al espectador. Queda claro que ésta no es otra manida historia del viejo cautiva jovencitas. Según Isabel, el filme es el paradigma: "Mientras los personajes masculinos de la película aparecen como indecisos y hasta temerosos en muchos casos, las tres mujeres son muy fuertes, les dan a ellos sopas con hondas". Y eso que, aunque "Elegy" aún se está rodando "ya ha sido malinterpretada", comenta Coixet. El Daily Mirror, al iniciar el proyecto, y hace poco The Guardian tacharon la película de misógina. "¿Te lo puedes creer?", exclama Isabel mientras muestra el fax que acaban de pasarle con uno de los artículos. "Además, ellos mismos se extrañan de que una directora como yo, con las películas que he dirigido, vaya a rodar ahora algo así." Es cierto que Roth ha sido acusado de misoginia antes, pero el retrato que hace de David Kepesh, el protagonista en "El animal moribundo", es el de un hombre básicamente asustado de las mujeres y del amor. "Consuela (Penélope Cruz) es una mujer distinta a todas las que el viejo profesor ha conocido. Y surge el inevitable infierno particular de celos, posesión y miedo al que se enfrenta David, y muchos otros hombres. Ante la pasión, el profesor deviene en un ser básico, con unas reacciones de miedo primarias." Y añade: "Yo, que conozco personalmente a Philip Roth, que hemos leído juntos página a página su novela, no lo veo así. Me he quedado muy sorprendida con los comentarios porque creo que poseo un radar para detectar la misoginia y no ha dado señal de alerta con Roth." Isabel, Penélope y Ben, ya con algo caliente en el estómago, repiten de nuevo la escena tras los retoques necesarios de los dos actores por parte de sus respectivas maquilladoras. Ben aprovecha para pedir algún aceite balsámico para ponerse en las manos porque tiene que coger la cara de Penélope antes de darle un beso y, en un claro gesto de coquetería, quiere que le huelan bien.

Toma 12 -plató- Encuentro amoroso
Toca secuencia de interior y todo el equipo se desplaza a los estudios de rodaje situados a unos kilómetros de Vancouver donde esperan todas las caravanas y está preparado el plató. Esta semana ruedan algunas de las escenas con componente erótico de la película. Los ánimos están algo más alterados de lo normal y el acceso a la zona del rodaje está restringido para la mayoría de miembros del equipo con los que Penélope, muy concentrada en su papel, tendrá muy poco trato estos días. "El sexo es algo que no he tocado hasta ahora, pero las escenas eróticas son importantes en esta película, aunque no son la clave. Existen en función de explicar quiénes son los personajes. Son escenas muy bellas y forman parte de la vida cotidiana de Kepesh y Consuela tanto como ir a la playa o al teatro o a un restaurante", explica Coixet quien aclara: "Elegy será más cercana a 9 Songs de Michael Winterbottom que a Instinto Básico". Al fondo, Penélope, situada entre Ana y Daniela, comenta que desde su papel en Jamón Jamón no se siente demasiado cómoda interpretando escenas de contenido sexual. Isabel llama a todo el mundo para empezar a rodar. Entran seis personas del equipo y unas enormes puertas de madera, que sólo dejan hueco a la imaginación, se cierran empujadas por dos de los chicos del equipo. Nadie entrará ni saldrá hasta que se escuche el OK de Isabel.

El fin de semana, que debería servir de relax, también se aprovecha. El sábado, Isabel y Ben ensayan las escenas de la semana siguiente.
Agotada tras seis días de jornadas maratonianas, Isabel llega al hotel a media noche. El merecido domingo, la directora ha decidido entregarse al shopping. "En el último fin de semana, Deborah Harry (la popular Blondim que también trabaja en Elegy) y yo nos recorrimos casi todas las tiendas y acabé comprándome estos zapatos. Bueno, casi me obligó a hacerlo". Y me enseña unas sandalias de plataforma de Angeli Inquieti que harían las delicias de más de una y que, junto con las gafas de pasta -"aquí en Vancouver hay modelos muy originales"- forman parte de su universo estético.

Amanece este domingo una mañana primaveral que invita al paseo. En la habitación de Isabel se acumulan novelas, revistas, CD's y otros fetiches. "He preparado la música para ambientar las escenas más eróticas". Está claro que si algo no cabe en el universo de Isabel Coixet es dejar un margen para el descanso.
Marie Claire Julio 2007

Entre Rocío Jurado y Maite Zaldívar

Leo que ayer por la noche las audiencias de este país se dividían entre Tele 5 y Antena 3 -un reparto que es, dicho sea de paso, el habitual-. Entre la falta de moral y de ética oculto bajo el falso homenaje a Rocío Jurado con la "sana intención" de hacer carnaza de los momentos más televisivos -sangrantes y humillantes en muchos casos- de la cantante a penas a unos días del año de su fallecimiento y la confesión de la "primera dama" del chanchulleo fiscal de estos momentos Maite Zaldívar, que como cualquiera de nosotros antes de salir de casa corriendo dice que cogió un sobre con -crre- unos 200.000 euros. Entre dos líderes exclusivos del periodismo, dos de los comunicadores con "más credibilidad" de este país: Jorge Javier Vázquez y María Patiño.

Allán quedan reflejados -en las audiencias, se entiende- el mucho tirón que tiene el periodismo de chufla y pandereta, de cutrez y sangre fácil, que tanto y tan bien funciona estos días, y la poca ética y moral que se respira en muchas de nuestras televisiones y -lo peor- lo bien que parece nos viene a todos. Quite usted y no se líe con problemas de emigracion, participaciones bochornosas en las elecciones, jubilados que tienen que pagarle a Hacienda cuando su pensió no llega a los 700 euros, falsas actitudes progresistas desde los responsables de las fuerzas del orden o debacles en los resultados electorales. Qué me cuenta usted de si la Alhambra puede ser o no una de las 7 maravillas, o si hay una exposición en el Reina Sofía de Dora Maar. Qué cosas tiene usted.

Mire lo bien que viven, han vivido y vivirán muchos del caso Malaya, cómo está el señor Conde de pensionista del Estado, o cómo -si me apura- los ricos también lloran porque las enfermedades no seleccionan a quien afectan en función de su cuenta corriente. Y en el fondo, déjese usted de tonterías, que en Inglaterra están sacando ahora las imágenes de Lady Di siendo socorrida por un médico minutos después de tener el accidente. Esos, esos, sí que no tienen vergüenza.

De nuevo una jornada electoral

Hay que votar, sí... vale... de acuerdo... no todo el mundo -la participación rondó el 50%, lo que demuestra que estamos no a un paso de Europa sino a unos cuantos quilómetros, muy lejos del 80% de participación de los franceses-, pero unos cuantos votaron. Que la falta de participación perjudica a la izquierda, dicen, pero yo me temo que a la izquierda -en un amplio, muy amplio, sentido del término- lo que más le perjudica es hacer declaraciones acusando al candidato de enfrente de "tener relaciones personales" con alguien en una tribuna de televisión, decir que "vamos a echar a los okupas de buen rollo", asegurar que los "mossos hacen su trabajo bien después de múltiples denuncias de malos tratos"... qué sé yo, menudencias deben pensar los políticos, pero ya veis como, a la hora de votar, el resultado ha sido desastrosos. Que el PSOE no baja mucho -no nos engañemos que ha aumentado la población, y eso ha ayudado a que aumenten los concejales-, bien está. Pero que el PP que ha campado a sus anchas, a pesar de haberse hartado de mentir y de intoxicar los medios y la opinión pública es más cierto que ná. Y a la hora de la verdad, el PP... se ha visto refrendado como pocos en Madrid -Ayuntamiento y Comunidad-.

Qué gracia, ayer Blanco decía que si sumamos los votos sin tener en cuenta los resultados madrileños, el PSOE había ganado. ¡Ay!, pero es que Madrid -y Valencia, no lo olvidemos- no se pueden quitar para sacar conclusiones, es más, nos dan unas conclusiones muy, muy significativas de cómo está todo y cómo -espero que mi derrotismo no sea agorero- si no se ponen las pilas los señores -que no los barones, que esos deberían mantenerse callados- del PSOE y los dirigentes de IU esto da el vuelco casi sin que nos enteremos.

Tranquiliza alguna zona del Estado Español, pocas, pero alguna: Navarra -que ha sido indiscutiblemente la gran sorpresa y que yo, que voy mucho por aquellos lares espero que sepan manejar con dignidad- y Baleares. Tranquiliza, vale, igual que tranquiliza que Ciutadasn no haya sacado concejales en ninguna de las capitales catalanas, pero no quiero mirar el mapa que ha quedado porque veo gaviotas volando por casi todos los sitios y lo peor... escucho unas reflexiones desde la izquierda que ni ellos mismos se creen.

Ya tenemos "español de la historia", y yo estoy a punto de ponerme a llorar de rabia

En tiempos de elecciones, con las estupideces propias que eso provoca, Antena 3 va, se desmarca una noche y programa "El español de la historia" con un formato de lo más "moderno" con Susana Grisso y Matías Prats a la cabeza, no digo más. Un programa que, leo, ha tenido muchísimo éxito en aquellos países en los que se ha emitido. Como dato señalar que Reagan y Salazar fueron dos de los premiados en sus respectivos países. ¿Preocupante?

Bien. Como su nombre indica, el programa propone -a través de un número de entrevistas que consideran suficiente y que en este caso ha sido de 3000- elegir quién ha sido el español de la historia. Los nombres que se barajan son tan significativos como: David Bisbal, Isabel Pantoja, Franciso Franco, Goya, Colón o Cervantes.

Sigamos. En el plató, mentes preclaras que configuran nuestro panorama patrio de la altura intelectual de Marta Sánchez, María Patiño, Gonzalo Miró, o Urdaci se disponen a opinar acerca del mismo, tras escuchar los perfiles de los seleccionados -la antigua Larousse que colea por casa de mis padres es menos nostálgica y edulcorada y, por suerte, más rigurosa-. Casi tres horas de programa que no aguanté enteras -vi principio y final- que, para mi sorpresa dieron como conclusión de quién es "nuestro número 1" a Juan Carlos I. Aparte usted la labor real de Carlos V y Felipe II, por citar dos reyes, que a su lado fueron meros aprendices. Aunque... ¡se me olvidaba! con lo importante que fue la transición!, ni sé qué estoy diciendo. Y no sólo eso, ahora ya estoy incluso preocupada, los 3000 encuestado eligieron entre los siete primeros puestos a los reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, y a su hijo, Don Felipe, ni sé cómo es que no está Letizia -en el puesto 15- y sus nenas, la verdad.  ¿Casualidad? ¿Coincidencia? ¿Premeditación? o simple ignorancia.

Acabemos . Empiezo a ponerme nerviosa, a falta del resultado -que confieso que era el que me esperaba- de Francisco Franco que quedó el 23, pongamos al sucesor por él elegido y apartemos a Ramón y Cajal, Miguel Henández, Cervantes u Ortega y Gasset que, en el fondo, no eran más que meros pelagatos en lo suyo.¡País!, que diría Forges y bien podría inmortalizar este momento en una de las tazas que vende El País.

De Hollywood a Barcelona

De Hollywood a Barcelona

Hacía muchos días que no me ponía a escribir y ahora, así, de pronto, en el aeropuerto de Amsterdam, de retorno de Vancouver -ni yo misma doy crédito de haber hecho este viaje- mientras espero mis horas correspondientes me pongo al blog. Sentada con un café y, en Europa son más modenos que en España, un cigarro, que aquí todos los aeropuertos tienen su area de fumadores como Dios manda.

Que qué hacía yo por Canadá. pues bien sencillo, he estado en el rodaje de Elegy -gracias a las gestiones de Isabel- y me lo he pasado la mar de bien, a la par que me he sorprendido de casi todo, ya que como todos sabéis soy profana en esto del mundo del cine. Pero no puedo seguir hablando del rodaje, que me extendería y mucho, porque tengo que entregar un reportaje para Marie Claire y hasta que ellas no lo hayan publicado yo ni medio comentario... bueno, aunque sí cuelgo una foto de Isabel y yo en el camión de Isabel el día que llegué. Ben, Penélope y los demás... vais a tener que verlos en Marie Claire, no hay otra.

Luego más, que esta conexión no acaba de ser de lo mejorcito y me da miedo que todo se cuelgue.

El gran escaparate de Tokio

Faro de la modernidad japonesa, Tokio es una de las ciudades más dinámicas del planeta, con una densidad de población extremadamente alta, 14.000 personas por kilómetro cuadrado, casi dos veces más que Nueva York. Desde Tokio se lanzan al resto del mundo las modas a un ritmo desenfrenado, ya sea a través de la pantalla gigante de Studio Alta, el nuevo prototipo de modelo urbano situado en el barrio de Shinjuku, o de las callejuelas llenas de electrodomésticos y lo último en electrónica del ciberbarrio de Akihabara, sin olvidar la modernidad que rezuma la reciente edificación de The National Art Center.

Así, esta megalópolis, que cuenta en su área metropolitana con tantas personas como toda España, ha creado también un discurso urbanístico que pone el énfasis en las dificultades que supone la superpoblación, sin perder de vista que es, y seguirá siendo, un ejemplo de vitalidad y dinamismo.

Y es en Ginza, uno de los barrios más chics de Tokio y también uno de los más caros del mundo, donde más claramente se ejemplifica lo anterior. Ginza -ejemplo como pocas zonas de los excesos del lujo y el consumismo asiático- es la zona en la que podemos adquirir -o soñar con que lo hacemos- el complemento que se nos ocurra de cualquiera de nuestros diseñadores favoritos: Vuitton, Hermès, Dior, Gucci...; pero también el último modelo de Sony, el último coche de Nissan o el iPod más reciente de Apple, que no sólo de modernidad en el vestir vive el fashionista. Aunque se encuentra la juguetería más antigua de Tokio, los quimonos más exquisitos, el primer centro comercial que se construyó en toda la ciudad, algunas tiendas dedicadas por completo al popular deporte del golf, o siete department stores que, para tranquilidad del comprador, cierran cada uno un día de la semana diferente.

Lugar de la plata

Y, como si de una casualidad se tratara, la traducción de Ginza es "lugar de la plata". Fue en el lejano siglo XVII cuando recibió su nombre, tras construirse una casa de la moneda en la zona que se convirtió en distrito de comerciantes. A partir de ese momento, y quizá derivado de ese mismo azar, se asentaron en ese distrito de Tokio la mayoría de comerciantes de la región. Fue a finales del siglo XIX, tras la apertura de Japón a Occidente, cuando el barrio vivió un proceso de modernización incomparable y se construyeron un buen número de edificios, en su mayoría dedicados a centros comerciales. Todavía hoy Ginza cuenta con el almacén más antiguo de Japón: el Ginza Wako. Esta construcción de 12 plantas, coronada por un enorme reloj Seiko, fue inaugurada en 1932 y desde entonces se vende en su interior toda clase de artículos de lujo.

No hay duda, el país del sol naciente se ha convertido en el exponente mundial del lujo. No hay más que ver la adoración que sienten sus gentes por las firmas más exclusivas; tanto, que los gigantes de la moda han creado sus insignias en el lugar más exclusivo de Tokio, Ginza. Así, los japoneses decidieron establecer en sus calles verdaderos templos de la moda, para los que buscaron un concepto arquitectónico innovador que reforzara su posición en el mundo del diseño -es la única ciudad del mundo donde encuentras las colecciones completas de las grandes firmas-. La clave es crear un edificio que sea a la vez una tienda espectacular y un emblema corporativo, que rompa con los esquemas establecidos y se reconozca en todo el mundo.

Variaciones luminosas

Gracias a eso, en la actualidad, podemos disfrutar de las construcciones más arriesgadas de algunos de los más importantes arquitectos contemporáneos. Desde la singular tienda de Jun Aoki para Louis Vuitton, con incrustaciones realizadas con el mismo mármol blanco usado en el Taj Mahal; pasando por la fabulosa megastore de Chanel, diseñada por Peter Marino, cuya fachada ha sido construida por una especie de cortina de vidrio que incluye diodos luminosos que se encienden por la noche, o el elegante edificio de Renzo Piano para Hermès, con su fachada de pavés y su interior de luminosidad cristalina o metálica, serigrafiado con delgadas líneas de oro, formando una película que refleja las variaciones luminosas del cielo. También Prada está en Ginza, un edificio futurista de seis plantas, diseñado por los suizos Herzog & De Meuron, revestido de cristal y acero formando rombos, como si fuera una colmena azul durante el día y un templo brillante por la noche. Gucci culminó hace pocos meses su imperio en Japón con una espectacular torre de cristal de ocho plantas, realizada a base de láminas de acero y cristal, creación de James Carpenter; por la noche se ilumina a través de una instalación de luz creada por el artista Shozo Toyohisa.

Louis Vuitton no quiso quedarse atrás y edificó una fachada de hormigón en la que se ven unos cuadraditos que contienen más de 30.000 tubos de luz que ofrecen una iluminación sorprendente durante la noche, mientras que, en su interior, miles de anillas de acero cuelgan del techo formando las distintas dependencias del edificio. Los zapateros de Tod's proyectaron su sede en la capital japonesa y Toyo Ito materializó la idea en el centro neurálgico de Tokio edificando un diamante de seis caras que forma la silueta de árboles entrelazados. Los premiados arquitectos de la casa Dior en Tokio, los nipones Sanaa, realizaron un proyecto blanco impoluto que tiene una primera vestimenta de vidrio y una segunda que se transforma convirtiéndose en un mural con el logo Dior... ¿Quién da más?

Todos estos edificios son una muestra de una tendencia imparable que está impulsando a las grandes firmas de lujo a levantar sus flagship -tiendas insignia-, verdaderos templos arquitectónicos. Así que si alguien dice que Ginza es a Tokio lo que la Quinta Avenida es a Nueva York, o que lo más cool está en París, no te lo creas. Ginza es más, mucho más...

CARMEN DOMINGO 12/05/2007  El País El Viajero

 

COSER Y CANTAR. Las mujeres bajo la dictadura franquista

COSER Y CANTAR. Las mujeres bajo la dictadura franquista

La manipulación ideológica de la mujer bajo el franquismo, su exilio exterior e interior, y la represión brutal sufrida por miles de mujeres durante este negro período de nuestra historia.

Terminada la Guerra Civil, el aparato represivo del franquismo no se detuvo ante nada ni nadie en su intención de construir una nueva España que bailara al compás del nuevo régimen fascista. En el caso de las mujeres, la vigilancia y la represión de las que se consideraban rebeldes fue, si cabe, mucho más estricta que para los hombres, y el control al que fueron sometidas superó el ámbito de las cárceles y los campos de concentración, llegando incluso al ámbito de las casas, los comedores y los dormitorios. En poco tiempo, la Sección Femenina, con Pilar Primo de Rivera a la cabeza, en estrecha colaboración con la Iglesia católica, logró relegar a la mujer a las dos únicas funciones que, según ella, podía realizar: ser esposa y madre, pues el talento creador y analítico estaban «reservados por Dios para las inteligencias varoniles», mientras que bastaba con que las mujeres representaran los valores de la «resignación, sumisión, entrega, sacrificio, aceptación y renuncia».

Pero no sólo la mujer vencedora pobló la España de la dictadura de la que se ocupa la primera parte del libro. En una segunda parte se detalla la situación que vivieron miles de mujeres condenadas a las cárceles franquistas —aquellas que no agacharon la cabeza y se pusieron a coser—, hasta acabar, en la tercera parte de este ensayo, por aquellas mujeres que, expulsadas de sus casas y obligadas a atravesar las fronteras de nuestro país, vivieron el exilio. De todas ellas, aquellas que de tanto coser y cantar acabaron por olvidarse de vivir, es de las que habla este libro de Carmen Domingo, en el que por primera vez se trata de forma amplia y extensa la situación que vivió la mujer durante los cuarenta años de dictadura franquista, tiempo pasado que no conviene olvidar.

Colección: Ensayo

PVP.: 20,00 €

Nº de pág.: 432 págs.

Fecha de publicación: 13 de abril de 2007

 

 

 

De Amelie Nothom a Erika Ortiz

Hace unos día que he acabado de leerme la última novela traducida de Amelie Nothomb: Ácido Sulfúrico. Qu e no es la mejor de sus novelas, quizás, pero mantiene un estilo que a mí sigue pareciéndome distinto y diferente. Acopstumbrada a malas novelas y malas copias. Pues bien, la novela -que trata de Telerealidad- empieza diciendo: "Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo". Sí señor. Así son las cosas y así se lo hemos contado. A los programas del corazón de ayer me remito. No hay más: se muere Erika Ortiz y el respeto que pide la familia se convierte en especiales de televisión. ¡Mira tú qué bien!

Que sí, que los ricos también lloran y eso le mola a la gente. Pero, dicho esto, y contada la noticia, francamente no sé qué más se puede / debe contar de ella.

Paciencia, yo seguiré con la Nothomby con el último de Julian Barnes -Arthur & George- que me compré el otro día manteniéndome fiel al criterio de Anagrama que junto con Tusquets es de las pocas editoriales de las que te puedes fiar casi con los ojos cerrados. Será que ellos sí saben hacer de editores y no se les ocurre jugar a ser autores como pasa en otros sellos... No me hagáis caso, es que el otro día me contaron cómo un editor se cree que es mejor que los autores y aún estoy con dolor de cabeza.

 

Escrito el 8 de febrero 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Un manifiesto

    Múltiples razones han provocado mi desaparción un par de meses. Poco a poco el cauce retoma el rí y aquí estaré de nuevo. De momento, ahí va el manifiesto que se leerá el 10 de abril, a las 13,00 horas, en la Sala María Zambrano del Círculo de Bellas Artes.

                                                      MANIFIESTO

          I.-  Muchos ciudadanos de nuestro país observamos con creciente inquietud el grado de crispación y enfrentamiento en que discurre la vida política española. Es propio de sociedades democráticas el debate, la confrontación dialéctica, la crítica acerba y, como no, la utilización de los derechos de expresión o de reunión con el fin de manifestar la protesta o el apoyo. Nada de lo anterior nos debe, pues, preocupar ya que forma parte de la normalidad democrática.

          II.- Lo que nos inquieta, por el contrario, es que el debate político argumentado esté siendo suplantado por la descalificación y el insulto; que el normal funcionamiento de las Instituciones sea trastocado y se niegue legitimidad a quien gobierna por voluntad de la ciudadanía; que el derecho a una información veraz se sustituya por la manipulación sistemática de los hechos a base de mentiras o de medias verdades que confunden a la opinión pública. Conjunto de procesos indeseables que si bien no han conseguido, todavía, provocar una quiebra en la sociedad española, muestran ya indicios preocupantes de que se puede estar gestando esa fractura que conviene detectar y soldar cuanto antes.

          III.- Creemos, sinceramente, que este clima crispado no obedece a la situación real de España. Es como si una realidad virtual, construida ex profeso con fines partidarios o electorales, se sobrepusiera a unos hechos objetivos que quedan así, la mayoría de las veces, sepultados por una avalancha mediática que se concentra en ciertos temas y se olvida de todo lo demás. Bien es cierto que nuestro país sigue teniendo problemas serios sin resolver sobre los que, por cierto, no se incide ni se ofrecen alternativas desde la oposición. Pero nadie, con un mínimo de honestidad, podrá negar que la economía marcha razonablemente bien, que el desempleo ha disminuido, que las fuerzas sociales han alcanzado importantes acuerdos, que se han producido avances no desdeñables en derechos sociales y civiles y que, en general, ha aumentado el bienestar de la población aunque, desde luego, no en igual medida para todos.

          IV.- Ante la evidencia de estos hechos, toda la carga opositora se ha concentrado en unos supuestos peligros para la unidad de España y en una no menos supuesta rendición del Estado ante  los terroristas. Es decir, nada menos que “España se rompe y España se rinde”. Conviene afirmar, pues lo contrario sería faltar a la verdad, que tamaña desmesura no tiene nada que ver con la realidad, al margen de la opinión que cada uno tenga sobre cómo ha administrado el Gobierno tan delicados temas. Las reformas de los Estatutos de autonomía, salvo el de Cataluña, han sido aprobadas por los dos partidos mayoritarios y supone una falsedad obvia sostener que el Estatut, surgido de las Cortes Generales, rompe la unidad de España.

          Se puede o no estar de acuerdo con la política antiterrorista del Gobierno, pero de ahí a sostener que la decisión, mediante resolución judicial, de que un preso, por muy criminal que sea, pase a la situación de prisión atenuada, ante el riesgo acreditado por los médicos de que puede fallecer, cuando le quedan 16 meses de condena por un delito de coacciones, es una rendición ante la banda terrorista ETA  resulta insostenible.  Si de lo anterior se deduce, además, que el Gobierno ha pactado ya con la banda, o sus representantes políticos, el futuro de Navarra, de Euskadi y de España, sin acreditar tan graves acusaciones, nos parece que se ha alcanzado tal nivel de exageración y extremismo que se hace inviable un debate racional. En este sentido, no es aceptable convertir la lucha contra el terrorismo en el eje exclusivo de la oposición a cualquier gobierno democrático. Esta postura no tiene antecedentes en la Unión Europea. Sobre todo cuando en los últimos años la actividad terrorista ha disminuido en comparación con los cientos de atentados de anteriores legislaturas.

          V.-  El exceso ha llegado a tal punto que desde organizaciones con amplias responsabilidades sociales y financiadas por el Estado se hacen llamamientos a la objeción de conciencia en el cumplimiento de leyes aprobadas por el Parlamento y desde partidos con funciones de gobierno se apela a la rebeldía civil frente a un Ejecutivo legítimo, aduciendo que la nación española está en peligro. En un Estado democrático y no confesional, las leyes las hace el Parlamento y todos deben acatarlas. La apropiación partidaria de banderas e himnos nos retrotrae a épocas felizmente superadas y sólo puede ser causa de división. Convertir la propia idea de España en bandería es propio de dictaduras y de ideologías extremistas. En democracia no se puede pretender torcer la voluntad ciudadana ni con soflamas, ni con manifestaciones y menos con confusas actitudes “ caudillistas”. Es el voto y solo el voto el que debe decidir quién es el llamado a gobernar.

          VI.- Esta política de confrontación se ha inoculado en esenciales Instituciones del Estado que deberían ser inmunes a las batallas políticas. Nos referimos a Institutos tan trascendentales como el Tribunal Constitucional. A veces da la impresión de que se producen movimientos, decisiones o maniobras tendentes a alcanzar objetivos que de otra manera no se lograrían (Véase el funcionamiento, en algunos casos del Consejo General del Poder Judicial) y que van en detrimento del prestigio y de la confianza que los ciudadanos depositamos en ellos.

          VII.- Una situación de esta naturaleza no debería, en nuestra opinión, conducir al Gobierno a una actitud de confrontación, pero sí a una exigencia de liderazgo y de capacidad de propuesta. Una parte no desdeñable de la ciudadanía está confusa y es obligación de los gobiernos poner remedio al desconcierto. No es bueno olvidar que cuando la manipulación o incluso la mentira encuentran eco en las personas, ello obedece, generalmente, a una insuficiencia de claridad y de capacidad de comunicación por parte de aquellos que administran la cosa pública.

          VIII.- En los próximos meses los ciudadanos vamos a tener ocasión de acudir a las urnas para votar en las elecciones municipales y, en ciertos casos, en las autonómicas. Será, sin duda, una buena ocasión- como siempre que los ciudadanos votan- no sólo de dirimir quien debe dirigir los consistorios y los parlamentos autonómicos sino también de exigir a los partidos y candidatos que se ocupen de los problemas concretos de los vecinos. Somos conscientes de que esta crispación inducida ha podido tener un efecto de hartazgo en los ciudadanos que los inclinen hacia la abstención. Nada sería más negativo en estos momentos. Los extremismos encuentran su espacio cuando la ciudadanía se abstiene y en esta ocasión cualquier inhibición no beneficiaría los avances sociales sino que propiciaría los retrocesos.      

            IX.- Nos gustaría apelar al buen sentido que las personas de nuestro país han demostrado siempre desde la recuperación de la democracia: que no nos dejemos arrastrar a la confrontación en base a la manipulación interesada; que evitemos dividirnos ante cuestiones en las que debemos mantenernos unidos como la paz, la libertad y la lucha contra el terrorismo; que defendamos el Estado de derecho, sus Instituciones y los avances civiles y sociales frente a los que pretenden hacernos retroceder en el tiempo.

"El corazón helado", la nueva novela de Almudena Grandes

“La transición fue un proceso muy conveniente para los vencedores”

Carmen Domingo - Club Cultura enero 2007

"¡Me ha encantado! ¡Se lee de un tirón!”, así, a bocajarro y sólo eso le he dicho a Almudena Grandes en cuanto la he visto. Podía haberle preguntado cómo estaba, qué tal le había ido por la Feria del Libro de Guadalajara –hace apenas un par de días que ha vuelto de allí-, o incluso empezar saludando. Pero a veces los lectores tenemos la urgencia de decir lo que nos ha parecido una novela y ese era el caso; comentar la lectura de El corazón helado ha podido con formulismos de todo tipo. Se ha reído. “Pasa, pasa y ahora me cuentas. Pero… ¿cuánto has tardado en leerla?”

La pregunta no es casual. Almudena ha escrito casi mil páginas de una novela –o dos, o tres, o cuatro… “no es sólo una, son varias”, apunta- a lo largo y ancho de cuyas páginas transcurre la vida de dos familias –los Carrión y los Fernández-. Mil páginas narradas desde el estricto presente en las que vemos una veintena de personajes nos acompañan a lo largo de casi todo el siglo XX. Un hoy, el del 2005, desde el que nos hablan los nietos de esas dos familias, de vencedores y vencidos, cuyos abuelos nacen como personajes a nuestros ojos lectores durante la Segunda República Española; viven la guerra civil; sufren la posguerra –“de los ganadores y los perdedores”- y se ven involucrados en la transición. Y ahí se instala la ficción y permanece, en el después de una transición, el ahora, que acaba siendo el gran tema de la novela y que se apodera de todo.

“La transición ha sido un fenómeno que fracasó porque no ha sido útil para las generaciones sucesivas. No ha sido capaz de imponerse como una realidad estable en el espíritu de la sociedad española. Por eso la generación de los nietos, que es la primera que no ha tenido miedo, ha sido –hemos- la primera que se ha atrevido a hacer preguntas, no tanto por liquidar cuentas con el pasado, como por liquidar cuentas con el futuro”, asegura. Pero, entonces, ¿en realidad para quién ha servido la transición si todavía existen cuentas que saldar? “Pues para la generación que la hizo”, dice Almudena sin dudarlo. “Todo lo que pasa en el presente, lo que nos pasa, tiene que ver con la transición que hicieron nuestros padres. Que en el fondo fue muy provechosa para los que cortaban el bacalao y lo siguieron cortando, para los vencedores de la guerra y para sus descendientes, la clase poderosa. Pero en general fue un proceso conveniente para una generación entera, que era la generación del miedo y la generación del secreto.” Y esa generación del “secreto” en la novela no tiene un solo perfil ideológico, sino que recurre a un mecanismo poco frecuente y que hace que El corazón helado se distinga de otras narraciones que se sitúan dentro de las novelas en las que se trata la memoria porque incluye la visión de los nietos desde los dos bandos, porque todos heredaron el silencio: “Tanto los que ganaron la guerra como los que la perdieron”, concluye.

Una novela en la que, con el trasfondo obligado de la Guerra y sus consecuencias, vemos la doble evolución de los vencedores y los vencidos. Unos personajes que se pasean por la Segunda República, la Guerra Civil, la posguerra… momentos históricos que acaban por enganchar y no puedes alejarte de ellos. “Empecé a escribir esta novela por una cuestión de necesidad personal de escribir lo que pensaba, de dar mi opinión en un tema como éste. Cuando hace más de cuatro años empecé a leer ensayos históricos y memorias –dice Almudena- lo hice para ambientarme de cara a lo que sería El corazón helado y me enganché. Y ahora, aunque no necesito ya ambientarme, sigo enganchada. Pero no sólo a los momentos históricos clave, sino a aquellos que vivieron personajes que pueden parecer más secundarios. Mientras escribía la novela me aparecieron un montón de historias que no podía incluir en una trama que estaba cerrada desde el principio, pero que tengo ahí, guardadas para escribir sobre ellas: la guerrilla, la represión, la importancia que tuvo para las mujeres su participación en la Segunda República… No se pueden cerrar todas las historias, ni siquiera en una novela como ésta, hay personajes que inevitablemente se pierden y que los haré reaparecer en una serie de novelas cortas.
 
Almudena se enciende un cigarrillo mientras yo –que acabo de apagarlo- pienso en todos esos personajes –reales algunos y ficticios los más- que nos acompañan en El corazón helado: Besteiro, Largo Caballero, Casado y su imperdonable deslealtad y traición para con la República…, pero también Raquel, Álvaro, Angélica, Clara, Julio, Paloma, Teresa… “dirán que doy la versión de la Guerra del Partido Comunista, pero es que hago hincapié en algunas cosas que contradicen la versión oficial del golpe de Casado. O esa especie de miedo que ha habido a hablar mal de los aliados, que fueron los grandes culpables de lo que ocurrió aquí”. Y tiene razón, porque en España, como dice uno de los personajes de la novela, “para vivir aquí hay cosas que es mejor no saber”, y aunque sin duda le harán un juicio literario, porque forma parte de las reglas del juego tras la publicación de una novela, también se lo harán político. “Espero más ecuanimidad del literario y menos subjetividad que al juicio político que se le hará al libro. Aunque estoy acostumbrada a defenderme sola.”

Y esa franqueza desde la que habla hace que te des cuenta de que no es persona de medias tintas y entiendes de inmediato la evolución como narradora que han ido destilando a lo largo de sus novelas. “No escribo igual que antes, naturalmente, ni tampoco me mueven las mismas cosas. He madurado como persona y también como escritora. Madurar como escritor es ir encontrado estructuras, formatos, temas que permitan que tus virtudes brillen y que tus limitaciones no se noten –confiesa-. Ir encontrando vehículos favorables que te permitan decir lo que quieres. Mis cuatro primeras novelas son un ciclo de literatura testimonial que tenía que ver con mi generación y sus conflictos, y ahora he abierto más el diafragma y quiero profundizar en otros temas.” Puestas las cosas sobre la mesa, parece que Almudena puede pasar de ser la escritora de novela erótica que fue con Las edades de Lulú; la escritora femenina de Malena es un nombre de tango, la escritora decimonónica de Los aires difíciles a ser la autora republicana, política, roja… con El corazón helado. ¿Te van a tachar de guerracivilista? “Eso me da igual, si sobreviví a los comentarios tras Las edades de Lulú con 28 años…”

            Sin embargo estando como estamos en época de recuperaciones históricas, y a pesar de su marcado perfil político, Almudena se aleja de la reivindicación panfletaria desde el principio. “No iba a contar lo que había pasado, ni quienes eran los malos, que ya se sabe que los fascistas eran los malos. Me interesaba más cómo se reconstruía sentimentalmente lo que había pasado en las personas. La ideología lo impregna todo, lo significa todo, incluso para gente que dice que no tiene ideología, por eso lo interesante es contar sus sentimientos. Cómo se sienten  y cómo actúan los personajes inmersos en esa vida que les ha tocado vivir.”

Pero junto a lo sentimental hay un tema más literario que es la indecencia que reinaba en este país. “La indecencia absoluta de aquella represión tan feroz que hizo incluso que nos olvidáramos de algo que se le ha acabado hurtando a la memoria colectiva, y es que España fue el único país que se resistió al fascismo”. Casilda nos lo dice desde la novela “Vosotros no podéis entenderlo, nadie lo creería al vernos ahora, pero aquí hicimos algo grande, algo muy grande, de verdad”. Una resistencia heroica contra el fascismo que deja desde el bando franquista un sin número de episodios vergonzosos en nuestra historia reciente. Una historia que supera en muchos casos la ficción. Y esa verdad, para que los lectores no tengan –si fuera el caso- ni un amago de duda, es la misma Almudena la que nos la aclara en los agradecimientos finales donde ya advierte que los episodios más novelescos de la novela, los más incomprensibles, los más inverosímiles, son precisamente los que ocurrieron de verdad, por desgracia en España hubo un tiempo en el que el arte no llega ni a imitar la realidad. “Los hechos más brutales, los más dramáticos, los más singulares… para nuestra desgracia son reales y están ahí  Me daba mucha rabia que pudieran decir que me había inventado hechos que existieron y por eso lo aclaro. ¿Cómo se puede concebir Arucas? Yo estuve allí. ¿Cómo le cabe alguien en la cabeza… que se coja a setenta y tantos hombres se les tire a un pozo, vivos, no se les conceda ni la gracia del tiro en la nuca, y se les deje para que se mueran durante una semana enterrados y poner sólo cal viva encima del primero para que no puedan salir? Es inverosímil por completo.”

Y después de todo eso, ¿España sigue siendo un país de derechas? “No estoy tan segura de que España siga siendo un país de derechas. España es un país de derecha monolítica, y movilizada. Y España es un país de izquierda donde a menudo la izquierda es incomprensible, voluble e irresponsable. Desde la izquierda tenemos una tentación fortísima hacia el desgarro. Y siempre sale el que se enfada y que dice yo también quiero chupar cámara... La izquierda y la derecha se comportan de una forma distinta y probablemente también es herencia de esa época.”

¿Una novela es un vehículo tan bueno como cualquier otro para reflexionar sobre la realidad? “No es menos importante, ni menos certero”, asegura. De hecho, los novelistas del diecinueve que fueron los que empezaron a contar la historia de sus propios países fueron los grandes maestros del pensamiento de los ciudadanos de su época. Hoy no se puede concebir el pensamiento europeo sin las novelas de Galdós, de Flaubert o de Tolstoi. Por eso los hijos de Julio Carrión, cada uno de ellos, son un muestrario de las distintas actitudes de la sociedad española contemporánea. El que le trae sin cuidado el pasado –Julio-; la que no quiere sabe porque no quiere buscarse problemas –Clara-; la que tiene el conflicto de creer una cosa distinta de la que saber –Angélica-, el facha contemporáneo –Rafa- y el que se pregunta y quiere saber –Álvaro-. “No pretendo situarme por encima de la realidad, ni pretendo salir indemne de este reto. Ni de este fango sin mancharme. Pero creo que la conciencia colectiva española no tiene registrado que la Segunda República y la Guerra Civil española fueron grandes momentos históricos y al escribir ya sabía que una novela como esta tenía unos riegos y los asumo. Por eso soy solidaria con el punto de vista de  todos mis personajes; aunque quizás sí que me gustaría que la evolución de Álvaro en la novela haga que muchos de los que piensan que de qué sirve reabrir heridas vean por qué se hacen esas cosas.”

De hecho, el último capítulo de la novela tiene cierto valor universal en todo el tema de la recuperación de la memoria o de lo que significa la memoria, porque  es donde se ve que hay una dinámica generacional muy clara. “Cuando Álvaro dice que su gran error había sido darse cuenta de que su madre no iba a sufrir como él había sufrido eso tiene un cierto valor universal. Era una generación que tenía una sensibilidad muy particular, muy embotada. Unos porque habían perdido la guerra y otros porque probablemente habrían preferido ganarla limpiamente.”

Por eso Álvaro y Raquel –los dos protagonistas- nos dejan ver cómo en este momento la sociedad española en muchos sentidos es mucho más madura, más igualitaria, tiene un nivel de vida mucho más alto y mayor nivel cultural y eso mismo hace que se eliminen todas las tentaciones revolucionarias, aunque la herencia de la dictadura siga pesando mucho. “Es cierto que cuarenta años de dictadura no se pasan alegremente, como si nada, pero no lo es menos que la indecencia que vivimos ahora no se puede ni comparar a la que se vivió en la época de la guerra civil. Aunque se hayan creado unas estructuras de poder que inevitablemente han calado pero que no podemos dejar que se mantengan.”

Y ese resistirse a creer a pies juntillas todo lo que nos contaron. Ese comprobar en primera persona lo que pasó, esa franqueza al hablar de virtudes y  limitaciones propias, parte del éxito de una novelista que –basta con hacer un repaso a las listas de ventas- ha escalado todos los peldaños hasta colocarse en la más vendida, “a fuerza de constancia”. Y eso a pesar de que, “publicar un libro sin premio, en una editorial independiente, conlleva mucho trabajo, pero siento que defraudaría a mis lectores si aceptara alguno y no tengo ninguna intención”. ¿Hubo un tiempo en que los premios daban dinero y prestigio y ahora dan dinero y desprestigio? “Quizás estaría bien hablar en más de un caso de operaciones de marketing, así seríamos mucho más honestos con los lectores. En mi caso me siento una escritora privilegiada, porque tengo unos lectores que me lo consienten todo y que son mi libertad.” Y es cierto, porque ellos serán quienes, a partir de febrero, se acerquen a una librería a comprar El corazón helado y permitan que Almudena retome en unos meses en forma de novelas cortas las historias de todos esos personajes –Paloma, Casilda, Teresa…- a los que sólo hemos visto despuntar.

La salud de Castro

No voy a volver a decir lo que opino de las preguntas acerca de la salud de Castro, ni lo harta que estoy de las tergiversaciones que corren por estos lares. Una y mil veces lo he comentado. Os copio un artículo que no puede explicar más claro todo lo que se ha publicado acerca de la visita del médico español a La Habana.

"La noticia apareció en los medios de todo el mundo hace dos días y, de inmediato, los carroñeros españoles de la derecha rancia y de la desinformación se lanzaron sobre ella para distorsionarla y convertirla en un arma contra Cuba. Sin embargo, el contenido de la noticia original era claro y límpido como las aguas de Varadero: a petición de los médicos cubanos que se ocupan de la convalecencia de Fidel Castro, el Dr. José Luis García Sabrido, jefe del servicio de cirugía general del hospital Gregorio Marañón de Madrid, se desplazó a La Habana en un viaje relámpago de ida y vuelta para darles su opinión profesional sobre el estado clínico del paciente.

Fue sólo eso, una consulta más como se hacen miles a diario entre facultativos en los hospitales de cualquier país, sin que ello signifique ni que los médicos que las piden sean unos matasanos ni que los médicos solicitados para dar su opinión estén científicamente por encima de los primeros.

Dicen que la ignorancia es atrevida y es verdad, pero cuando se trata de Cuba la ignorancia se multiplica hasta el infinito a causa de la mala fe.

¿Qué hizo García Sabrido en la perla de las Antillas? Pues lo que cualquier médico hace cuando un colega lo llama a consulta: tras estudiar todos los datos de la historia clínica (informes de cirugía, de anatomopatología, de radiología y de análisis clínicos, así como la hoja de evolución) y tras proceder al examen físico del comandante, emitió la opinión, coincidente con la de sus colegas cubanos, de que considera que el proceso que sufre el enfermo es de carácter benigno y, por ello, resulta factible que vuelva a ejercer el poder en fechas próximas si se recupera del todo. En total, la consulta duró 90 minutos. Luego, regresó a Madrid.

¿Cuál ha sido el comentario ambiguo de algunos medios ibéricos de desinformación masiva al glosar por su cuenta la noticia y qué han añadido de palabra ciertos políticos de la derecha española? Pues, entre otras sandeces, que tras haber pasado años presumiendo de la medicina cubana, Fidel Castro ha tenido que acudir a un médico español para que lo trate. Esperanza Aguirre, que ejerce la presidencia de la Comunidad de Madrid, lamentó ante las cámaras el hecho de que la embajada de Cuba pidiera ayuda a la Sanidad madrileña para "el dictador" y, acto seguido, se preguntó piadosamente qué tipo de cuidados médicos recibe el resto de los ciudadanos de la isla, habida cuenta de que el primer mandatario se ve obligado de llamar a nuestra puerta a la primera ocasión.

Dan ganas de vomitar ante tamaña estupidez. En primer lugar, el comandante ha estado desde el principio de su dolencia bajo los cuidados exclusivos de médicos cubanos y lo único que ha hecho el Dr. García Sabrido es desplazarse a Cuba como consultor con un permiso especial de la dirección del hospital donde trabaja. Lo habitual es que dicho permiso (en este caso a lo sumo de dos o tres días) sea un adelanto de las vacaciones anuales, lo cual quiere decir que el médico español no le ha robado ningún tiempo de ejercicio profesional a la Sanidad pública madrileña ni ésta ha tenido nada que ver institucionalmente con el caso, que fue un servicio rendido por el cirujano a título personal y voluntario. En segundo lugar, el desplazamiento y cualquier gasto adicional corrieron a cargo de la Embajada de Cuba en España, no del presupuesto de la Comunidad de Madrid y, en tercero, como ya se ha dicho más arriba, el jefe de servicio sólo fue a “dar su opinión” profesional, no a tratar a Fidel Castro.

Por desgracia, muchos ciudadanos de España, eternamente mantenidos por los medios burgueses en la ignorancia más supina sobre la realidad política y económica del acontecer global, se han creído los comentarios subliminales que éstos les cuentan en relación con el viaje de García Sabrido y ya he escuchado en la calle ironías y críticas sarcásticas que pretenden rebajar la excelencia de los médicos cubanos, quienes en realidad no sólo se encuentran entre los mejor formados del mundo, sino que son además -sin lugar a dudas- los más solidarios de la historia de la Humanidad, pues gracias a la Revolución hace ya cuarenta y seis años que dejaron de considerarse como una casta privilegiada."

Mauel Talens http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43892

Sí, vale, Pinochet se ha muerto, ¿y ahora?

Parece que en Chile ese refrán tan español de "muerto el perro se acabó la rabia" no acaba de ser cierto -como tampoco es cierto aquí, dicho sea de paso-. Hoy he estado viendo parte de los funerales oficiados al dictador chileno y no sólo los brazos fascistas en alto ponían los pelos de punta, sino también los abucheos que se iban escuchando contra el gobierno de Bachelet que no debe tenerlas todas consigo.

De hecho, el funeral parecía más bien una manifestación de apoyo a la dictadura -torturas, asesinatos, violaciones de derechos humanos... y se murió en la cama a los 91 años, nada mal- que de duelo de un muerto. Difícil, pero desde mi punto de vista loable, la aparición que ha tenido que hacer la Ministra de Defensa chilena Vivianne Blanlot. Que ha tenido que aparecer rodeada por los comandantes en jefe del Ejército, La Armada, la Aviación y el director de Carabineros. Sorprende que todavía hoy Pinochet  pueda ser enterrado con el uniforme de gala del ejército, con una bandera chilena que tricionó a los 19 días de recibir su nombramiento, y con discursos de curas y militares justificando el golpe de estado. Sorprende pero así son las cosas. 

Y mientras desde España, que oficialmente como era lógico, no hemos enviado a nadie, Manuel Fraga no ha podido resistir la tentación de decir la enésima barrabasada -lo que pesa el pasado-: "Mire usted, Pinochet se ha muerto. Paz a los muertos. Había un régimen de un señor, Allende, que con todos mis respetos murió en medio de todo esto, que había dejado el país en el caos total. Intervino un militar, ya se supone que siempre tiene aspectos violentos. Lo que no hay duda es que todavía tiene unos partidarios Pinochet. Podía haber cometido algunos excesos pero, en principio, dejaba un país mejor de lo que se lo había encontrado". Diga usted que sí, don Manuel, y viva España, por si acaso.

 

En fin...

Y lo peor es que sí, como dice Benedetti, "la muerte le ha ganado la batalla a la dictadura", de hecho, mi padre y yo hemos intentado hacer memoria este mediodía de cuántos dictadores habían recibido una muerte justa -y no se entienda con esto que yo está haciendo apología del asesinato, pero sí de queja a las faltas de juicios-  y sólo se nos ha venido a la memoria la de Mussollini. Los demás en su mayoría de viejos, gozando de privilegios no imaginables, rodeados de sus seres queridos a quienes dejan las espaldas bien cubiertas y sin amago de arrepentimento. Se me ocurre que, como todos ellos creen en dios, la justicia divina se encargará de castigar sus crímenes, el problema -para los que no creemos en este tipo de justicias divinas- es que todos aquellos asesinados, toturados... todos aquellos que sufrieron su yugo, los que más han tenido siempre que perder, esos, ni siquiera tendrán la tranquilidad de un veredicto de culpabilidad por violar derechos humanos.

Llegan días de cine español: Goya no pinta ni fantasmas

Ya volvemos, bueno, mejor, vuelvo, a eso, a ver películas españolas antes de los Goya. Y volvemos, vuelvo, de nuevo a entrar en la "depresión" post visionado. Qué le vamos a hacer.

El otro día fui al estreno de "El camino de los ingleses", basada en una novela de Antonio Soler -Premio Nadal de hace un par de años- y dirigida por Antonio Banderas. Aprovecharon justo para que entrara la peli en la lista de las posibles nominadas con este estreno en diciembre, y lo hará casi de puntillas, en los Goya -alguna nominación caerá por la interpretación, poco más-. Ayer vi "Los Fantasmas de Goya", rodada en inglés, dirigida por Millos Forman, con guión suyo -y de alguien más- y -¡oh sorpresa!-  la vi en castellano. Qué cosas ¿no? Resulta -me enteré ayer mismo- que las ediciones que envían a los miembros de la academia se envían siempre en versión española -honrosas excepciones a parte, porque "La vida secreta de las palabras" pudo enviarse en inglés, después de algún conflictillo, subtitulada-. Casi prefiero no saber a qué obedece esta "sabia" decisión, porque miedo me da conocer los argumentos. Pero bien está. "España y yo somo así señora", que diría Marquina.

A lo que íbamos, a "Los fantasmas de Goya". Leo que Millos Forman en una entrevista ha dicho "filmo lo que quiero", y sí, es más cierto que nada. Lo que quiere, lo que le da la gana, pero también escribe lo que le da la gana en sus guiones, aunque no lo diga. Así, un Goya más preocupado por salvar a una chica que por que su pintura sea la del genio que fue. Luego... la Inquisición, la Revolución francesa, la Corte española, los horrores de la guerra, lo goyesco... pero junto, revuelto, sin orden ni concierto, como acompañamiento a una historia que no se hace creíble en ningún momento y que desordena los acontecimientos y no los hace creíbles. No es creíble, claro está, para los españoles, que me imagino yo que a los americanos -norteamericanos, se entiende- les parecerá de lo más creíble, verosímil y, sobre todo, ESPAÑOLA, muy española. ¡Dios, los tópicos de nuevo!

Y, junto a una historia en la que Goya no es protagonista, aunque pudiera parecerlo, ni su pintura, ni su creación, nos sorprende Millos Forman con otro protgonista el inquisidor Lorenzo Casamares, sádico, ambicioso y... y... ¿homosexual?, no sé, pero el personaje que interpreta Javier Bardem parece en más de una y de dos ocasiones homosexual. ¿Quizás debido a un pésimo autodoblaje? quizás. Un inquisidor que huye -se escapa más bien, después de dejar embarazada a su pareja protagonista Natalie Portman- de su propia inquisición, para volver como librepensador defensor de las ideas de la Revolución Francesa, en un cambio ideológico que no se lo cree nadie.

En fin, una película sobre Goya en la que Goya no pinta nada y además hace de... ¿bufón de la Corte/película?, con un Milos Forman -¿Dónde está el director de "Alguien voló sobre el nido del cuco?- que hace del tópico historia de España = inquisición un peli de lo más prescindible.

Casi una semana en Madrid y de vuelta investidura

Os diría que no he tenido tiempo ni de consultar el correo en estos días y ha sido cierto. Fui a Madrid la semana pasada para dar una conferencia en Rivas Vacíamadrid y volví ayer y entre la ida y la vuelta, además de la charla: biblioteca nacional, librerías a cientos, comidas, cenas y cervezas con amigos y, a ratos, lectura del original que he entregado hace nada a Lumen. Vamos, un no parar ni de hacer, ni de pensar, ni de hablar, claro. Conclusión: me lo he pasado mucho mejor que otras veces. Y, para lectores empedernidos: la nueva novela de Almudena Grandes (que tengo delante) "El corazón helado" tiene 998 páginas, tan buena pinta como tamaño y sólo una pega... sale en febrero.

Y aquí qué ha pasado. Pues lo de siempre. Post elecciones y pre investidura, se mantienen los políticos enla prensa con entrevistas de lo más variopintas. He leído una, a Carod, quien, haciendo gala de la cultura que le caracteriza, afirma: "Catalunya puede tener un presidente andaluz pero España no uno catalán" Y yo, claro, como que ya ni sé de dónde eran Pi y Margall, Prim o Estanislao Figueras, pero vamos que seguro que se me escapan al menos tres. ¡Madre mía!, esos asesores del futuro vicepresident, y, peor aún, ¡esos periodistas que saben menos, bastante menos que el entrevistado! O sea, que las cosas han cambiado poco.

Hoy, además, discurso de investidura del presidenciable Montilla. Que acaba de la sigueinte manaera: "Sóc discret però transparent. No crido, però sé dirigir. No gesticulo, però sabré gestionar. No faig rialles, certament, però sóc feliç de poder servir el meu país. Sóc reservat, sí; però estic segur, convençut i decidit a fer honor a la trajectòria moral i política del fil roig del catalanisme polític i dels compromisos cívics que van marcar Macià, Companys, Irla, Tarradellas, Pujol, Maragall. Són per a mi els meus mestres i referents. Respecto i admiro l’experiència i la història però no visc condicionat pel passat." A buen entendedor... sólo la falta un buen logopeda.

Bono no descansa

Parecía que lo habían arrinconado, que no iba a hablar más de catalanes ni vascos, que le iban a dar clases de democracia, tolerancia, historia... bueno, que lo tendrían en Toledo, Madrid o donde fuese a un lado aprendiendo o al menos sin dejarle aparecer en los medios para no seguir con sus arrengas fascistoides. Pues no, ni por esas, el PSOE no puede con los amigos del PP que tiene dentro del partido y Pepe Bono ni se resiste a su minuto de fama en las televisiones, ni debe tener edad ni capacidad para reeducarse.

Este jueves, después de repartir el día anterior contra los nacionalistas catalanes -y aquí entramos todos los bilingües que por defecto queremos romper España, la grande y libre de su padre, se entiende-, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, o lo que es lo mismo, que presentaba un libro de un guardia civil ¿poeta?, ha hablado de José Ignacio de Juana Chaos. 

Juana Chaos ha retomado la huelga de hambre que mantuvo recientemente y los periodistas, que saben perfectamente a quien entrevistan, le han preguntado sobre el proceso de paz -¿proceso de paz?, se habrá preguntado el ex ministro de defensa mientras añora los tiempos en que era ministro y paseaban los ex divisionarios junto a las fuerzas armadas el "día de la raza" -, y sobre la huelga de hambre: "ahora que amenaza con matarse en huelga de hambre, la pena es que no lo hubiese hecho antes de matar a 25 inocentes". Diga usted que sí, que sí, vamos, que eso de la reinserción no acaba de ser plato de su gusto en según qué casos; aunque no se nos vaya a ocurrir aplicar ese mismo criterio a todos, ¿no? 

Y como si fueran amigos, va Aznar y también hace declaraciones al hilo de Bono. Y afirma que "uno de los grandes errores" del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero es "negociar con los terroristas" de ETA, porque, ha dicho, en el año 2004, cuando el PP aún gobernaba, éstos "estaban casi liquidados". ¿Ahg? ¿Liquidados? ¿Se referirá a que estaban a punto de entrar a matar?... Él sigue, claro, y añade que a diferencia de la situación actual, "nosotros jamás hablamos con ellos; al contrario los rechazamos. La banda terrorista declaró entonces una tregua multilateral. Ahora la tregua ha sido negociada. ¿A cambio de qué? no sé. Ahora vuelven al chantaje y sólo dicen cumpla usted con lo que se ha comprometido". No voy a entrar a copiar todas y cada una de las conversaciones que salieron transcritas en los medios de comunicación sobre las negociaciones -frustradas- del PP porque sería demasiado farragoso, pero las tengo todas localizadas y las he leído, de momento me consuelo con pensar que menos mal que a uno lo tenemos de ex ministro en casa, porque sino la mujer lo dejaba plantado, y al otro de ruta. Dos de este calibre con poder son capaces de estropear no ya las negociaciones presentes, sino las que todavía están por llegar.

Pero Aznar no quiere ser menos, y, como su amigo Mas, se inventa una palabra nueva para aplicar en este caso a Latinoamérica que es donde está de ruta y se permite juzgar su apuesta política y, lo que es peor, desautorizar los resultados electorales de esos países: “Hay un eje castrochavista dedicado a desestabilizar a muchos países. No sé si alcance ahora a Nicaragua". Ay, si es que es un no descansar. porque claro, resulta que el populismo que apuesta por repartir es insano y, sobre todo, perjudicial -para los que tienen más, se entiende, y eso de repartir no está en sus deseos para el nuevo año-. Claro que, me pregunto yo... ¿eso de ir a las asociaciones de víctimas del terrorismo con consignas de no conciliación, a las universidades ultra conservadoras norteamericanas a hablar de la guerra de Irak y de lo malo que es Sadam, o de inventarse atentados de ETA el día antes de las elecciones ? Eso... ¿qué es? ¿Populismo de la peor ralea? Sí, será eso.

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"Dios salve a la reina" y a los autores de autoayuda que hacen refritos

Hacía días que no iba al cine y al final hoy -llamada de una amiga mediante- me he ido a ver una de las películas que más me apetecía: "The Queen". Y tenía ganas de verla tanto por el tema, como por al director y, sobre todo, sobre todo, por la actriz protagonista: Helen Mirren. Pues bien, la película no está mal, aunque si alguien busca alguna crítica a la familia real británica no es la película apropiada. Lo mejor, la actuación de Helle Mirren -que espero de verdad que le den un Oscar- porque sin ella la película caería en picado hacia el olvido cinéfilo. Desde la primera secuencia, en la que la Reina Hellen nos lanza una mirada aguantando un primer plano muy real ya sabes que la película será ella. Luego, los otros actores la verdad es que también son bastante creíbles y los diálogos no parecen obra un excelente guionista, sino, y yo soy tendente a la credulidad, transcripciones directas de la prensa británica a la familia real británica. Hasta tal punto que te crees que el "consorte real" vea la muerte de Diana como algo que hace para darle aún más problemas a la familia; que Isabel II ponga siempre como excusa para no aparecer en público el cuidado de sus nietos, cuando no está con ellos ni cinco minutos, te crees -el colmo de los colmos- que Tony Blair friega los platos en casa y hasta que la Reina Madre bromeara sobre su propia muerte ensayada con antelación.

Te crees cosas, en el cine, con los libros, que a lo mejor no son reales, como te crees que los autores de libros son siempre autores que crean y firman con su nombre y lo normal es que no se te pase por la cabeza que vivan del refrito. Y eso es precisamente lo que se hace en más ocasiones de las que nos imaginamos muchos autores de libros rápidos, o de libros de autoayuda. Acabo de leerme un libro -tan corto como sustancioso, me lo leí ayer por la tarde de un tirón- "L'autoajuda al descobert"  en el que su autor, Frances Miralles, nos cuenta cómo entró y salió del mundo de los libros de autoajuda y cómo se "fabrica" un producto de librería a medida. Parece hasta mentira dicho así, pero en la era del neoliberalismo todo es producto -da igual que sea bueno o malo- y tiene que vender y no es muy frecuente encontrarte un texto en el que te explican cómo funciona este mundo por dento.

¿Lo más curioso del libro? Francesc, confiesa, nunca soñó con ser escritor -al contrario de otros muchos que siempre presumen en las entrevistas de que desde niños escribían y soñaban con ser escritores- y en cambio ahora está en este mundo y no sólo le encanta, sino que lo hace bien -al contrario de muchos que... me muerdo la lengua que luego dicen que hablo de más-. ¿Lo mejor? Me apuesto lo que queráis a que el año que viene una novela que Francesc está escribiendo ahora estará en la lista de ficción de los más vendidos. Se abren apuestas.

 

Los premios del Tren y otros premios

Debe ser que, al ser sábado, me fijo en noticias distintas de las que leería otros días y hoy las dos primeras noticias que he leído se refieren a Premios literarios. La primera es del III Premio Dulce Chacón, que se lo han dado a Ignacio Martínez de Pisón por su obra "Enterrar a los Muertos". El libro lleva casi un año en las librerías y yo me lo leí en su momento y me gustó -aunque no compartí su posición-. A mí, la verdad, me gusta lo que dice, como dice Ignacio las cosas -aunque no siempre coincida en su enfoque, pero eso ya es harina de otro costal y ya lo he hablado con él-. Así que me alegro que un libro de ese estilo siga en boca de unos cuantos,  ahora a esperar a que acabe su próxima novela que la lleva bastante adelantada y es la faceta de Ignacio que a mí me gusta más.

El otro galardón que he leído hoy ha sido el fallo de los Premios Tren 2006. Estos tienen distintas modalidades -cuentos, poesía...-, en este caso la modalidad de cuentos ha recaído en uno de Fernando León de Aranoa. Me ha sorprendido ver a Aranoa figurar en un premio literario y en seguida he caído en la cuenta de que tengo muy mala memoria porque en agosto -no sé cuándo se cierra la posibilidad de envío de originales, pero sí que lo que os cuento fue agosto- uno de los jurados de este año ya me dijo que se lo daban a Fernando León de Aranoa. ¡Qué cosas!, ¿no? Un premiado que sabe de antemano quién será el premio de ese año quizás también de antemano sabía el suyo... imagino, cosas de libros, y de poesía, porque ese fue el premio que le dieron el año pasado. Paciencia, a los que se presenten a premios, digo, que seguro que hay muchos, muchísmos que se dan a la calidad literaria.

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